Archivo diario: 23 marzo, 2013

El milagro de la atención

¿Podemos dejar de lado todas las ideas, conceptos y teorías y averiguar por nosotros mismos si existe algo sagrado, una realidad que nunca puede ser destruida, una verdad que es perdurable.?

Para descubrir eso, toda clase de autoridad, especialmente la espiritual, debe ser totalmente descartada, porque supone conformismo y obediencia. Una mente debe ser capaz de mantenerse sola, de ser su propia luz.- El propio Yo, el cual, es la luz Universal, inmutable e irrenunciable, transmutada en la singularidad.

Hay una nueva apertura, en la comprensión, que todos y cada uno podemos activar. Ésto tan vital, puede ser experimentado de muy diferentes maneras.

buda

Para averiguar si existe algo que no sea proyectado por el pensamiento, que no sea una ilusión, un invento, un mito, debemos preguntarnos,
si el pensamiento puede ser controlado, mantenido en suspenso, transformado, de manera que la mente esté completamente serena, transparente. Control implica el controlador y lo controlado, ¿Quién es el controlador? ¿No es éste también creado por el pensamiento, uno de sus fragmentos que ha asumido la autoridad del controlador.? Si usted comprende ésto, entonces el controlador, el experimentador es lo experimentado, el pensador es el pensamiento. No son entes separados. Si lo asimilamos, entonces no hay ninguna necesidad de controlar; surge lo que es distinto. Vd., experimenta los valores de el bautismo.

Cuando hay división entre el controlador y lo controlado, hay conflicto y desperdicio de energía. Cuando el controlador es lo controlado, no hay desgaste de energía. entonces tiene lugar la acumulación de toda esa energía que había sido disipada en la represión, en la resistencia producida por la división entre el controlador y lo controlado. Podemos comprender claramente, que en la meditación no hay ningún control ni sometimiento del pensamiento a una especie de disciplina, porque el que disciplina y controla es un fragmento de lo auténtico, lo cual, permanece inédito.

La mente, que está parloteando, siempre en movimiento, la cual, es el pensamiento continuamente mirando hacia atrás, recordando, acumulando conocimiento, cambiando constantemente, ¿puede estar completamente quieta?. El pensamiento es tiempo y el tiempo es movimiento, medida. En la vida diaria usted mide, compara, tanto en lo físico como en lo psicológico. ¿Puede dejar de comparar por completo en la vida de cada día.? Usted compara cuando escoge entre dos tejidos, dos automóviles o partes del conocimiento, pero en el plano psicológico, interior, nos comparamos con unos con otros. Cuando esa comparación cesa, como debe ser, entonces ¿podemos valernos completamente por nosotros mismos?

Esto es lo que está implícito cuando no hay ninguna comparación, cuando estamos dispuestos a ser integralmente auténticos, lo cual no significa que usted vegete, sino que la vida verdadera, nace, surge. De modo que, ¿puede usted vivir su vida diaria sin comparación.? Hágalo una vez y descubrirá lo que eso implica. Entonces usted se desprende de una enorme carga; y cuando descarga un peso innecesario, entonces capta y dispone de energía universal y libre: Ésto es lo que podemos llamar resucitar.

¿Le ha puesto alguna vez atención a algo de manera plena.? ¿Le está usted prestando atención a lo que dice quién se expresa…? ¿O escucha con una mente comparativa, que ha adquirido cierto conocimiento, y está cotejando lo que se dice con lo que ya sabe.?. Si presta completa atención con su cuerpo, sus nervios, sus ojos, sus oídos, su mente, con todo su ser, no hay centro desde el que esté atendiendo, solo hay atención. Esa atención es silencio, nitidez cognoscitiva y perceptiva.

En esa atención no hay límites, no hay fronteras y, por consiguiente, no hay dirección. Solo hay atención, y, cuando la hay, no existe ni el “usted” ni el “yo”, no hay dualidad, no hay observador y observado. Y esto no es posible cuando la mente se mueve en una dirección temporal, determinada.

Se nos educa y condiciona para que nos movamos siguiendo direcciones, de aquí hacia allá. Tenemos una idea, una creencia, un concepto o fórmula de que existe una realidad, una dicha, de que hay algo más allá del pensamiento, y fijamos eso como una meta, un ideal, un rumbo, y nos encaminamos en ése sentido. Cuando usted se concentra, se dirige o piensa en determinada dirección, no tiene espacio en la mente. No tiene espacio cuando su mente está atestada de apegos, de temores, de la búsqueda de placeres, del deseo de poder y posición. Cuando la mente está atiborrada, no dispone de ningún espacio. El espacio es necesario, y cuando hay atención no hay dirección, sino diafanidad, amplitud.

Las vidas de la mayoría de las personas son pobres y vacías. Aunque puedan poseer muchísimo conocimiento, sus vidas son míseras, contradictorias, infelices, sentimos como si nos faltase algo… Todo éso es la pobreza, y tomando conciencia de ello, impulsamos nuestras vidas, tratando de hacernos interiormente ricas, cultivando varias clases de virtudes y todo el resto de ese absurdo desatino. No es que no sea necesaria, pero la virtud es orden, y usted solo podrá comprender el orden cuando haya investigado el desorden dentro de sí mismo. El desorden es la contradicción, la confusión, los diversos deseos agresivos, el decir una cosa y hacer otra, el tener ideales preconcebidos, y la división entre los ideales y uno mismo. Todo eso es desorden, y cuando uno se da cuenta de él y le otorga toda su atención, de ésta surge el orden, el cual es virtud, algo vivo, auténtico, no algo fabricado, artificioso y afeado por la manipulación.

La meditación es la transformación de la mente, una revolución psicológica, de tal manera que en cada movimiento de nuestra vida diaria, haya compasión, amor y la energía que trasciende toda la mezquindad, cerrazón y superficialidad. Cuando la mente está verdaderamente callada, no acallada mediante el deseo y la voluntad , entonces existe una clase de movimiento totalmente distinto que no pertenece al tiempo.

flor de loto

Cuando en nuestra vida de cada día hay orden, recta conducta y una mente que es, completamente translúcida, entonces la mente verdadera, descubrirá por sí misma, si lo inconmensurable existe o no. Hasta que usted descubra eso, la vida será anodina y carente de sentido. La meditación es necesaria, en la misma compresión de nuestro vivir cotidiano. O sea, atender por completo, cuando habla con alguien, a su forma de andar y de pensar, a toda expresión del conjunto; préstele atención, y éso forma parte de la meditación, lo cual es percepción correcta.

La meditación no es una evasión. No es algo misterioso; de la meditación se desprende una vida que es santa, sagrada. Y, por consiguiente, usted trata todas las cosas como sagradas.

Extractos adaptados de: “El milagro de la atención” de Jiddu Krishnamurti

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