EL VUELO DE UN HAIKU,…. o la consciencia tratando de expresarse a sí misma.



SOBRE EL HAIKU -JOSÉ MANUEL MARTÍN PORTALES-
EPÍLOGO SEGUNDO DEL LIBRO “HAIKUS JAPONESES DE VUELO MÁGICO”

He sufrido una tensión insospechada ante estos textos. La evidencia de
alguna especie de origen traspasa esta escritura. Algo relacionado con la ingenuidad, con la inmediatez, con la absoluta ausencia de estrategia. Algo inocente.

Si el haiku se ha convertido en una gran tradición es porque permite expresar la complejidad de la conciencia. No su simplicidad, como podría pensarse. La carga de profundidad queda a salvo del paso del tiempo, y de toda manipulación, en la medida en que encuentra la sencillez.

Si no expresara esa complejidad no habría sobrevivido. Pero si no hubiese encontrado la protección de la sencillez hubiese destrozado la conciencia del que se expresa.
El haiku pone en evidencia que la sencillez protege al poeta, que sin ella hubiese quedado totalmente destrozado por la evidencia de lo Real. De igual manera, la sencillez de lo expresado protege al lector, que de otra manera quedaría gravemente conmocionado, y a pesar de ello no está del todo a salvo. Parece, acaso, que la sencillez actuase aquí como una didáctica de lo Real, tal vez lo mismo que la ternura suele actuar como una didáctica del amor,
permitiéndonos el acceso sutil y sosegado a un territorio donde reina la pasión, el vértigo y la muerte de aquel que éramos antes de entrar en él.

Alguna vez he escrito que el poema contiene lo que no puede ser dicho, y permanece sin ser dicho gracias al poema. La zona limítrofe de esa perplejidad, de esa contradicción radical, habita en el haiku.

Occidente, en general, tiene serias dificultades para entender que la complejidad de la conciencia se fundamenta en su capacidad para integrar el todo en cada parte, en su capacidad para verbalizar la hierofanía –que es la Totalidad que podemos soportar–, sin que esa verbalización atente contra su pureza. Porque toda hierofanía es una revelación que todavía no sabemos que lo es, que todavía no sabemos lo que significa. Borges llamaba a esto «experiencia estética». Y Occidente entiende el no saber como una estrategia del saber, no como un modo genuino de revelación. Quizá porque la hierofanía nos obliga a sospechar que la razón no es el horizonte de la conciencia. O que la racionalidad no es el camino del sentido.

Creemos, en Occidente, que la conciencia debe desentrañar el misterio de la vida y la naturaleza, pero no sospechamos que ese quehacer sólo podrá realizarse cuando la conciencia asuma que ella misma es naturaleza, que ella misma es el misterio que busca desentrañar. En el haiku la conciencia se enfrenta a sí misma en cada instante: la palabra ya no será algo que se dice sobre algo, sino aquello que se dice la naturaleza a sí misma a través del hombre. Porque el hombre no es otra cosa que la palabra que ha alcanzado el universo.
Seguramente, esa impresión primigenia a la que llamamos asombro, tan nítidamente expresada en estos haikus, muestre a las claras, con una desnudez insultante, que lo que llamamos «lo sagrado» es sencillamente algo que sucede dentro de lo Real, acaso el momento mismo en el que lo Real se hace Palabra. El hombre no es más que la verificación existencial
del acceso de la Realidad a la Palabra. No existe una Realidad y una palabra que la nombre.

La Palabra nace de la propia Realidad. La pregunta, entonces, es radical: ¿Por qué la Realidad deviene Palabra? No hay respuesta.
Basta la pregunta. Sólo cabe intuir que la Realidad deviene Palabra porque acaso lo Real es un proceso de identidad, un proceso de sentido, que encuentra en la palabra la posibilidad de no encerrarse en pura facticidad. Lo Real no es fáctico. O, dicho de otra forma, lo Real se escapa de la facticidad y su forma de salir de la facticidad es la Palabra. La Palabra, por tanto, intuimos, es la forma que tiene lo Real de manifestar su inconcebible apertura hacia el sentido.

Cuando la palabra cumple esta misión decimos que es palabra «poética». Por eso sería contradictorio sospechar que la palabra dice la Realidad a modo de clausurarla, a modo de definirla, a modo de encerrarla en algo que ya es como es. Al contrario, la Palabra (poética) dice que lo Real no es una cosa, algo que ya es, sino más bien que es algo en busca de sí mismo, en busca de un sentido. Un sentido que no adviene en el lenguaje sino más bien a través del lenguaje. Y lo genuino del haiku, en nuestra opinión, es que es un decir de los sentidos, no un decir de la razón. Un decir nacido de la percusión de los sentidos en la puerta de la conciencia. Como si
los sentidos nos permitiesen colocamos en el mismo orden de naturaleza de lo Real. Si la razón se aleja progresivamente de la naturaleza y su relación con la Realidad es puramente estratégica, los sentidos nos permiten la experiencia del origen permanente, que es el modo de ser de lo Real.
Lo Real siempre está en el origen, siempre se está originando. La percepción de esa evidencia corresponde a los sentidos, por eso sólo desde los sentidos la conciencia puede nombrar, puede verbalizar el origen. Un origen que no es algo sido, sino algo siendo. Y su decir es un decir inútil, no estratégico. Precisamente la inutilidad del decir poético lo salva de ser manipulado. Sólo la inocencia conoce el camino del sentido. La palabra que no resuelve el sentido es la palabra poética. El poema no «tiene» sentido, no encierra el sentido de lo Real, sino que lo abre, poniendo en evidencia, en última instancia, que la Palabra no es la última
«experiencia» que la Realidad tiene de sí misma.

Ese vacío que queda abierto a un más allá de la palabra es lo que queda sobrecogedoramente expresado en la auténtica poesía.

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7 comentarios

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7 Respuestas a “EL VUELO DE UN HAIKU,…. o la consciencia tratando de expresarse a sí misma.

  1. Desde hoy el rocío
    borrará tu nombre
    de mi sombrero.

    MATSUO BASHO

  2. cyranoferdinand

    Reproduzco (roverdos):

    “Occidente, en general, tiene serias dificultades para entender que la complejidad de la conciencia se fundamenta en su capacidad para integrar el todo en cada parte, en su capacidad para verbalizar la hierofanía –que es la Totalidad que podemos soportar–, sin que esa verbalización atente contra su pureza. Porque toda hierofanía es una revelación que todavía no sabemos que lo es, que todavía no sabemos lo que significa. Borges llamaba a esto «experiencia estética». Y Occidente entiende el no saber como una estrategia del saber, no como un modo genuino de revelación. Quizá porque la hierofanía nos obliga a sospechar que la razón no es el horizonte de la conciencia. O que la racionalidad no es el camino del sentido.”

    La racionalidad no es el camino del sentido. Es tan solo una descripción, un mapa, y por lo tanto una limitación. Como con los mapas ocurre que ANTES hay que haber estado en el territorio y que aquél no puede sustituir la experiencia de este.
    Tal vez la expresión de LOGOS podría sustituir a PALABRA o VERBO.
    Por otra parte lo que llamamos visión occidental o filosofía occidental NO es más que una pequeña parte -si bien ha resultado dominante- de las auténticas tradiciones occidentales: Además de Jesús están los gnósticos, los platónicos, los pitagóricos, los epicúreos y todos los que siguieron en lo que yo denomino “corriente espiritualista” -o mística occidental- que rebrota con fuerza a partir de finales de los 60 en su encuentro con su corriente oriental y la chamánica. Su esencia ES LA MISMA.(remito a mi comentario en el post anterior).
    No estoy más que introduciendo este matiz, que no corrigiendo -en aras a los que nos leen-.pero entiéndase que ciertas cosas hay que experimentarlas, no sirve de mucho conocerse el mapa de memoria, hay que vivir allí.

    • Eso creo Fernando, hay que vivir allí,… aunque de momento solo sea posible entre sospechosamente eternas fracciónes de segundo,… no obstante se podría distinguir que el aumento en la frecuencia de estos momemtos y su recuerdo, nos otorga progresivamente poder sobre el pensamiento,…

      con el fín de dirijirlo hacia un sentido infinitamente más profundo que el patético pantanal donde nos ha llevado nuestra maltratada razón occidental,… donde habitan los nonstruosos sueños que ella misma provoca,… y que todos eperamos que vayan dispersandose en la luz de una nueva, única y pura conciencia

      • cyranoferdinand

        Efectivamente, y creo que hacia eso vamos. Todo confluye hacia esa corriente.
        Es absolutamente cierto -así lo creo- que de eso se trata CONSCIENCIA.
        Pero, a veces tenemos que acompasar el paso, porque resultaría inútil que nos adelantemos demasiado. En este momento de la historia no son unos precursores -necesariamente incomprendidos- los que indican un destino distante, sino muchísimos -para que puedan serlo todos- los que están dando el salto a la consciencia las cosas son rápidas. El que vaya un poco por delante que espere y ayude al que le sigue, es lo que quiero decir.

  3. De Parsifal a Eminescu, Mircea Eliade, Op. cit., p.4.

    Incluso antes de que se haya obtenido una respuesta satisfactoria, una pregunta correctamente hecha regenera y fertiliza, y no solamente al ser humano sino al Cosmos entero”

    Op. cit., p.5.
    La solidaridad sobrepasaría todo el conjunto de la comunidad humana de la que formamos parte, para extenderse a la vida cósmica que nos circunda, sea animada o aparentemente inanimada

    En 1953, el autor de “Mito y realidad” se interrogaba: “¿Por qué estoy obligado a actuar así? Porque siento que tengo todavía muchas cosas que decir antes de poder decir lo esencial

    Sin dudas, esto es aplicable a Eliade. Su búsqueda fue incesante. Su pregunta no es sobre vanalidades, sino intenta alcanzar la Verdad Última; en términos islámicos, la Haqiqa

    Al querer preguntar correctamente Eliade presentía que podía modificar el universo. Como en la interpretación de sus queridos tratados alquímicos, para acceder a la comprensión de lo Verdadero hay una llave, una lave que permite penetrar el sentido profundo de nuestro devenir y lo que lo sobrepasa. Eliade lo sabía, y por tanto buscaba el secreto que permitiría abrir las puertas del palacio cerrado del Rey. Si lo logró o extravió en su camino, es algo que cada cual podrá juzgar. Pero hubo sinceridad en su búsqueda y eso es algo que nadie podrá desmentir.

    Tal vez la respuesta se halle en las palabras del
    mismo Eliade quien el 5
    septiembre de 1942 habría dicho:

    “En realidad, la tragedia de mi vida puede reducirse a la siguiente fórmula: soy un pagano, un perfecto pagano clásico que intenta cristianizarse. Para mí, los ritmos cósmicos, los símbolos, los signos, la magia y el erotismo existen más y de forma más inmediata que el problema de la redención. Pero he dedicado lo mejor de mí a este problema sin poder dar un solo paso adelante”

    Como Eminescu, Eliade buscaba algo que no halló en
    la simple fe. Posiblemente por ello el erudito de las religiones tenía la certeza que tras lo que él llamaba el “fin de la civilización occidental”, vendría una nueva época.
    El poeta Eminescu la cantó de tal forma que solo podemos suscribirnos a su anhelo profundo. Es más, sabemos que ella se hará realidad. Las tradiciones son unánimes al respecto:

    “Entonces, las edades doradas y finitas,
    Que hablan de los mitos azules volverán” .

    http://www.bajoloshielos.cl/19fritz.pdf