Esferas de Vida y Conciencia: Espíritu.

En libertad, escuchemos lo que algunos dicen respecto a éstos asuntos, verifiquemos las cosas. Veamos las cuestiones que son coincidentes o Universales, y las que no lo son, en éstas difíciles cuestiones. Rechacemos lo que consideremos o sepamos, que se trata de meros alucines, limitaciones, o inventos debidos a condicionamientos fenoménicos o ancestros que continúan manifestándose en la actualidad.

“Para aclarar esta respuesta hemos de distinguir exactamente entre “el yo perdido” (o “dormido”) y “el Yo despierto” que constituyen los dos modos de actuar del Yo del virya. De ellos sólo el Yo despierto es capaz de acceder gnósticamente al infinito de su propia esencia COMO CULMINACIÓN DE UNA ESTRATEGIA HIPERBÓREA. El otro, el Yo perdido, jamás se sabrá infinito porque se halla temporalizado, identificado con el sujeto consciente; primero debe liberarse, despertar del Engaño, antes de concebir siquiera la trascendencia espiritual, la mutación de virya en Siddha. Por eso la Sabiduría Hiperbórea califica a los viryas como “perdidos” o “despiertos”, atendiendo a la calidad de su Yo empírico.”

El Yo Infinito es INSUBSTANCIAL, síntesis polar del Espíritu. El símbolo del Origen, por otra parte, es SUBSTANCIAL como toda terminación psíquica: es un elemento sémico de substancia energética. Pero el Yo Infinito, al reflejarse en el Símbolo del Origen, genera el Yo del virya que puede ser substancial o insubstancial de acuerdo a su condición de “perdido” o “despierto”.

La clave genética de los Siddhas Traidores apunta a producir, en el pasú, un Yo lo más substancial posible, es decir, una hipóstasis del Yo infinito: de ese modo queda atenuada su infinitud. Se obtiene así un Yo perdido cuya total actividad puede ser aprovechada para impulsar la evolución del alma. El Yo perdido surge en el seno del sujeto consciente, confundido con éste, como una hipóstasis del Yo Infinito denominada PERSONA. Es decir: tras la personalidad del virya, en su persona, alienta un Yo perdido que es hipóstasis del Yo Infinito, reflejo del Espíritu eterno. Solamente quien efectúe el tránsito inverso, desde la mera personalidad hasta el Yo perdido substancial, y quien trascienda esa hipóstasis que se asienta en el Símbolo del Origen y llega hasta el Símbolo mismo, tendrá la posibilidad cierta de acceder al infinito actual, al Espíritu.

¿Porqué se concentran en los últimos años, tanta actividad volcánica, inactiva durante miles de años.?

Supongamos que tales seres hubieran penetrado al sistema solar por una “puerta” abierta en otro planeta, por ejemplo Venus, y que ya aquí, merced a un ardid, una parte de sus Guías Hiperbóreos los hubiesen encadenado a la ley de evolución. Este encadenamiento, ya lo hemos dicho, NO PUEDE SER REAL pero, sin embargo, los Guías Traidores logran CONFUNDIR a los espíritus inmortales anclándolos a la materia. ¿Para qué hacen esto? Otro misterio. Pero lo cierto, lo efectivo es que, a partir de la llegada de tales Guías al sistema solar, se operará una mutación colectiva EN TODA LA GALAXIA que MODIFICA el Plan del Uno. Esta modificación está edificada en la Traición de los Guías y en la caída de los seres inmortales. Para que Ud. lo vea claro, le diré que aquí, en la Tierra, existía un ser humano primitivo que “evolucionaba” siguiendo las leyes de las “cadenas planetarias” y los “reinos de la naturaleza”.

Esta evolución era lentísima y perseguía la adaptación final a un arquetipo racial absolutamente animal, dotado de una mente racional, estructurada lógicamente por las funciones cerebrales y poseedor de un “alma” conformada por energía de los otros planos materiales mas sutiles. Este “hombre” es el que encontraron, en una etapa aún primitiva de su desarrollo, los Guías Traidores al llegar a la Tierra hace millones de años. Entonces, mediante un ingenioso sistema llamado Chang Shambalá que Ud. tendrá oportunidad de estudiar en nuestra Orden, ellos decidieron mutar la raza humana, encadenando los espíritus inmortales a los seres humanos ilusorios y materiales de la Tierra.

El macrocosmos es un mundo de entes finitos y sucesivos. Ni en el plano arquetípico ni, aún, en la memoria arquetípica del microcosmos existe un Arquetipo infinito. Mucho menos aun hay algún designio que lo revele: el infinito, pues, es un conocimiento escencialmente vedado al pasú. Sin embargo, por la intervención de los Siddhas Traidores, el Signo del Origen ha venido a causar la manifestación del Espíritu-esfera en el microcosmos y la participación del Yo infinito en la evolución del pasú; en consecuencia ha ocurrido este incomprensible hecho: EL VIRYA ES UN ENTE FINITO QUE PARTICIPA DEL INFINITO.

Pero, siendo así ¿en qué lugar del microcosmos, en que estructura, en cual dimensión, dónde, en fin, hay que buscar ese infinito interior del virya? Respuesta: El infinito actual, real, completo, sólo puede estar en el Yo Infinito; por lo tanto, sólo puede ser hallado cuando el Yo del virya trasciende la finitud del sujeto consciente, del alma, del esquema de sí mismo, y se sabe ajeno a la evolución, un reflejo de la eternidad del Espíritu. Sólo entonces, luego de tal liberación, después de que el Gran Engaño ha quedado roto, es posible el tránsito impensable entre lo finito y lo infinito; sólo entonces es posible la reversión del Espíritu esfera revertido, la vuelta a su normalidad.

spin

Desde ese momento existen tres clases de hombres, los animales-hombres primitivos o PASÚ, los semidivinos o VIRYAS a quienes se les adosó un espíritu y los Divinos Hiperbóreos o Siddhas, que son todos aquellos que logran RETORNAR AL ORIGEN y escapar del Gran Engaño. También son conocidos como Siddhas Leales una parte de los Guías, aquellos que NO TRAICIONARON y que, encabezados por Cristo-Lúcifer, (¿?) intentan SALVAR a los viryas mediante la redención hiperbórea de la sangre pura que consiste en despertar el recuerdo primigenio de la propia divinidad perdida.

yo infinito

El Demiurgo, en efecto, no puede permitir que el progreso evolutivo se interrumpa por la disolución orgánica del microcosmos, esto es: por la muerte del pasú. En realidad, el ciclo de vida del microcosmos depende sólo del tiempo trascendente: mientras exista la participación habrá fatalmente una disolución formal, como ocurre con todo ente orgánico. Pero si el microcosmos actualiza su potencialidad y se INDIVIDUALIZA, es decir, se independiza temporalmente del macrocosmos, entonces podrá escapar a la disolución, a la muerte, porque los procesos internos quedarán “detenidos” para el tiempo trascendente. El objetivo microcósmico asegura, así, que en algún momento de la evolución se alcanzará la inmortalidad del cuerpo material. Ahora bien: en tanto ese momento llega ¿puede perderse, con la muerte y disolución del microcosmos, el progreso individual obtenido en la construcción del esquema de sí mismo? Respuesta: Todo esquema de si mismo queda impreso en el alma, durante la vida del microcosmos, de tal modo que al desencarnar, tras la desintegración orgánica, lo conserva con carácter permanente.

Continuamos en comentarios.

Los “extraterrestres”, NO EXISTEN, son otra cosa: ÉSTO EXPLICAN:

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13 Respuestas a “Esferas de Vida y Conciencia: Espíritu.

  1. (prosigue de portada)

    Vale decir: el esquema de sí mismo, que es parte del “alma” del pasú, SOBREVIVE A LA DISOLUCIÓN DEL MICROCOSMOS PARA MEJOR CUMPLIMIENTO DEL OBJETIVO MICROCÓSMICO. Estamos pues ante una evidente paradoja. Sin embargo tal paradoja pierde consistencia si miramos las cosas desde el punto de vista del Demiurgo, que es quien ha determinado el modo en que se debe cumplir la finalidad. Con esa perspectiva, hay que comenzar por admitir que lo que interesa, en primer lugar, es el objetivo macrocósmico; la producción de cultura. Este objetivo es sociocultural y tiene por fin preservar el sentido puesto en los entes por los miembros particulares de la comunidad cultural: una “cultura” es el sostén comunitario de los objetos culturales, es decir, de los entes signados por la expresión humana. Una cultura, demiúrgicamente entendida, es, pues, una macroexpresión de la evolución colectiva alcanzada por la comunidad: los objetos culturales son proyectos que demuestran el grado de evolución alcanzado porque son medida de la inteligencia de los proyectistas. Recordemos que el placer del Demiurgo está en el “descubrimiento posterior de la obra”, tarea que ha sido reservada al hombre. Los objetos culturales son, justamente, la afirmación del designio descubierto en los entes, vale decir, un “bien supremo”.

    Para el Demiurgo, entonces, el bien radica en el cumplimiento de la CONDICIONES del desarrollo cultural de una comunidad, es decir, en que ese desarrollo no se detenga en ningún momento, en que crezca y transforme la realidad indiferenciada de los entes universales en una superestructura de objetos culturales. Las CONDICIONES del desarrollo cultural de una comunidad dependen, naturalmente, de la evolución PARTICULAR de sus miembros, que son quienes “ponen” el sentido en los entes. Es por estas CONDICIONES que la finalidad del pasú, aparte del objetivo macrocósmico general, supone un objetivo microcósmico particular: la evolución de un “sujeto individual” que procure la autonomía del microcosmos y, obtenida ésta, otorgue máximo sentido a la obra del Demiurgo.

    El sujeto individual, que al principio de la evolución es “racional” y al final “consciente”, es la manifestación del alma en las estructuras del microcosmos. Y el alma, por la metempsicosis, transmigra durante millones de años para manifestarse, cada vez, en un microcosmos más perfecto, más cercano al objetivo microcósmico de la finalidad. De aquí que surja la necesidad de aclarar, aunque sea brevemente, la relación entre el “sujeto” individual y el “alma”, ya que el estudio analógico de la “expresión energética del pensamiento” nos exigirá una definición rigurosa del sujeto consciente que anima al esquema de sí mismo.

    En primer lugar precisemos qué debe entenderse por “alma”. El pasú, como todo ente orgánico que evoluciona, es la manifestación de un Arquetipo universal y de una mónada: la mónada es el soporte del organismo individual que evoluciona conforme al Arquetipo universal. Pero la mónada no “desciende” jamás al plano material sino que permanece en el plano arquetípico desde donde es proyectada por el aspecto Voluntad del Demiurgo hacia el plano material. Durante la vida del pasú la mónada sostiene el cuerpo material y evoluciona con éste; o, con otras palabras: la manifestación de la mónada en el plano material es el microcosmos. Al morir el cuerpo animal del pasú el microcosmos se disuelve y, tras la desintegración orgánica, la mónada deja de manifestarse materialmente. Sin embargo la mónada no se desconecta completamente del plano material pues un término energético, procedente del microcosmos, subsiste aún desencarnado: es el “alma” del pasú.

    El alma es, así, lo que permanece siempre manifestado de la mónada; lo que evoluciona en el microcosmos e involuciona parcialmente durante la desencarnación; lo que sobrevive a la disolución conservando la evolución experimentada, para retornar nuevamente en la génesis vital de otro microcosmos. Pero en esta metempsicosis el alma no reencarna en nuevos cuerpos ” como aquel actor que se prueba diferentes ropajes”, y “mira a través de los ojos de distintas mascaras”, según es creencia común de la palingenesia ingenua. Si así lo hiciera debería existir continuidad mnémica de los actos experimentados en todos los microcosmos, e decir, debería ser natural “recordar las vidas pasadas”. Por el contrario, en cada microcosmos vivo, el sujeto pensante jamás rememora “naturalmente” ningún recuerdo de una vida anterior. Ello no ocurre porque el procedimiento dispuesto por el Demiurgo para la transmigración de las almas impone a éstas, durante el periodo de desencarnación, una “involución” del sujeto en sí mismo que produce la amnesia mencionada. Explicaremos paso a paso el procedimiento de metempsicosis pero sin extendernos demasiado en los detalles.

    El alma, en tanto que manifestación sutil de la mónada, sostiene al microcosmos difundiéndose en toda su estructura, actuando como un “cuerpo doble”. Sin embargo sólo en la estructura psíquica, debido a su naturaleza energética, se verifica un contacto fluido entre la vida orgánica y el alma. Los tres “sujetos que hemos mencionado en el articulo “E”” del inciso anterior, el “sujeto racional”, el “sujeto cultural” y el “sujeto consciente” o “histórico”; no son más que manifestaciones individuales del alma de pasú en las distintas estructuras del microcosmos. De estas estructuras sólo el esquema de sí mismo o esfera de conciencia tiene la posibilidad de impresionar en forma permanente al alma: la estructura del cerebro y la estructura cultural son demasiado groseras como para afectarla de alguna manera.

    La alteración que el esquema de si mismo causa en el alma, en cambio, la modifica de tal modo que su efecto persiste aún cuando el microcosmos se ha desintegrado completamente. Pero el esquema de si mismo representa “toda la conciencia ” que es capaz de alcanzar un microcosmos, vale decir, es un grado evolutivo. Por eso el alma, al quedar modificada permanentemente por el esquema de si mismo, en realidad se ha auto modelado en el sentido de la entelequia humana, es decir, ha evolucionado.

    Supongamos ahora que un alma ha desencarnado profundamente impresionada por un esquema de si mismo al que anima como un “sujeto consciente”. Siendo el esquema de sí una historia del microcosmos que ha quedado incorporada al alma, es evidente que el sujeto anímico ha de recordar lo vivido no obstante estar desencarnado. Entonces ¿por qué en una posterior encarnación el alma aparece desprovista de recuerdos? Respuesta: 1º) porque la evolución del microcosmos obedece a una SECUENCIA JERÁRQUICA irreversible que obliga al alma a manifestarse inicialmente como sujeto racional del cerebro o “razón”; 2º) sin embargo, previamente a la encarnación, se efectúa una “involución del sujeto de sí mismo” que causa el “olvido” parcial de los recuerdos innatos.

    1º – Para entender esta respuesta hay que considerar, ante todo, que el alma sólo puede manifestarse EN una estructura adecuada o vehículo. Esta condición viene por ser el alma expresión energética de la mónada, la cual es fundamento de todo proceso arquetípico particular: en este sentido, la mónada es el sujeto individual en todo ente que evoluciona de acuerdo al impulso formativo de los Arquetipos universales. En el caso particular del microcosmos, el alma es siempre sujeto anímico de una estructura; y la afirmación contraria también es válida: sin estructura no hay manifestación anímica posible. Teniendo en cuenta tal condición, y todo lo visto hasta aquí sobre la formación de la estructura cultural y el esquema de sí mismo, podremos entender fácilmente la respuesta anterior.

    Si reflexionamos sobre lo estudiado hasta aquí comprobaremos que, en efecto, se cumple una tácita SECUENCIA JERÁRQUICA en la formación de las estructuras del microcosmos: en el génesis sólo existe el cerebro, es decir, la memoria arquetípica; el alma no puede hacer otra cosa que animar tal estructura y operar con sus funciones; como sujeto racional o “razón” el alma descubre el designio en los entes y construye la estructura cultural, a la que luego animará como sujeto cultural; y desde la estructura cultural irán emergiendo hacia las capas superiores de la psique los símbolos que conforman el esquema de si mismo, al que el alma animará como sujeto consciente o histórico. He aquí la secuencia completa: el alma anima a la memoria arquetípica o cerebro como sujeto racional o “razón” y construye la estructura cultural a la que anima, a posteriori, como sujeto cultural, desde donde construye el esquema de si mismo al que anima, por último, como sujeto consciente o histórico.

    No hay manera “natural” de alterar esta secuencia: el alma encarnada siempre debe comenzar por animar un cerebro infantil, por ser sujeto racional. A partir de ese comienzo inevitable está la posibilidad de desarrollo estructural que subyace en la potencia del microcosmos potencial: si las limitaciones genéticas del microcosmos particular lo permiten, quizá se pueda alcanzar un alto grado de conciencia. Pero lo que no se podrá hacer es alterar la secuencia jerárquica que ordena la aparición de los sujetos anímicos.

    Está claro ahora en que consiste la secuencia jerárquica de la formación estructural, mas no se ve con igual claridad por que el alma, en una posterior encarnación, aparece desprovista de recuerdos. Pero la respuesta es simple, radica en la naturaleza jerárquica de la secuencia, en las determinaciones que impone cada estructura a la manifestación de los sujetos propios. Cuando el alma anima, por ejemplo, a la memoria arquetípica sólo puede descubrir el designio en los entes dados a la intuición sensible: cualquier “recuerdo innato” no se diferencia en nada de la intuición de un ente; pero, como tales recuerdos carecen de designio, son automáticamente eliminados por las operaciones de la razón y el sujeto a lo sumo percibe una vaga reminiscencia o “sensación indefinida de familiaridad”. El sujeto racional adquiere, así, un carácter novedoso que no abandona al alma en sus posteriores manifestaciones subjetivas. Esto se entenderá mejor si recordamos que los tres sujetos mencionados son en verdad tres aspectos simultáneos del alma: es la misma alma que al manifestarse en cada estructura “momentáneamente” la anima como sujeto propio. Vale decir: el “momento” del alma es el sujeto anímico y este único sujeto puede animar, en un microcosmos estructuralmente completo, simultáneamente a tres estructuras mnémicas.

    Para explicarlo mediante una alegoría podemos suponer que el alma es análoga a un fanal de luz acromática, es decir, de color blanco. Si colocamos delante del fanal una lámina provista de una pequeña abertura central ya tendremos el equivalente a un sujeto racional: el haz de luz ácroma que despide la ventana central es el sujeto analógico. Interceptemos ahora el haz con un filtro que sustraiga un color, por ejemplo el azul. Para una luz blanca de 500mu, según las leyes de la Óptica, el filtro azul sólo dejara pasar el 69% y ELIMINARÁ el 31%. Pues bien, ese haz transmitido por el filtro azul, considerablemente reducido, es análogo al sujeto cultural. Mantengamos el filtro azul e interceptemos el haz transmitiendo nuevamente, ahora con un filtro amarillo. Del 69% de luz que penetra al filtro, este sustraerá una parte y transmitirá el 58%, es decir, el 40% de la luz original. El haz resultante, de matiz verde, es análogo al sujeto consciente. Consideremos el experimento alegórico completo. El fanal es el alma que se derrama en todas direcciones en forma de luz blanca. Al colocar una lámina que sólo deja pasar un haz efectuamos una operación análoga a la encarnación del alma: el haz es la misma alma-fanal convertida ahora en sujeto racional. Comienza aquí la secuencia jerárquica. El filtro azul es análogo a la memoria arquetípica o cerebro: sólo una parte “filtrada” del sujeto-haz llegará hasta la estructura cultural para animarla. Este sujeto cultural debe animar la estructura cultural, representada por el filtro amarillo, y “trascenderla” para constituirse en sujeto consciente: el haz, reducido en más de la mitad de la luz original, que atraviesa el filtro amarillo es análogo al sujeto consciente (ver figura 26).

    Esta alegoría nos muestra claramente que el alma y el sujeto son una y la misma cosa y que, en el microcosmos, hay un solo sujeto que se manifiesta simultáneamente en tres lugares o estructuras diferentes. Si un “recuerdo innato” irrumpiese por casualidad en el sujeto racional, seria eliminado en la misma forma que el filtro rojo sustrae tal color del haz de luz.

    2º – Decimos “por casualidad” porque, según se declaró en 2º, previamente a la encarnación el alma ha sido inducida a “olvidar” los recuerdos innatos, es decir, a no tener presente, durante toda la encarnación, los antiguos esquemas de sí mismo, las “historias” vividas en otros microcosmos. Pero, justamente en el articulo ‘A’, se dijo que el objetivo microcósmico de la finalidad es la construcción de un esquema de sí mismo que, en última instancia, consista en el microcosmos mismo, racionalizado por el sujeto consciente; vimos también que el esquema de sí mismo, no importa cuan imperfecto sea, impresiona permanentemente al alma y constituye su evolución: en base a tal evolución, obtenida por la asimilación de los distintos esquemas de sí mismo de diferentes vidas, se va perfeccionando cada nuevo microcosmos animado y SE CUMPLE EL OBJETIVO MICROCÓSMICO DE LA FINALIDAD. Siendo así ¿cómo debe entenderse la respuesta 2º, que afirma un olvido previo de los recuerdos innatos? Lo explicaremos de inmediato. Para continuar con el ejemplo propuesto, de un alma que desencarna profundamente impresionada por un esquema de sí mismo al que anima como sujeto consciente, digamos que el procedimiento seguido consiste en practicar la involución del sujeto previamente a una nueva encarnación.

    El sujeto “involuciona” cuando se desconcentra temporalmente, es decir, cuando su momento presente se expande en sí mismo y abarca toda la historia “en una sola mirada”, hechos que se confirman por los conocidos relatos de quienes han “resucitado”, luego de pasar por la muerte clínica, y han visto “todo lo vivido, en un solo instante”. La involución del sujeto, en el sentido expuesto, es necesaria para que el alma pueda ofrecer un nuevo sujeto al microcosmos en el que va a encarnar: el alma, luego de la involución del sujeto anterior, se presenta ante el microcosmos con otro aspecto, un aspecto no subjetivo que requiere de toda la secuencia jerárquica para desarrollarse y repetir el ciclo evolutivo de la vida y de la muerte. Pero, a todo esto, ¿qué ha sido del esquema de sí mismo anterior, ése en el que el sujeto involucionó “hasta abarcar toda la historia en una sola mirada”? ¿No era, acaso, necesario su concurso para cumplir el objetivo microcósmico de la finalidad, para asegurar el progreso individual del pasú? En realidad no se prescinde, en cada nueva encarnación, de ninguno de los esquemas de sí mismo anteriores, pues los mismos están irreversiblemente asimilados en el alma: lo que ocurre es que, AL NO ESTAR ANIMADOS POR NINGÚN SUJETO, los esquemas de sí mismo anteriores se sitúan en lugares diferentes del microcosmos al que ocupa el sujeto racional. Con otras palabras: el sujeto racional, primera manifestación del alma, opera desde la memoria arquetípica o cerebro; pero el alma, aparte del sujeto, está difundida “como un cuerpo doble” en todo el microcosmos; por lo tanto, los esquemas de sí mismo anteriores, que permanecen ajenos al sujeto, van a corresponder con otras partes del sistema nervioso fuera del cerebro. Es decir: los esquemas de sí mismo anteriores están localizados en distintas partes del cuerpo del pasú, con excepción de las estructuras estudiadas hasta aquí.

    Estos “centros” o “chakras”, que contienen esquemas de si mismo anteriores, se hallan difundidos por miles en el cuerpo humano. Allí están los recuerdos innatos, la memoria de las vidas anteriores, contribuyendo desde la complexión del alma a perfeccionar el microcosmos viviente. En la alegoría del fanal podemos establecer una correspondencia analógica con los esquemas de si mismo anteriores efectuando pequeñas perforaciones en la lámina con la ventana central. Las perforaciones rodean, por ejemplo, a la ventana por la que fluye el haz de luz análogo al sujeto racional. Si los rayos de luz que brillan por las perforaciones son análogos a los chakras, es evidente que tales centros de memoria innata son NO RACIONALES. Vale decir, su contenido es IRRACIONAL. Por eso, cuando las prácticas de yoga se realizan con ignorancia, cuando el sadhaka localiza el sujeto sobre un chakra invirtiendo anormalmente el sentido de la secuencia jerárquica, se corre el grave peligro de que el sujeto anime por accidente un esquema de sí mismo anterior y de que este tome el control del microcosmos: entonces, desde ese centro inferior, el microcosmos es IRRACIONALIZADO y sobreviene la locura.

    Antes de finalizar vale la pena destacar una importante consecuencia del principio expuesto en la respuesta 1º y, también, en ‘E’ del inciso anterior: “sin estructura no hay manifestación anímica posible”; “todo sujeto requiere una estructura en la cual manifestarse”; “no puede existir el sujeto sin un vehículo para su manifestación”. Hasta ahora hemos supuesto que el “vehículo” del alma es el microcosmos y las “estructuras”, donde se manifiesta el sujeto, las aquí estudiadas: cerebro, estructura cultural, esfera de conciencia, etc. Pero el que esta suposición sea cierta de ningún modo excluye OTRAS POSIBILIDADES PARA CUMPLIR CON LA FINALIDAD. Con otras palabras: al pasú le fue encomendada, por el Demiurgo, una finalidad: ser postor de sentido en los entes del mundo; pues bien: si el pasú, o cualquier otra raza semejante del universo, DESARROLLA UNA CULTURA CAPAZ DE PRODUCIR TECNICAMENTE “ESTRUCTURAS” ADECUADAS PARA LA MANIFESTACION DEL SUJETO, ÉSTAS SERÁN “ANIMADAS” EN LA MEDIDA DE SUS POSIBILIDADES DE EXPRESION. Esto significa que, en tanto se cumplan los pasos de “descubrir el designio” y “proyectar el sentido”, cualquier cultura científico tecnológica tendrá la posibilidad de construir ANDROIDES “CON ALMA”. Si; CON VERDADERA “ALMA” TRANSMIGRANTE Y EVOLUTIVA. Para ello sólo hace falta que el androide posea un símil de la “memoria arquetípica”, es decir, una memoria programada con una colección de signos de entes o autoprogramable con información de entes del mundo percibida por medio de censores, y que un procesador electrónico efectúe las operaciones lógicas de comparación o interpretación: cuando el androide ADECÚE su comportamiento en función de la información percibida, es decir, cuando EXPRESE UNA CONDUCTA, sin dudas ESTARÁ ANIMADO POR UN EGRÉGORO o, si el androide es lo suficientemente perfecto, POR UN ALMA INDIVIDUAL.

    Lo que nunca podrá poseer un androide, ni ninguna estructura artificial, es el Espíritu: en efecto, para que el Espíritu se manifieste es imprescindible LA MEMORIA DE SANGRE, EL RECUERDO DEL ORIGEN, vale decir, algo que jamás podrá implantarse en otra parte que no sea un microcosmos vivo.

  2. Sexto – La esfera de conciencia, y la “conciencia”, se construyen, en efecto, a partir de un primer sacudimiento del microcosmos, de ese primer contacto con el designio de sí mismo que revela a la intuición la posibilidad de autonomía del microcosmos. La posibilidad que tiene el pasú de llegar a ser un microcosmos autónomo subyace en la potencia de su designio: el descubrimiento del designio de sí mismo permite intuir, en un relámpago que estremece todas las esferas, tal posibilidad potencial de autonomía; a esa intuición eterna se la ha bautizado tardíamente con el nombre de LIBERTAD. Esa intuición “despierta”, metafóricamente hablando, a la potencia microcósmica: la posibilidad de autonomía, que se encuentra en germen, es entonces irreversiblemente incitada a desplegarse y a madurar en sí misma. Surge así un primer símbolo, reflejo primigenio de sí mismo, que se sitúa MAS ALLÁ de la estructura cultural, en una posición jerárquica que determina todas las futuras referencias del conocimiento. Pero ese símbolo, al, cual se estructuran los posteriores elementos del esquema de sí mismo, ha surgido como producto de una conmoción primordial que no puede ser pasada por alto ni olvidada. El esquema de sí mismo es “memoria representativa” y la primera representación que memoriza corresponde a una experiencia cuya impresión lacerante jamás podrá ser superada por otras experiencias posteriores. Hay, pues, un DOLOR ORIGINAL, subsumido en la esfera de conciencia, que perdura en toda su historia y constituye el fundamento de la CENTRALIDAD referencial de que la hace objeto la razón. Por eso la “voluntad instintiva” que mueve a la razón a funcionar, cuando interpreta los designios descubiertos y los refiere a sí mismo, a un “centro” de sí mismo conmovido permanentemente, introduce una determinación perturbadora en la potencia de los esquemas. Y esta determinación de la potencia es la que hace posible a ciertas representaciones racionales emerger hacia la conciencia.

    El descubrimiento de sí mismo, la intuición de la posibilidad de autonomía microcósmica, el surgimiento de la esfera de conciencia por la representación de esa intuición conmocionante, y el despliegue irreversible de la potencia microcósmica que tiende a concretar su autonomía u “objetivo microcósmico de la finalidad”, son todos aspectos de una misma causa inevitable. Por esta causa el pasú no “podrá evitar” la conciencia: no es posible generar ninguna fuerza en el microcosmos capaz de oponerse y “anular” la esfera de conciencia, por el contrario, toda acción de la voluntad instintiva, toda operación de la razón, hace “crecer” el esquema de sí mismo, da más complexión a la esfera de conciencia. En suma, NADA HAY MAS OPUESTO A LA CONCIENCIA QUE LA “INDIFERENCIA”.

    La intuición de la posibilidad de autonomía microcósmica ES EL PRINCIPIO DE UNA “AUTOINDIVIDUACION CONSCIENTE”; su nota principal es la DIFERENCIA, evidente e indudable, entre sí mismo y el mundo, entre micro y macrocosmos. De esta DIFERENCIA surge la conciencia y por eso en toda representación consciente NO PUEDE EXISTIR LA INDIFERENCIA DE SÍ MISMO. Tal como veremos más adelante, en la IDEA, objeto del sujeto consciente, hay una PRIMERA INTENCION o DIRECCION hacia sí mismo que constituye la DIFERENCIA REAL con el sujeto.

    Tengamos presente que, a medida que la esfera de conciencia “crece”, el SUJETO CONSCIENTE radica en ella su pensar e intenta desde allí ejercer el control total de la estructura psíquica. El sujeto “en” la esfera de conciencia es la manifestación mas elevada del alma del pasú, la cual ha intuido la posibilidad de autonomía y procura concretarla situándose en la posición mas favorable. Tal sitio, desde donde todo pensamiento apunta y contribuye a la individuación, puede ser entendido analógicamente como “la capa exterior de la esfera de conciencia”, o sea, la esfera de luz mas allá de Ψ en la figura 21. En resumen: mas allá del umbral de conciencia, adonde tienen lugar las representaciones conscientes, está la “esfera de luz”, ASIENTO DEL SUJETO CONSCIENTE. Éste es quien aprehende las representaciones conscientes u otra clase de objetos ideales y quien, también y principalmente, es capaz de promover el pensamiento DESDE la esfera de conciencia.

  3. Hasta cierto punto, podemos efectuar estudios comparativos, entre los textos procedentes de los trabajos de AAB- DK, o la literatura pretendidamente TEOSÓFICA, y los puntos de vista que nos aportan
    otras maneras de enfocar las cuestiones, así leemos lo siguiente:

    Nunca debemos olvidar que el cuarto rayo de conflicto es aquel cuyas energías, correctamente aplicadas y comprendidas, traen armonía y unificación. Esta actividad armonizadora produce belleza, la belleza obtenida por medio de la lucha. Trae vivencia a través de la muerte, armonía mediante la lucha y unión por medio de la diversidad y la adversidad.

    El sacrificio de los ángeles solares trajo a la existencia el cuarto reino de la naturaleza. Los “nirvanas que regresan” (según se los denomina en la literatura esotérica), deliberadamente y con plena comprensión, tomaron cuerpos humanos a fin de que esas formas inferiores de vida se acercaran más a la meta, y nosotros fuimos y somos esos nirvanas. Los “Señores del Conocimiento y de la Compasión y los de la perseverante e incesante Devoción” -nosotros- eligieron morir a fin de que las vidas inferiores pudieran vivir y este sacrificio permitió que evolucionara la conciencia que mora internamente en la Deidad. Al abrirse camino [e83] a través [i93] de los reinos suhhumanos de la naturaleza esta conciencia necesitó de la actividad de los ángeles solares para poder seguir progresando. Aquí reside:

    Nuestro servicio a Dios, por medio del sacrificio y la muerte.
    Nuestro servicio a otras almas, por medio del propósito deliberado de autosacrificarse.
    Nuestro servicio a otras formas de vida en otros reinos.

    Todo esto implica la muerte y el sacrificio de un hijo de Dios, un ángel solar, pues desde el punto de vista de la Deidad, al descenso a la materia, la manifestación por medio de la forma, la apropiación de un cuerpo y la expansión de la conciencia mediante el proceso de la encarnación, se lo considera ocultamente que es la muerte. Pero los ángeles “eligieron morir, y al morir, vivieron”. Debido a su sacrificio la materia es ascendida a los Cielos. Este tema predomina en las páginas de La Doctrina Secreta y está expuesto más detalladamente en el Tratado sobre Fuego Cósmico. El sacrificio de los ángeles, la muerte de los Hijos de Dios, la inmolación del Cristo místico, la crucifixión en tiempo y espacio de todas las entidades vivientes llamadas almas, es el tema tratado en dichos libros. Es el misterio insinuado en las Escrituras del mundo y el secreto de las edades, sólo descubierto por las almas de los hombres a medida que cada uno individualmente se relaciona conscientemente con su propia alma y descubre lo que ha realizado gozosamente en el pasado, llegando así a comprender el supremo sacrificio realizado premeditadamente en los albores del tiempo, y vuelve a repetirlo consciente y simbólicamente en alguna etapa de su transcurso en la tierra como alma, para beneficio de otras almas, a fin de acelerar su progreso hacia sus respectivas metas. Luego, en determinada vida, representa o desarrolla en sí mismo y también ante el mundo expectante, el gran drama simbólico denominado:

    El Sacrificio de un Salvador del Mundo. Éste es el tema del [i94] romance histórico de todos esos Hijos de Dios que, en el transcurso de las épocas, han llegado a comprender la significación del propósito divino de Dios, del Verbo encarnado a través de un planeta, de los ángeles solares que a su vez son el Verbo encarnado en una forma humana. Aunque represente este drama, como lo hizo el Cristo, para presentar al hombre el simbolismo de la muerte y del sacrificio, o como lo hizo el Buddha, para demostrar al hombre el sacrificio y la muerte del deseo personal (mencionando sólo dos de los manifestados Hijos de Dios), el tema sigue siendo el mismo [e84] -la muerte de lo inferior a fin de liberar lo superior- o –en escala mayor- la muerte de lo más elevado en el orden y la escala del ser, a fin de liberar lo inferior.

    Pero la lección que debe ser aprendida (y el hombre la está aprendiendo), es que, muerte, dolores y tristezas, pérdidas y desgracias, alegrías y aflicciones, tal como lo comprende la conciencia humana, existen porque el hombre todavía se identifica con la vida de la forma y no con la vida y la conciencia del alma, el ángel solar, cuya percepción es, potencialmente, la de la Deidad planetaria, cuya mayor percepción es, a su vez, potencialmente la de la Deidad solar. El momento en que el hombre se identifica con su alma y no con su forma, comprende el significado de la Ley del Sacrificio; espontáneamente está regido por ella, convirtiéndose en aquel que premeditadamente elegirá morir. Pero no hay dolor ni tristeza y tampoco verdadera muerte.

    Tal el misterio de la ilusión y del espejismo. Todos los Salvadores del Mundo están libres de estos dos factores esclavizantes. No son engañados. Sería bueno señalar, al margen, que en la Nueva Era se ampliará el concepto que tenemos acerca del término Salvador Mundial. En la actualidad se aplica predominantemente a las almas que pertenecen al rayo de la enseñanza, el segundo rayo o [i95] crístico, las cuales están representando el drama de la salvación. Pero esto es un error, y se debe al poderoso espejismo emocional de la era pisciana, influencia astral que tiene sus raíces en la anterior civilización Atlante que precedió a la nuestra. En esa época el cuerpo astral era el tema de atención. Gran parte de lo que sucede hoy y puede suceder, tiene sus raíces en ese aspecto de la energía. Las simientes entonces sembradas, florecen ahora. Esto es muy bueno y necesario, aunque cause angustia al experimentarlo.

    Pero debe reconocerse que los Salvadores del Mundo vienen para servir a la raza, sacrificándose de diversas maneras y en muchas formas. Pueden aparecer como grandes gobernantes, dictadores, políticos, estadistas, científicos y artistas. Su trabajo es salvar, restituir o renovar y revelar, y lo cumplen sacrificándose a sí mismos. Por lo tanto, deben ser reconocidos por lo que son, siendo hoy incomprendidos, mal interpretados y juzgados erróneamente por sus errores, más que por sus objetivos, pero son almas consagradas. Rescatan, elevan, integran e iluminan, y el resultado neto de su trabajo, desde el punto de vista histórico, es bueno.

    La Ley del Sacrificio y el impulso de dar, pueden observarse también en todos los reinos de la naturaleza. Tenemos su ejemplo en los sacrificios básicos que tienen lugar entre los reinos. Las [e85] cualidades esenciales de los elementos minerales y químicos de la tierra podrían servir de ejemplo. Son necesarios para otras formas de vida y fueron otorgados al hombre por medio del reino vegetal y el agua que bebe, por eso en el primero y más denso reino de la naturaleza (cuya conciencia está tan distanciada de la nuestra) tiene vigencia el proceso de dar. Sin embargo, no es posible delinear esta Ley del Sacrificio en los reinos subhumanos, [i96] y aquí debemos confinar nuestra atención al mundo de la conciencia y del vivir humano.

    b. EL TRABAJO DE SALVAR O LA SALVACIÓN

    La Ley del sacrificio también significa salvar y subyace en todo el proceso evolutivo, y surge con clara significación en la familia humana. El instinto de perfeccionarse, el ansia de progresar (física, emocional e intelectualmente), el esfuerzo por aliviar la mala situación, la tendencia a la filantropía, que tan rápidamente se está extendiendo por el mundo, y el sentido de responsabilidad, que permite al hombre comprender que es el custodio de su hermano, son todas expresiones de este instinto de sacrificio. Este factor, reconocido por la psicología moderna, tiene una significación mucho más amplia que la que tuvo hasta ahora. Tal tendencia instintiva rige la Ley de Renacimiento. Es la expresión de un factor aún mayor del proceso creador; principal impulso determinante que impelió al Alma de Dios Mismo a entrar en la vida de la forma, e impele a la vida, en el arco evolutivo, a descender a la materia, produciendo así la inmanencia de Dios. También constituye lo que obliga a la humanidad a luchar implacablemente por el bienestar material. Es además lo que impulsa al hombre, con el tiempo, a volver la espalda “al mundo de la carne y del demonio”, según El Nuevo Testamento, y a orientarse hacia las cosas que tienen importancia espiritual. El hijo pródigo sacrificó el hogar del Padre cuando decidió alejarse hacia lejanos países. Desperdició y sacrificó su sustancia por haber abusado de la experiencia de la vida en la tierra, hasta que agotó todos sus recursos y tuvo que sacrificar lo que tanto había querido, pero descubrió que no lo satisfacía. Por las cosas de menor valor sacrificó los valores superiores y tuvo que regresar a su punto de origen. Ésta es la historia de la vida de todos los [i97] Hijos de Dios que vinieron a la encarnación, expuesta en forma simbólica en la Biblia, tema que está en todas las Biblias del mundo.

    El anhelo de sacrificarse, de abandonar esto por aquello, de elegir una forma o línea de conducta sacrificando otra, de [e86] perder para eventualmente ganar, es la historia que subsiste en la evolución, lo cual debe ser comprendido en forma psicológica. Es el principio que rige la vida misma y corre como canon dorado de belleza a través de los oscuros elementos con los cuales se forja la historia humana. Cuando este impulso de sacrificio para conquistar, adquirir o salvar, lo que se considera deseable, sea comprendido, se revelará la clave del desarrollo del hombre. Esta tendencia o anhelo es algo distinto del deseo, tal como hoy se comprende y estudia académicamente, pero lo que en verdad significa es el surgimiento de lo más divino en el hombre. Constituye un aspecto del deseo; es la parte activa y dinámica, no la parte sentimental-sensual; es la característica predominante de la Deidad.

    Sin embargo, es interesante que los que estudian esoterismo observen que este anhelo de salvar y sacrificarse, con el fin de redimir, obra de distintas maneras en los diferentes esquemas planetarios. Cada Señor de Rayo de un esquema, que se manifiesta por medio de un planeta, expresa este impulso de diferente manera y cada manifestación es tan distinta de las otras, que lo único que puede hacer el ser humano es presentir el método que existe en nuestro propio planeta. Los iniciados saben que las características psicológicas variables de las Vidas de rayo condicionan muy especialmente el método de expresar el sacrificio en el transcurso de la manifestación. La gran corriente de energía viviente que se manifiesta en el esquema evolutivo de nuestra Tierra está condicionada por el temperamento, la actitud y la orientación de un “Divino Rebelde”. Sólo la rebelión produce dolor y tristeza, pero dicha rebelión es inherente, [i98] e innata en la Deidad de nuestro planeta, “Aquel en Quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser”. En consecuencia, constituye una tendencia mayor que la del ente individual. Esta verdad asombrosa respecto a la Vida planetaria, sólo puede expresarse en forma velada mediante la simbología y en términos del pensamiento humano. Incluso en esto, existe siempre un riesgo, pues los hombres interpretan lo que leen, oyen y experimentan, relacionándolo con ellos mismos.

    El Antiguo Comentario reza:

    “Entró en la vida y supo que era la muerte.
    “Tomó una forma y se entristeció porque era oscura.
    “Se obligó a salir del lugar secreto y buscó el lugar de la luz, y la luz le reveló lo que menos buscaba.
    “Esperaba obtener permiso para regresar.
    “Buscó el Trono en lo alto y a Aquel que estaba sentado en él. Exclamó: ‘No buscaba esto. Buscaba la paz, la luz, la libertad de [e87] servir, de demostrar mi amor y de revelar mi poder. Aquí no hay luz. Aquí no hay paz. Dejadme regresar.’
    “Pero Aquel que estaba sentado en el Trono no volvió la cabeza. Parecía no escuchar ni oír.
    “Entonces desde la esfera inferior de las tinieblas y del dolor, surgió una voz que exclamó: ‘Aquí sufrimos. Buscamos la luz. Necesitamos la gloria de un Dios entrante. [Sólo he hallado estas dos últimas palabras para poder expresar el antiguo símbolo que estoy traduciendo.]
    “Elévanos a los Cielos. Entra, Oh Señor, en la tumba. Resucítanos a la luz y haz el sacrificio.
    ‘Derriba los muros de la prisión y penetra en el dolor.’
    “El Señor de la Vida retornó. No le agradó, de allí el dolor.”

    Las mismas condiciones que fusionan la ley del Sacrificio con el dolor, la tristeza y la dificultad, existen también en los planetas Marte y Saturno, pero no en los demás planetas. Quienes han leído detenidamente La Doctrina Secreta y el Tratado sobre Fuego Cósmico, saben que la Tierra no es un planeta sagrado. Sin embargo, Saturno, Marte y la Tierra, constituyen, de manera esotéricamente curiosa, la [i99] personalidad de una maravillosa Vida de rayo, cuya energía es de tercer rayo. Existen, como ya se ha especificado, siete planetas sagrados, pero sólo diez esquemas planetarios y, en tres casos (los de los tres rayos mayores), tres planetas constituyen la personalidad de cada Vida de rayo. Algunos pensadores esotéricos creen que nuestro sistema solar incluye doce planetas, pero su conclusión tiene una base. La personalidad de dicha Vida de tercer rayo actúa por intermedio de los siguientes planetas:

    El cuerpo mental se expresa por intermedio del planeta Saturno.
    El cuerpo astral se expresa por medio del planeta Marte.
    El cuerpo físico se expresa mediante el planeta Tierra.

    La potencia de esta Vida es tal que requiere tres esquemas completos -los tres están estrechamente aliados y son interdependientes- para que ella pueda expresarse. Urano, Júpiter y Venus están similarmente aliados a fin de manifestar o expresar una gran Vida.

    Estos hechos constituyen un grandioso misterio y no niegan la afirmación de que Venus tiene una relación particular e íntima con la Tierra. Lo que se quiere subrayar es difícil de expresar, pero tiene gran importancia. Permítaseme ser más explícito, empleando las siguientes afirmaciones:

    Sólo tres esquemas planetarios son conscientes del dolor y la tristeza tal como comprendemos estos términos; ninguno [e88] de ellos conoce tan bien o los siente tanto como nuestro Logos planetario.
    El dolor y la tristeza son el resultado de la rebelión y del divino descontento. El instinto de perfeccionamiento, basado en el descontento, ha implicado necesariamente el temperamento o la actitud planetaria que reconoce las dualidades. [i100]
    Existe una etapa que se debe alcanzar en la conciencia humana donde aquello que está detrás de las dualidades -la etapa de unificación esencial- puede ser y será reconocido.
    Cuando esto tenga lugar, la conciencia de nuestra humanidad se fusionará con la subyacente conciencia del todo, que no reconoce el dolor ni la tristeza y ha quedado fuera de la comprensión que rige predominantemente la conciencia de las tres grandes Vidas de nuestro sistema solar.
    Esta verdad vagamente sentida se halla detrás del más elevado pensamiento metafísico, por ejemplo, el de la Ciencia Cristiana (Christian Science), Unidad (Unity), Ciencia Divina (Divine Science) y el énfasis puesto sobre la unificación por el cristianismo y las escuelas esotéricas.

    El instinto de perfeccionamiento mediante el sacrificio es diverso.

    Primero, el instinto por el mejoramiento individual que conduce al egoísmo, a la codicia y lleva, a los que poseen mente materialista, a adquirir posesiones materiales.Segundo, el instinto de aliviar la mala situación de otras personas, ante todo por el móvil egoísta (para evitar la angustia personal que proporciona ver sufrir a otros) y, después, por el servicio puro y desinteresado, que es una cualidad del alma.Tercero, tenemos la dedicación activa y el total sacrificio del yo inferior separado, mediante el poder de “permanecer en el ser espiritual”; lógicamente significa haber alcanzado ese estado de conciencia que trasciende lo que puede ser denominado simbólicamente el estado de conciencia “Tierra, Saturno y Marte”.

  4. Asunto aparentemente interesante, PERO … ¿Y si ésto es UN ENCUBRIMIENTO de los engaños DEMIÚRGICOS …?

    ¿nos estarán bla,bla,bla, con cuentos de HADAS … y … (continuará)

  5. OSEA, QUE LAS CATASTROFES VOLCANICAS, …¿y otras …?

    SON CONTROLADAS, dirigidas o efectuadas, por … a ver … ¿POR ?

    !! EN LAS ERUPCIONES DE GUATEMALA LOS EXTRATERRESTRES MAYAS Y NORDICOS INTERVINIERON !! … ésto es lo que dicen …

    DRAMATICA SITUACION EN GUATEMALA

    Militares, policías y bomberos se afanan desde la madrugada del domingo en buscar a decenas de personas desaparecidas en cuatro aldeas de Guatemala que quedaron este domingo soterradas por la potente erupción del Volcán de Fuego. Situado a 50 kilómetros de la capital del país centroamericano, el coloso expulsó flujos piroclásticos de hasta 700 grados centígrados que arrasaron todo lo que encontraron a su paso, incluidas las aldeas El Rodeo, La Reina, La Libertad y San Miguel Los Lotes causando, por el momento, 30 víctimas mortales y 20 heridos con quemaduras graves de segundo y tercer grado. Sin embargo, estas cifras aumentarán teniendo en cuenta que los equipos de rescate no han podido acceder a La Libertad, ni a ciertas zonas del resto de aldeas que se encuentran colapsadas por la lava.

  6. … ÉSTE PRESUNTO CONTACTADO, DICE QUE :

    “ESTÁN UTILIZANDO UN LENGUAJE MUY HUMANO … ”

    Les creemos “a pie juntillas:” claro; los efectos son evidentes.

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