Archivo diario: 16 mayo, 2019

Observemos, cómo la Consciencia trabaja por Sí misma.

Cada cosa, cada individuo, se manifiesta con arreglo a ciertos parámetros, sombras energéticas que podemos evaluar y discernir.

¿Qué es un principio? Un principio es aquello que, macrocósmicamente hablando, se está desarrollando en cada uno de nuestros siete planos -los siete subplanos del plano físico cósmico.

El germen o la simiente de cada subplano corporifica algún aspecto de la conciencia divina en desarrollo; es lo que está fundamentalmente relacionado con algún tipo de sensibilidad; es aquello a lo cual pueden responder los cuerpos, a medida que evolucionan.

Un principio es un germen de la percepción, que lleva la potencialidad de la plena conciencia a algún nivel particular de actividad divina.

Es lo que hace posible el conocimiento y la respuesta consciente al medio ambiente; es lo que significa una actividad sensible correlativa, y “desenvuelta”, dando por resultado la posible e inevitable comprensión divina suprafísica.

En el hombre se unen dos energías, pero hay otras cinco presentes. Para cada una ha de encontrarse un punto central de contacto.

Las dos energías que se unen en el hombre son los dos aspectos de la mónada, el Uno en manifestación; la mónada se manifiesta esencialmente como una dualidad; se expresa como voluntad y como amor, es decir: atma-budi, y ambas energías, cuando entran en relación con el punto de la mente, el tercer aspecto de la divinidad, producen el alma y luego el mundo tangible manifestado; después se demuestra como voluntad, amor y mente o inteligencia del planeta, o atma-budi-manas.

Cuando el alma se ancla como conciencia y vida dentro del ser humano, éste contribuye con el tercer algo, manas o mente, latente o kármicamente presente en toda sustancia, heredado o mantenido en solución en la sustancia, desde un sistema solar anterior. En ese sistema se desarrolló la inteligencia y quedó retenida dentro de la sustancia a fin de formar la base del desenvolvimiento evolutivo del actual segundo sistema solar. Recuerden que los siete planos de nuestro sistema solar constituyen los siete subplanos del plano físico cósmico y que por lo tanto el espíritu es materia en su más elevado punto de expresión, y la materia es espíritu en el más inferior. La vida está constituida por la voluntad y el amor y por grandes energías impulsoras que subyacen en todo el proceso evolutivo y motivan su inevitable consumación.

Atma-budi, como energías, se anclan en el vehículo del alma, en el loto egoico, y su actividad fusionada evoca respuesta de la sustancia del plano mental, que entonces hace su propia contribución. Su reacción produce lo que llamamos la mente superior, de naturaleza tan sutil y emanación tan tenue, que forzosamente debe relacionarse con los dos aspectos superiores y llegar a ser parte de la Tríada espiritual. El vórtice de fuerzas establecido por el impacto de la voluntad divina, expresando propósito divino y unificado con el Ser (como identidad y no como cualidad), produce el loto egoico, el vehículo de esa “alma identificada”, arrastrada a la expresión por el tercer resultado del impacto átmico-búdico en los tres mundos, y la mente concreta y el intelecto humano vienen a la expresión. Existe, en consecuencia, una curiosa similitud entre los tres aspectos divinos en manifestación y el hombre espiritual en el plano mental. La analogía es la siguiente:

La mónada – Mente abstracta.

El alma – Loto egoico.

La personalidad – Mente inferior o concreta.

Esa vaga abstracción, la mónada, durante eones, parece no haberse relacionado de ninguna manera con el alma y la personalidad; ambas han estado y están ocupadas en la tarea de establecer, a su debido tiempo y de acuerdo al impulso evolutivo, una estrecha fusión o unificación. La mente abstracta también ha permanecido durante eones como algo inconcebible y fuera de los modos de expresión y del pensamiento del hombre kamamanásico (o emoción y mente inferior) y luego, finalmente, alma y mente concreta (o el iluminador y el transmisor de iluminación). Tales analogías pueden ser muy iluminadoras si se las considera debidamente.

Considero, por lo tanto, que a POCO QUE ENTENDAMOS DE ÉSTO, nos daremos cuenta de AQUELLO a lo que debemos atenernos.

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