Sensibles a la exteriorización del amor y la aspiración.

Ninguno de los conocimientos mencionados (posiblemente, conjunto de conocimientos) pueden ser registrados en la conciencia cerebral o en la mente de la personalidad iluminada. ... ¿Porque Sabiduría es una prerrogativa del Alma ? ... Teóricamente puede percibirse alguna tenue visión de las posibilidades inherentes, pero ya no es la conciencia del discípulo servidor en los tres mundos, empleando la mente, las emociones y el cuerpo físico para llevar a cabo, en lo posible, el mandato y la intención jerárquica. Esto ha desaparecido con la muerte de la conciencia de la personalidad.

La conciencia es ahora la del alma misma, consciente de que no existe separación, instintivamente activa, espiritualmente obsesionada por los planes del Reino de Dios, y totalmente libre de la atracción o del más leve control de la materia-forma; sin embargo, el alma responde aún a la sustancia-energía, y está sumergida en ella, y su analogía superior actúa todavía en los niveles del plano físico cósmico -los planos búdico, átmico, monádico y logoico.

¿Qué debe hacerse si queremos que la vida del alma sea plena y completa y tan enteramente incluyente que los tres mundos formen parte de su zona de percepción y su campo de servicio? La única forma en que puedo aclarar lo que debe realizar el alma, después de la tercera iniciación, puede resumirse de dos maneras:

Primero: El alma llega a ser un creador consciente, porque el tercer aspecto -desarrollado y dominado mediante la experiencia en los tres mundos, durante el largo ciclo de encarnaciones- ha alcanzado un grado de actividad perfecta. En términos técnicos diré: la energía de los pétalos de conocimiento y la energía de los pétalos de amor están tan activamente fusionadas y mezcladas, que dos de los pétalos internos, rodeando la joya en el loto, ya no velan esta joya. Hablo aquí simbólicamente. Debido a este acontecimiento, la muerte o la eliminación de la personalidad constituye la primera actividad en el drama de la creación consciente, y la primera forma creada por el alma es un sustituto de la personalidad. Así se crea un instrumento para el servicio en los tres mundos. Sin embargo, esta vez es un instrumento sin vida, deseos, ambiciones ni poder propio ilusorio para pensar. Es sólo una envoltura de sustancia, animada por la vida del alma, pero que -al mismo tiempo- responde y se adecua al período, a la raza y a las condiciones ambientales, donde el alma creadora ha elegido actuar. Reflexionen sobre esta afirmación y acentúen las palabras “adecuada a él”.

Segundo: El alma entonces se prepara para la futura cuarta iniciación. Es básicamente una experiencia monádica, y dá por resultado -como bien saben- la desaparición o destrucción del vehículo del alma o cuerpo causal, y el establecimiento, por lo tanto, de una relación directa entre la mónada en su propio plano y la personalidad recientemente creada, vía el antakarana.

He presentado por primera vez, en orden consecutivo, estos dos puntos impartidos en la enseñanza esotérica; sin embargo, las insinuaciones han preparado el camino para ambos hechos. También he dado información acerca del maya-virupa, a través del cual el Maestro actúa y establece contacto con los tres mundos que Él crea deliberadamente * (!!!) * a fin de servir Sus propósitos y planes. Constituye un sustituto definido de la personalidad y sólo puede ser creado cuando la vieja personalidad (construida y desarrollada durante el ciclo de encarnación) ha sido eliminada. Prefiero utilizar la palabra “eliminada” en vez de “destruida”. La estructura -en el momento de la eliminación- persiste, pero su vida separatista ha desaparecido.

Si reflexionan con toda claridad acerca de esta afirmación, observarán que ahora es posible lograr una total integración. La vida de la personalidad ha sido absorbida; todavía queda la forma de la personalidad, pero persiste sin tener verdadera vida propia; ello significa que ya puede ser la receptora de energías y fuerzas que necesita el Iniciado activo o Maestro, a fin de llevar a cabo la tarea de salvar a la humanidad. Los estudiantes hallarán de valor estudiar las tres “apariciones de Cristo”, tal como están registradas en El Evangelio:

1. Su aparición transfigurada, en el Monte de la Transfiguración. Ese episodio describe simbólicamente a la radiante alma y también a los tres cuerpos abandonados por la personalidad, e insinúa además la futura construcción de un vehículo de manifestación. San Pedro dijo: “Señor, construyamos aquí tres chozas” o tabernáculos.

2. Su aparición como la verdad misma (silenciosa, aunque presente), ante la barra o tribunal de justicia de Pilatos -repudiado por el mundo de los hombres, pero reconocido por la Jerarquía.

3. Su radiante aparición, después de la iniciación de la resurrección:

a. A la mujer en el sepulcro -simbolizando Su contacto con la Humanidad.

b. A los dos discípulos en el camino hacia Emaús -simbolizando Su contacto con la Jerarquía.

c. A los doce discípulos en la cámara superior -simbolizando Su contacto con la Cámara del Concilio del Señor del Mundo en Shamballa.

Por lo antedicho podrán ver la naturaleza efectiva de los resultados a que me he referido anteriormente en esta instrucción. El discípulo que ha eliminado (en el sentido técnico así como en el místico) el aferramiento de la personalidad, posee ahora la “libertad que otorga el Ashrama”, según se lo denomina, pudiendo moverse a voluntad entre sus discípulos e iniciados. Nada existirá en su vida o cualidad vibratoria, que perturbe el ritmo del Ashrama; no existirá riada que obligue al Maestro a una “intervención pacífica”, como frecuentemente sucede durante las primeras etapas del discipulado; nada puede ya interferir en esos contactos y esferas de influencia superiores, sellados hasta ahora para el discípulo, por la intromisión de su propia personalidad.

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10 Respuestas a “Sensibles a la exteriorización del amor y la aspiración.

  1. LAS LEYES FUNDAMENTALES DE LA CURACIÓN

    Hallamos que existen diez leyes y seis reglas. Observarán que la décima ley es demasiado abstrusa para ser dilucidada más extensamente; concierne al principio vida, del cual hasta ahora nada sabemos, y está implicado en el propósito monádico. Toda enseñanza esotérica que emana directamente de la Jerarquía, contiene en sÍ la semilla viviente de lo que será más tarde.

    Por lo tanto, en esta décima ley incorporo también la simiente para un acercamiento muy posterior, a los problemas de la Vida y la Muerte.

    Recordaré que una ley es en realidad el efecto producido por la vida de una entidad mayor, cuando abarca a una menor dentro de sus procesos vivientes. Incluye ese propósito formulado, o voluntad organizada de una vida envolvente, contra la cual, el propósito expresado o la voluntad determinada de aquello que envuelve, nada puede hacer.

    Podrán argüir que esta afirmación niega el libre albedrío del ente individual así incluido o envuelto. Ello ciertamente milita contra el aspecto forma de la manifestación -ese aspecto, por ejemplo, del que el ser humano es preeminentemente consciente. Por lo tanto, esta relación entre lo superior o mayor, y lo inferior o menor, dominará equitativa y seguramente y, con el tiempo, anulará las leyes menores de la naturaleza forma, que hoy se denominan leyes de la naturaleza.

    Sin embargo, en sentido igualmente esencial, el alma de todas las formas se halla en conflicto con esas formas, y en su propia vida integral está condicionada por leyes superiores, las de su propio ser; a éstas las obedece y sigue libremente, sin el más mínimo deseo de hacer lo contrario. En consecuencia, no existe ningún infringimiento esencial del libre albedrío del sujeto; sólo hay resistencia de lo que llamamos el “no-yo” o aspecto materia. A esto podría denominárselo causa básica de toda enfermedad.

  2. Lo que llamamos Leyes de la Naturaleza fueron la fase más elevada de la vida divina, posible en el primer sistema solar.

    Constituyen primordialmente las leyes inherentes al aspecto vida de la forma, poseyendo, no obstante, las semillas de la muerte.

    Las Leyes del Alma, debido a que subordinan y hacen negativas a las Leyes de la Naturaleza, son las leyes superiores, a las cuales la humanidad (el más elevado reino de la naturaleza actualmente) puede responder y -cuando se cumplan- completarán el propósito del segundo sistema solar.

    Las Leyes de la Vida reemplazarán finalmente a las Leyes del Alma y totalmente neutralizarán y negarán a las Leyes de la Naturaleza; esas leyes serán características del tercer sistema solar -la última expresión de la personalidad del Logos solar, por intermedio de los siete logos planetarios, con sus variadas formas y expresiones del alma.

  3. Los Extraños Sucesos en la historia Actual:

  4. Así que, respecto al Tema de la Sanación, ésto es lo que dicen:

    LEY I

    Toda enfermedad es el resultado de la inhibición de la vida del alma. Esto es verdad para todas las formas de todos los reinos. El arte del curador consiste en liberar al alma, a fin de que su vida pueda fluir a través del conglomerado de organismos que constituyen una forma determinada.

  5. LEY II

    La enfermedad es el producto de tres influencias y está sujeta a ellas: Primero, el pasado del hombre, en que paga el precio de antiguos errores; segundo, su herencia, donde comparte con todo el género humano esas contaminadas corrientes de energía de origen grupal; tercero, su participación, con todas las formas naturales de aquello que el Señor de la Vida impone a Su cuerpo. Estas tres influencias son denominadas “La antigua Ley de Participación del Mal”.

    Algún día ésta debe ceder su lugar a la nueva “Ley del Antiguo y Predominante Bien”, que reside detrás de todo lo que Dios ha creado. Esta ley debe ser puesta en vigencia por la voluntad espiritual del hombre.

    Esta Ley contiene afirmaciones muy amplias y en realidad constituye el resumen de dos leyes, una de las cuales rige en la actualidad y la otra lo hará eventualmente. En bien de la claridad y porque las personas leen comúnmente en forma muy superficial, permítanme dividir esta ley en sus diferentes afirmaciones y así podrán adquirir una mejor idea de sus implicaciones:

    1. La enfermedad es el producto de tres influencias y está sujeta a ellas:

    a. El pasado del hombre, en que paga el precio de antiguos errores.

    b. Su herencia, donde comparte con todo el género [e399] humano esas contaminadas corrientes de energía de origen grupal.

    c. Su participación, con todas las formas naturales, de aquello que el Señor de la Vida impone a Su cuerpo.

    2. Estos tres tipos de energías se denominan “La Antigua Ley de Participación del Mal”.

    3. La “Ley del Antiguo y Predominante Bien” que reside detrás de todo lo que Dios ha creado.

    4. Esta Ley reemplazará algún día a la “Antigua Ley de Participación del Mal”.

    5. Será puesta en vigencia por la voluntad espiritual del hombre.

    Esta ley retrotrae el pensamiento del hombre hasta la ley básica del karma, que, como bien saben, es ineludible y que el curador moderno, en los actuales cultos y organizaciones de curación, pasa por alto constantemente. Ya nos hemos ocupado de estas influencias y causas predisponentes y no es necesario elaborarlas más, excepto decir que una de las cosas más útiles que el paciente debe recordar y el curador tener presente, es que la enfermedad tiene sus raíces en el pasado (un pasado grupal o individual) y puede ser, en último análisis, una forma benéfica de pagar antiguas deudas. Esto induce al paciente a mantener una actitud pasiva y constructiva -no una pasividad que conduce a la inactividad, sino que despierta el sentido de responsabilidad para una correcta acción. Esta correcta acción conducirá a cancelar totalmente la deuda, mediante el bien conocido proceso de la muerte, o al éxito de los pasos emprendidos, para lograr la salud. En el caso del curador, lo conducirá al conocimiento de poderosas fuerzas que actúan a través del paciente, y a aceptar [i545] lo que el destino le ha asignado; en ambos casos la febril ansiedad, tan a menudo presente, no se entrometerá entre la intención del curador y el paciente, evitando sensatos acontecimientos.

    Otra cosa de importancia para el paciente es tener presente, si su estado lo permite, que está sufriendo el mismo destino y sino de la mayoría, y que él no es el único. Un correcto tratamiento para restablecer la salud constituye el principal factor para eliminar la separatividad y el sentido de soledad y aislamiento; por esta razón los efectos de la mala salud, cuando se los maneja correctamente, conducen a dulcificar el estado de ánimo y acrecentar la simpatía. El sentido general de compartimiento y participación, se aprende comúnmente de la manera más dura -repito, tal es la ley.

    En esta ley tenemos la clave de aquello que finalmente erradicará de la tierra a la enfermedad. Permítaseme decirlo en forma más sencilla. Cuando la mayoría de los habitantes de la tierra se orienten rápidamente hacia el bien, hacia la rectitud, como lo expresa La Biblia, y cuando el conjunto de seres humanos se incline hacia la buena voluntad (la segunda y principal expresión del contacto y la influencia del alma en la vida del individuo y de la humanidad -la primera expresión es el sentido de responsabilidad), entonces la persistente mala salud irá desapareciendo, aunque sólo gradualmente, y se desvanecerá y dejará finalmente de existir. Esto sucede en forma lenta, muy lenta -no la desaparición de la enfermedad, sino la obtención de una orientación más correcta.

    Lo que ello realmente significa es que el canal de contacto entre el individuo y su alma y el alma de la humanidad, es cada vez más directo y sin obstrucción. El alineamiento se va logrando. Por lo tanto, pueden ver nuevamente por qué el curador durante la vida debe poner el énfasis sobre el contacto y el alineamiento y por qué muy pocos pueden lograrlo. Los curadores de hoy establecen poco o ningún contacto, y casi no tienen conciencia directa de la necesidad ni verdadero conocimiento de las técnicas a seguir.

    Es conveniente captar este importante punto para evitar el desengaño. Las enfermedades no desaparecerán del mundo, súbita ni milagrosamente, en el período inmediato que anuncia la nueva era. Si así fuera, implicaría que la Ley de Karma ha dejado de regir y esto no es así.

    La frase final de esta segunda ley da una indicación básica acerca del período de tiempo: la Ley del Bien Predominante, que será puesta en vigencia por la voluntad espiritual del hombre. ¿Qué significa esto?

    Significa que cuando un sinnúmero de hombres estén controlados por la Tríada espiritual, hayan construido el antakarana y puedan en consecuencia emplear la voluntad espiritual, se erradicará la enfermedad y solamente regirá el bien. Por supuesto este proceso será gradual y casi imperceptible en las primeras etapas. Nuevamente, ¿por qué esto es así? Porque el mal, la delincuencia y la enfermedad son el resultado de la gran herejía de la separatividad y porque rige el odio y no el amor. No olviden que quien no ama a su hermano es un criminal, y constituye siempre el símbolo del odio. El sentido de universalidad y de identificación con todos, no existe aún, excepto en los discípulos avanzados e iniciados; la conciencia de masa y la manifestación del instinto de rebaño no debe confundirse con el sentido de unicidad que señala a la persona correctamente orientada. En la nueva era, las enseñanzas sobre el antakarana y la constitución del hombre, principalmente desde el ángulo de los “tres cuerpos periódicos” y no tanto desde el triple hombre inferior, se acentuará particularmente en las escuelas superiores de enseñanza, sentando así una sólida base para las escuelas esotéricas, las cuales irán surgiendo lentamente. Con ello se obtendrá una nueva perspectiva para la humanidad. Se enseñará la naturaleza de la voluntad espiritual, en contraposición con la voluntad personal egoísta; por su intermedio las grandes y nuevas potencias serán liberadas sin peligro en la vida diaria.

    Hasta ahora ni los discípulos tienen una mínima idea del excesivo poder de la voluntad triádica. Aquí podría afirmarse que esos curadores que poseen conciencia triádica y pueden ejercer la potencia de la vida y la voluntad monádica, por intermedio de la Tríada espiritual, siempre obtendrán éxito, no cometerán errores, porque poseerán una exacta percepción espiritual, lo cual les permitirá saber si es factible la curación y, mediante el empleo de la voluntad, actuar con poder y sin peligro sobre el centro coronario del paciente. Lógicamente confinarán sus poderes curativos para quienes viven enfocados en la cabeza. Estimularán al alma, anclada allí, para que entre en actividad efectiva, iniciando así la verdadera autocuración.

    Observarán por lo antedicho, cuán relativamente sencillas son estas Leyes, si se las considera detenidamente, y cuán bellamente están relacionadas entre sí. El dominio y la comprensión de una, facilita la comprensión de la siguiente.

    Recuerden que la voluntad actúa a través del centro coronario y, teniendo esto presente, relacionen la información dada al principio de esta instrucción acerca de la Ley I. con lo que he dado aquí. Si estudian profundamente estas leyes quienes tratan de aprender a curar espiritualmente, y si el curador se esfuerza en ajustar su vida a las reglas, se irán configurando en su mente un definido método de curación y una emergente técnica y se acrecentará grandemente su servicio efectivo. También observarán que no doy reglas y leyes aplicables a enfermedades específicas. Me temo que esto desilusione a muchos trabajadores sinceros, pues esperan que indique lo que se debe hacer, por ejemplo, para curar el cáncer del hígado, la neumonía, la ulcera gástrica, o ciertos tipos de enfermedades cardíacas. No tengo la intención de hacerlo. Mi trabajo es mucho más fundamental. Me ocupo de las causas y principalmente del cuerpo etérico como distribuidor de energías o detentor de esas energías cuando son trasformadas en fuerzas; trato del estado de conciencia del curador y de las teorías que debe abarcar, de su comprensión acerca de la relación del alma con sus vehículos de expresión (particularmente, en el caso de curación, con el cuerpo vital) y del control de los centros establecidos en cada zona del cuerpo, ya sea distribuyendo libremente la energía y manteniendo el cuerpo en buena salud o -por una actividad subdesarrollada o inhibida- produciendo esas condiciones que hacen posible y probable la enfermedad.

    Podrán observar, por lo tanto, la simplificación del proceso de curación cuando reconocemos y comprendemos las causas responsables del funcionamiento del cuerpo en el plano externo. El curador debe recordar los hechos, en las siguientes secuencias:

    1. La realidad de la existencia del alma, que actúa a través de
    2. la mente y el cuerpo astral, cuyas energías condicionan a
    3. el vehículo etérico, un vórtice de energías enfocadas a través de numerosos centros, mayores y menores.
    4. Los siete centros mayores, que controlan zonas definidas del cuerpo a través dea. los nadis,
    b. los nervios,c. el sistema endocrino,
    d. la corriente sanguínea.Estos cuatro grupos de aspectos condicionados del hombre, conciernen a la vida y a la conciencia, los dos principales aspectos del alma cuando se manifiestan en el plano físico.

  6. LEY III (nuevamente, el tema DE LOS PLANOS DIMENSIONALES)

    Las enfermedades son el efecto de la centralización básica de la energía vital del hombre. Del plano en que dichas energías están enfocadas provienen esas condiciones determinantes que producen mala salud. En consecuencia, se manifiestan como enfermedad o como buena salud.

    Esta ley indica que una de las principales determinaciones del curador consiste en llegar a ese nivel de conciencia desde donde emana la energía predominante en el cuerpo etérico.

    Recordaré aquí que en La Doctrina Secreta H. P. B. establece que plano y estado de conciencia son términos sinónimos e intercambiables; en todos mis escritos no trato de hacer hincapié sobre el nivel de la materia o sustancia (un plano, como se lo llama) sino sobre la conciencia, cuando se expresa en esa zona ambiental de la sustancia consciente.

    Esta antigua ley asegura que la enfermedad es un efecto de la centralización básica de la energía vital del hombre, la cual no es la misma que la energía o fuerza de la conciencia, sino que la conciencia es siempre el factor directriz en toda expresión de la vida inmanente, porque existe básica y únicamente una energía mayor -la energía de vida.

    Donde está enfocada la conciencia del hombre, la energía de vida reunirá allí sus fuerzas. Si la conciencia está enfocada en el plano mental o en el astral, la energía de vida no estará tan fuertemente enfocada ni anclada en el centro cardíaco (el centro donde se halla el principio vida), y sólo una parte de su energía vital encontrará su camino hacia el cuerpo físico, vía el vehículo etérico. La mayor parte será retenida (empleando una palabra inadecuada) en el plano donde la conciencia funciona predominantemente o -en otras palabras- su expresión estará condicionada por el estado de conciencia correspondiente a ese nivel de percepción o lugar de contacto con el Todo divino, o Conciencia divina, que hace posible el grado de evolución en el hombre.

    La tarea del curador consiste por lo tanto en descubrir dónde se halla este foco de conciencia; ello nos retrotrae al punto donde dije que el paciente es esencialmente de tipo mental o emocional, y muy raras veces su conciencia está centrada exclusivamente en lo físico.

    Cuando esa conciencia se haya estabilizado en la del alma, habrá pocas enfermedades, y los trastornos físicos del paciente muy evolucionado serán vinculados entonces con el impacto que la energía del alma hace sobre un vehículo físico no preparado; en esta etapa sólo lo afectarán ciertas enfermedades principales. No será susceptible a las pequeñas dolencias y a las constantes e insignificantes infecciones que convierten la vida del hombre común o subdesarrollado en molesta y difícil. Podrá sufrir de enfermedades cardíacas y nerviosas y dolencias que afectan la parte superior del cuerpo y esas zonas controladas por los centros ubicados arriba del diafragma; no obstante, las dificultades producidas por intermedio de los centros etéricos menores (de las cuales existen muchas), o por los centros ubicados abajo del diafragma, no existirán generalmente -a no ser (como puede suceder en el caso de un discípulo muy avanzado) que deliberadamente haga suyas las condiciones engendradas por su servicio mundial a los hombres.

    Debido a que la mayoría de los seres humanos están actualmente centralizados en el plano astral (o en el cuerpo astral), se evidencia inmediatamente la clave de una de las fuentes más grandes de la enfermedad. Cuando la conciencia de la raza se traslade al plano mental -y esto tiene lugar lentamente- entonces desaparecerán las enfermedades más ampliamente conocidas y prevalecientes y sólo quedarán las de tipo mental o las de los discípulos para perturbar la paz del individuo. Sobre éstas ya me ocupé en un tomo anterior.1

    La Ciencia Mental (tal como se expresa en la pobre imitación de la realidad denominada pensamiento) reconoce correctamente que las emociones del hombre son responsables de gran parte de las enfermedades. También es correcto en sus esfuerzos por lograr que el paciente cambie sus actitudes emocionales y reaccione en diferente línea, ante la vida, las circunstancias y la gente. Pero está muy equivocada si cree que eso es suficiente; al ignorar todos los procedimientos científicos vinculados con el cuerpo etérico, no tiene cómo relacionar la naturaleza emocional con el vehículo físico, por lo tanto existe una laguna en sus razonamientos y una falla consiguiente en su técnica. Esto hace que sus actividades sean inútiles, excepto desde el ángulo del carácter. Cuando ha logrado una curación, se debe a que en cualquier caso el paciente estaba destinado a recuperarse, pero ha servido un propósito útil al corregir la condición del carácter, por el cual se mantuvo en constante peligro de enfermarse. Ella no ha obtenido la curación, y proclamarlo es un engaño tanto para el curador como para el paciente. Todo engaño es peligroso y obstaculizador.

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