La claridad universal, sin deslumbrar, nos guía en la esencialidad.

Seguimos abordando éstas cuestiones, através de la multiplicidad de estados en manifestación, que nos muestren ó RESULTEN LIBERTARIOS, sin generar DEPENDENCIA.

Lo que tan ardorosamente tratan de obtener, de lograr, y que asume una indebida proporción en la mente, con el tiempo se convierte en una prisión, que debe ser destruida posteriormente. Tal es la ley oculta. La impersonalidad sólo es posible para el discípulo que ama verdaderamente y para quien ve la vida y su fantasmagoría (incluyendo las personas con quienes está asociado), a la luz de la Tríada espiritual.

A ello se refiere principalmente esta regla, y no podrán captar su significado mientras sus mentes no estén algo esclarecidas, respecto a las verdaderas relaciones grupales, las cuales no se basan en la personalidad o impersonalidad, la simpatía o antipatía, la crítica o no, sino en la verdadera comprensión de la “divina indiferencia”, el desapego espiritual y un amor profundo, persistente e inmutable. La mayoría de los aspirantes ansiosos, considerarán paradójica la yuxtaposición de estas frases, pero la comprensión de las paradojas esotéricas trae realmente la liberación. En la captación de estas actitudes básicas reside la primera lección del que aspira participar en la iniciación grupal.

La segunda lección que debe aprender el grupo, que así se esfuerza, es la necesidad de utilizar la fuerza destructora.

Un grupo (grupos en el espacio-tiempo y sus planos) se forma de acuerdo a la ley kármica, la necesidad ashrámica y las directivas del alma, lo cual proporciona inmediatamente a los Maestros observadores, la oportunidad de impartir, a los dispuestos aspirantes, un entrenamiento definido, de verdadera dificultad.

En realidad, pocas cosas pueden ser de valor para vincular a esas personas, excepto su inclinación, su aspiración conjunta y la meta visualizada y sostenida al unísono. El egoísmo espiritual constituye la característica más notable de dicho grupo. Quizás esta afirmación les cause extrañeza, hasta no haber examinado con más conciencia su propio corazón, y me aventuro a predecir que no es que el amor divino les haya permitido abrirse camino hacia el grupo externo de algún ashrama, sino el deseo de evolucionar, realizar y obtener la liberación. Por lo tanto, el primer paso consiste en reconocerlo, y de ahí el mandato tan frecuentemente incomprendido: `’Matar el deseo”. Esa debe ser la primera actividad destructora del discípulo. Lo que el discípulo busca, anhela o desea, no debe condicionarlo e impulsarlo hacia lo que podríamos denominar “pasividad ashrámica”, sino el móvil omnimpelente de la necesidad del mundo. El discípulo comienza de esta manera a despojarse de todo deseo, mediante la atrición. No lucha positivamente contra el deseo a fin de eliminarlo, ni trata de trasmutarlo (como debe hacerlo el discípulo en probación), sino que no lo reconoce; tampoco le proporciona la necesaria atención estimulante, porque la energía sigue siempre al pensamiento; se preocupa por la necesidad del mundo y del servicio que puede prestar, y (en forma casi imperceptible, por así decirlo) el deseo muere por atrición.

Por lo tanto, se observará que el grupo tardará mucho tiempo para destruir el deseo individual, y hasta no llevarse a cabo en cierta medida este unido proceso liberador, el grupo no podrá avanzar como unidad (Álmica) en el sendero de iniciación.

El siguiente paso consiste en destruir los lazos que vinculan a las personalidades de los miembros del grupo. Los lazos deben romperse y la relación entre los miembros del grupo estará fundada sobre la actividad del alma, la consagración conjunta al Maestro del ashrama y el servicio unido, prestado a la humanidad. En la relación grupal se presenta una etapa de liberación que se demostrará en alguna actividad unida y definidamente planificada, llevada a cabo en el mundo externo, pero que enriquecerá la vida del ashrama. Hasta no haber alcanzado esta etapa, la actividad del grupo será análoga a la del discípulo en probación y no a la del discípulo consagrado.

El surgimiento espontáneo del trabajo grupal, engendrado por la conciencia grupal, que fusiona al grupo de discípulos en un punto de tensión al prestar servicio, constituye la primera indicación de que ya está preparado para recibir mayor enseñanza, intensificar su potencia grupal y relacionarse más estrechamente con el Maestro. Esto lo logra el grupo independientemente de cualquier mandato del Maestro, y como resultado de la unida vida egoica del grupo, que eficazmente hace sentir su presencia. Ambos procesos, espiritualmente destructores -la destrucción del deseo y el rompimiento de los lazos de la personalidad-, son los primeros y esenciales resultados del verdadero trabajo grupal.

La tercera falla que debe ser totalmente desarraigada y destruida, es toda reacción para obtener el reconocimiento, provenga del mundo de los hombres, de otros discípulos o del Maestro. La capacidad de trabajar sin ningún reconocimiento compensador, de ver que los demás exigen recompensa por la actividad emprendida, sin preocuparse de que otros se adjudiquen los resultados obtenidos del bien que ha iniciado el discípulo individual o el grupo, constituyen los blasones del trabajador jerárquico. A los Maestros, aunque hayan iniciado el impulso original y proporcionado guía y dirección, no se Les reconoce el trabajo de Sus discípulos; el discípulo lleva a cabo el Plan, se hace cargo de la responsabilidad, paga el precio de lo bueno o malo de los efectos kármicos, derivados de la actividad instituida, y es quien recibe el reconocimiento del vulgo. Pero -mientras no deje de esperar reconocimiento y piense en los resultados, y mientras sea inconsciente de la reacción del mundo por el trabajo realizado, como discípulo individual- el discípulo tendrá aún mucho que andar para recibir las iniciaciones superiores. Se acrecienta la dificultad del problema cuando está involucrada la totalidad de un grupo ashrámico, porque les parece que reclamar reconocimiento es pedir muy poco al mundo al que se ha prestado servicio; no obstante, tal demanda y expectativa demoran la total absorción del grupo en el ashrama interno.

Sin embargo, no son objetivos imposibles, pues de lo contrario yo no perdería el tiempo de ustedes ni el mío, en exponerlos. El grupo puede estar a la altura de la necesidad esotérica si sus componentes reconocen mutuamente el alcance del esfuerzo, y luchan mancomunadamente para absorberse en el servicio -absorción tan profunda que excluya todo reconocimiento, particularmente de carácter personal. Por lo tanto, volvemos nuevamente (como sucede siempre) a la realidad de que un grupo llega a un punto apropiado de tensión unida, cuando desaparecen las reacciones no esenciales y las cualidades indeseables son desechadas automáticamente.

Estos tres tipos de trabajo, en líneas destructoras, merecen ser considerados cuidadosamente y -debido a que corresponden al aspecto destructor- se evidenciará que el método aplicado consiste en utilizar la Voluntad grupal, la cual, análogamente, sólo aparecerá de acuerdo a la Ley de Continuidad Oculta, siempre y cuando el grupo actúe inteligentemente y exprese el amor en forma adecuada.

Llegamos ahora al tercer factor involucrado en la iniciación grupal, la diversidad en la unidad, utilizada y reconocida conscientemente. No todos los discípulos de un grupo se preparan para recibir la misma iniciación. Quizás a los miembros del grupo les cueste aceptar estas duras palabras. Mi afirmación anterior de que un grupo está compuesto por hombres y mujeres que han alcanzado la misma etapa de evolución, es una amplia generalización, y significa simplemente que todos han llegado a la etapa donde se han consagrado y comprometido irremediablemente a realizar el trabajo del ashrama, (ALMA, conjunto álmico) guiados por determinado Maestro. (Fuente-espíritual).

No obstante, el trabajo requiere una diversidad de cualidades y poderes a fin de manifestarse eficazmente en el plano externo. Necesita de quienes están en estrecho contacto con el Maestro y son iniciados de cierta categoría, y también de quienes pueden fácilmente establecer relación con el ashrama interno y son discípulos avanzados, aunque no imprescindiblemente iniciados elevados; tampoco puede prescindir de quienes no están muy avanzados en el sendero del discipulado, pues han establecido o pueden establecer una estrecha relación con la humanidad común en la vida cotidiana. Un grupo así constituye, en consecuencia, una jerarquía en miniatura, y una jerarquía existe en diversos grados a fin de establecer un amplio campo de relación efectiva. Reflexionen sobre este enunciado.

Observarán por qué es necesario eliminar las reacciones de la personalidad; sólo así los grupos podrán actuar como unidades coordinadas, y sus miembros reconocer la categoría de los otros sin sentir envidia y el resultante menosprecio; el trabajo se basa en la inspiración, en la coordinación y en la aplicación práctica. Los miembros avanzados del grupo y quienes poseen un grado muy elevado (cualquiera sea), proporcionan el Plan como incentivo, a medida que lo van recibiendo del Maestro; los discípulos más experimentados coordinan el Plan dentro del grupo, relacionándolo con el ashrama, y señalan su presentación al mundo de los hombres; los neófitos -consagrados y dedicados, pero inexpertos- llevan a cabo el Plan en el plano físico. Implica, como observarán una coordinación pareja y eficaz, debida atención al panorama general y dedicación al detalle del trabajo, aplicándolo a la necesidad inmediata. Esta tarea es muy ardua para un grupo de discípulos intensamente individualistas (todos los son), que comienzan a dar los primeros pasos para adoptar las actitudes y relaciones que caracterizan a la Jerarquía como un todo.

Guardar silencio constituye otro factor importante en la preparación grupal para la iniciación. A veces nos preguntamos, al tratar los asuntos del ashrama, cómo hacer entender a nuestros discípulos de que el silencio no significa abstenerse de hablar. La mayoría de los discípulos lo cree así, y también que deben aprender a no hablar, en la esperanza de recibir la iniciación. Para algunos sería mejor hablar más de lo que acostumbran -sobre correctas líneas. El silencio exigido en el ashrama es abstenerse de formular ciertas corrientes de pensamiento, eliminar toda fantasía y evitar el empleo malsano de la imaginación creadora.

Entonces, el habla se controla desde su fuente de origen, porque es el resultado de ciertas fuentes internas de ideas, pensamientos e imaginación; es la precipitación (al alcanzar un punto determinado de saturación, si así puedo expresarlo) de los depósitos internos que se desbordan en el plano físico. Cuando nos abstengamos de hablar y de pronunciar palabras, porque estemos convencidos de que vamos a decir algo erróneo, indeseable e insensato, o constituye un derroche de energía, puede también producir una serie y desastrosa condición en el cuerpo astral del discípulo, acrecentándose la acumulación interna que eventualmente conducirá a una más violenta explosión verbal. Deben cultivar el silencio mental, hermanos míos, pero no quiero significar que piensen silenciosamente, sino que ciertas líneas de pensamientos deben rechazarse, suprimirse algunos hábitos mentales y no establecerse determinados acercamientos a las ideas, lo cual se logra aplicando el proceso de sustitución, no el de la violenta supresión. El iniciado aprende a mantener su mecanismo mental en una condición eficiente. Sus ideas no se entremezclan, están contenidas (si puedo expresarlo gráficamente) en compartimentos separados, o cuidadosamente archivadas para una futura referencia y uso.

Existen determinadas capas de ideas (hablando también simbólicamente) retenidas en el ashrama, a las cuales les está vedado penetrar en la mente del discípulo o iniciado, si no trabaja conscientemente en el ashrama; a otras que están relacionadas con el grupo y su trabajo, se les concede el libre juego dentro del “círculo no se pasa” grupal; aún otras son de índole más mundana, y rigen la vida diaria y las relaciones del discípulo con las demás personalidades, con los asuntos de la vida civilizada y los acontecimientos del plano físico. Éstas son meras insinuaciones de lo que quiero significar, y bastarán para demostrar (si reflexionan debidamente) en pequeña medida, lo que expresan las palabras: el silencio del iniciado. Dentro de los niveles permitidos de contacto se puede hablar libremente y sin trabas; fuera de esos niveles no se da indicaciones de que existen otras esferas de actividad mental, con su condicionante lenguaje. Ése es el silencio del discípulo iniciado.

Por lo tanto, hemos considerado en forma sumaria, aunque sugestiva, las cuatro cualidades que debe desarrollar, considerar y realizar conjuntamente el grupo que se prepara para la iniciación, y son:

1. El logro de una interrelación grupal no sentimental.

2. Cómo utilizar constructivamente las fuerzas destructoras.

3. El logro del poder para actuar como una Jerarquía en miniatura y como un grupo, a fin de ejemplificar la unidad en la diversidad.

4. El desarrollo del poder del silencio interior de el Alma.

13 comentarios

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13 Respuestas a “La claridad universal, sin deslumbrar, nos guía en la esencialidad.

  1. A esta altura de nuestra consideración de las catorce reglas para iniciados, quisiera referirme al tema de la iniciación grupal; los grupos que buscan al unísono la expansión de conciencia, deben aprender a cumplir estas reglas. Por esa razón me he abstenido de entrar en detalle al relacionarlas con los siete centros o, específicamente, con las siete grandes iniciaciones solares.

    De estas siete, cinco conciernen a la humanidad común, y las dos restantes, a quienes están dispuestos a cumplir ciertos requisitos excepcionales y a realizar ese esfuerzo especial que los hará merecedores del apelativo de “Triunfadores mediante la voluntad pura”.La iniciación grupal no es fácil de lograr, pues no se ha experimentado prácticamente, y constituye en esencia un esfuerzo precursor. La Jerarquía previó la inevitabilidad de ese desarrollo siempre que el progreso evolutivo de la humanidad satisficiera en alguna medida. Sin embargo, pasaron millones de años antes de aparecer esa posibilidad -como esfuerzo hipotético-, y hasta ahora sólo se han hecho ensayos y experimentos. El primer objetivo de estos experimentos (llevados a cabo silenciosamente en varios lugares del mundo) consiste en comprobar si un grupo de discípulos es capaz de trabajar en forma tal, que los Maestros observen que tiene lugar la fusión interna. Los resultados no han sido alentadores hasta ahora. Ha sido difícil hallar discípulos que estén aproximadamente en la misma etapa de evolución, cuyos rayos “fulguren” adecuadamente, y evidencien alguna cualidad o tema dominante (si puedo emplear tal frase), compartido al unísono, que los mantenga unidos y con la fuerza suficiente para contrarrestar las diferencias, preferencias y barreras de la personalidad. Esto no ha sido posible hasta ahora. Distintos Maestros, en diversas partes del mundo, han experimentado y puesto a prueba un grupo tras otro, y hasta hoy tales tentativas han sido un fracaso. Cuando empleo esta palabra quiero significar el fracaso desde el ángulo del objetivo planificado.Seria de valor considerar brevemente qué involucra la iniciación grupal, haciéndolo en forma realista y no sentimental y aspiracional.

  2. ATENCIÓN : Están clausurando TODA FUENTE DE PENSAMIENTO ALTERNATIVO, QUE NO SE SUBORDINE A LAS ENSEÑANZAS Y (falsos) “GURÚS ” aparienciales. ó que UTILICEN CONCEPTOS DIFERENTES ú opuestos a las líneas directrices del SISTEMA.

    Señalamos, entanto que orígenes verídicos, a la PROPIA ESENCIA Y RESPONSABILIDAD, con arreglo al propio nivel de comprensión, SIN dependencias conceptuales de las hipnosis FENOMÉNICAS.

    Los Mestros Verídicos, NO LLEVAN BARBA, NI USAN TURBANTES, ni ningún otro ADITAMENTO, que pudiera señalarlos como AUTORIDAD.

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