Conciencia Búdica: los valores superiores en Toda manifestación.

8 Bienaventurados los de limpio corazón,  pues ellos verán a Dios,  la  Fuente  verídica  Original que hallarán en Sí mismos.
9 Bienaventurados los que procuran la paz,  pues ellos serán   llamados   hijos de Dios.
10 Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos.

11 Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de Mí,  que  soy  lo  Verídico. 12 Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros.

13 Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya para nada sirve, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres.
14 Vosotros sois la luz del mundo  en  vuestra  Esencialidad.   Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar;   15 ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa.

10   Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.

Para mayor claridad estudiaremos momentáneamente al microcosmos. Los estudiantes han de comprender que el hombre es Espíritu, o el Yo actuando a través de la materia, que simboliza el no-yo, por medio de la inteligencia o manas; a la vez, deben comprender que la afirmación de este hecho (igualmente respecto al Logos solar, al Hombre celestial y al ser humano) implica aceptar ciertas conclusiones basadas en la manifestación misma.

Una de éstas consiste en construir la forma por medio del principio manásico. En consecuencia, se ha de estudiar todo el tema referente a los Constructores o Entidades que personifican a la Mente Universal y a las vidas que animan la forma, quienes son los divinos Manasaputras en Su total comprehensión.

En la comprensión esotérica de esto se halla el secreto de la estrecha relación que existe entre el hombre y la evolución dévica, siendo el hombre depositario (mediante el Hombre celestial, de cuyo cuerpo es parte) del propósito del Logos, y los devas, en sus grados superiores, el factor atrayente cohesivo que manipula la materia y la moldea en las formas.

Son “socios” indispensables uno del otro; si no trabajaran en estrecha colaboración, este sistema solar objetivo se desintegraría inmediatamente, así como el cuerpo denso y el etérico se desintegran cuando el Espíritu se retira y los Constructores cesan su trabajo.

Tres jerarquías se ocupan particularmente de la manifestación objetiva en materia etérica, la cuarta o jerarquía exclusivamente humana, y las quinta y sexta jerarquías dévicas.

Las otras jerarquías llenan otros fines vinculados a la vida del Espíritu en las formas superiores de los éteres cósmicos; pero en relación con nuestro tema, estas tres jerarquías actúan en los niveles inferiores del plano físico cósmico, cuyos subplanos denominamos plano mental, astral y físico.

Cuando el cinco y el cuatro estén perfectamente fusionados, habremos alcanzado el nueve de una iniciación mayor, y cuando se añada el seis tendremos la disolución en uno de los grupos personificados por un Kumara, como se ha insinuado anteriormente. Esto señala la disolución final de la estrella de seis puntas en la de cinco puntas; este gran misterio concierne principalmente al Hombre celestial de nuestro esquema, y sólo incidentalmente a los grupos dentro de Su cuerpo de manifestación etérica.

Es evidente que toda manifestación constituye por lo tanto la incorporación en la forma de un concepto cósmico y su desarrollo en forma concreta; manas o inteligencia es el factor fundamental de progreso y el medio por el cual se vincula lo abstracto con lo concreto. Esto se acepta como verdad en lo que respecta al hombre, y también lo es respecto a las entidades cósmicas. A medida que el hombre se va introduciendo en el corazón del misterio, va comprendiendo que su objetivo en la evolución consiste en construir conscientemente el canal que va desde los niveles que constituyen para él los planos de lo abstracto o de lo ideal, hasta los concretos, donde actúa habitualmente. Este canal vinculador denominado en forma inadecuada es, literalmente, “EL SENDERO”. El hombre lo construye:

Por medio del principio conscientemente aplicado.
Por el proceso de trascender las limitaciones kármicas de los tres planos inferiores.

Por el método de dominar la materia, o la Personalidad considerada como el no-yo.

Por la expansión gradual de la conciencia, hasta abarcar los planos que intenta alcanzar, demostrando así que la afirmación: para hollar el Sendero el hombre se ha de convertir en el Sendero mismo, es verdadera; también es exacta la verdad esotérica: el antakarana es, en sí mismo, una ilusión. Reflexionen sobre esto porque iluminará a aquellos que tengan ojos para ver.

En el proceso de hollar el Sendero y alcanzar la meta, el hombre se disuelve en la estrella de cinco puntas y, finalmente, en el triángulo del Espíritu. Entre ambas etapas, existe una etapa esotérica misteriosa en que se disuelve en el cuatro, pero esta vez, no en el cuatro del cuaternario inferior, sino en un cuatro superior.

El hombre llega a ser parte de la conciencia de ese grupo oculto insinuado varias veces como cercano a los tres Logos, los cuatro grandes Maharajáes, los dispensadores del karma, los depositarios del propósito cósmico, reflejados (solamente reflejados) en el cuaternario logoico o en los cuatro Hombres celestiales, quienes personifican (con su tercero sintetizador) al manas logoico. Los cuatro y el sintetizador constituyen en Sí Mismos la suma total de manas, el aspecto Brahma o Inteligencia activa. El karma actúa a través de manas, y sólo cuando la estrella de seis puntas (o la suma total de la mente concreta con sus diversas divisiones) se convierte en la estrella de cinco puntas, la síntesis de lo inferior en lo abstracto o superior, se hace posible la transmutación en el tres, o Triada espiritual, por intermedio de los cuatro, o depositarios amorfos del propósito kármico. Así se logra la liberación, el hombre queda liberado y el microcosmos llega a SER, sin necesidad de tomar forma. Podría aquí insinuarse algo sobre el microcosmos:

Cuando el microcosmos ha trascendido los tres mundos de la materia y se ha convertido en la estrella de cinco puntas, penetra en la conciencia de la Mónada o Espíritu puro, a través del cuarto plano búdico.

El plano búdico es para el hombre el plano de la analogía kármica; en dicho plano penetra en la esfera donde colabora conscientemente en el agotamiento del karma del Hombre celestial, una vez que ha agotado completamente su karma personal en las tres esferas inferiores. El estudiante suficientemente intuitivo, puede dilucidar los planos que corresponden al plano búdico de un Hombre celestial y de un Logos solar. Esto podrá hacerse si se extiende la idea hasta los niveles cósmicos, más allá del sistema.

EN NUESTRO TIEMPO ACTUAL: LAS COSAS QUE A NADIE INTERESAN:

ASI QUE AQUI TENEMOS, LO QUE NADIE DEBE DE SABER DE LO QUE HACEN SUCEDER EN ESTE MUNDO:

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13 comentarios

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13 Respuestas a “Conciencia Búdica: los valores superiores en Toda manifestación.

  1. sencillamente, I N C R E I B L E, que alguien se atreva a expresarse

  2. La Revelación de la “Presencia”.

    Durante los períodos finales del cielo de encarnaciones, donde el hombre hace malabarismos con los pares de opuestos y que, a través de la discriminación está siendo consciente de la realidad y de la irrealidad, surge en su mente la comprensión de que él mismo es una Existencia inmortal, un Dios imperecedero y una parte de lo Infinito.

    Cada vez se hace más evidente el eslabón entre el hombre en el plano físico y este Regidor interno, hasta que sobreviene la gran revelación. Llega un momento en la existencia del hombre en que se encara conscientemente con su yo real, y sabe que él es ese yo en realidad y no en teoría. Adquiere conciencia del Dios interno, no por medio del oído ni de su atención a la voz interna que dirige y controla, denominada la “voz de la conciencia”, sino por medio de la percepción y de la visión directa. Ahora responde no sólo a lo que oye sino también a lo que ve.

    Sabemos que los primeros sentidos que el niño desarrolla son: el oído, el tacto y la vista. El niño percibe el sonido y vuelve la cabeza; palpa y toca; finalmente ve conscientemente y estos tres sentidos coordinan la personalidad. Éstos son los tres sentidos vitales. Le siguen el gusto y el olfato, pero no son indispensables, en la vida y aunque carezca de ellos, el hombre no tiene ningún obstáculo para establecer contactos en el plano físico. En la senda del desarrollo interno o subjetivo, rige la misma secuencia.

    El oído –responde a la voz de la conciencia, a medida que guía, dirige y controla. Esto abarca el período de la evolución estrictamente normal.

    El tacto –responde al control o vibración, y reconoce lo que está fuera de una unidad humana separada en el plano físico. Abarca el período del gradual desenvolvimiento espiritual, los senderos de probación y del discipulado, hasta el portal de la iniciación. El hombre entra periódicamente en contacto con lo que es superior a él, adquiere conciencia del “toque” del Maestro, de las vibraciones egoica y grupal, y por medio del sentido oculto del tacto se familiariza con lo interno y sutil. Procura alcanzar aquello que concierne al yo superior y al tocar las cosas invisibles, se habitúa a ellas.

    La vista –esa visión interna que se adquiere por medio del proceso de la iniciación y que después de todo sólo es el reconocimiento de las facultades siempre presentes aunque desconocidas. Así como el niño nace con los ojos perfectamente sanos y llega un día en que lo primero que se observa es su reconocimiento consciente de lo que ve, así también ocurre con el individuo que se está desarrollando espiritualmente. El medio para la visión interna siempre existió y lo que puede verse está siempre presente, pero la mayoría de las personas no lo reconocen.

    Este “reconocimiento” por el iniciado, es el primer gran paso en la ceremonia de la iniciación y hasta no trascenderlo se postergan las demás etapas. En cada iniciación el reconocimiento es distinto y puede sintetizarse de la manera siguiente:

    El ego, reflejo de la mónada, es en sí una triplicidad, como lo es todo en la naturaleza. Refleja los tres aspectos de la divinidad, así como la mónada refleja, en un plano superior, los tres –voluntad, amor-sabiduría e inteligencia activa- de la Deidad. Por lo tanto:

    En la primera iniciación, el iniciado llega a ser consciente del tercer aspecto, o aspecto inferior del ego, el de la inteligencia activa. Se enfrenta con la manifestación del gran ángel solar (pitri) que es él mismo, el auténtico yo. Entonces conoce, sin lugar a duda, que esa manifestación de inteligencia es esa Entidad eterna que, a través de las épocas, ha demostrado sus poderes en el plano físico por medio de sucesivas encarnaciones.

    En la segunda iniciación, esta gran Presencia se ve como una dualidad, y otro aspecto brilla ante él. Se da cuenta que esta radiante Vida identificada consigo mismo, no sólo actúa con inteligencia, sino que su origen es amor-sabiduría. Fusiona su conciencia con dicha Vida y se hace uno con ella, a fin de que en el plano físico, mediante e1 yo personal, esa Vida se vea como amor inteligente, expresándose a sí mismo.

    En la tercera iniciación, el ego se presenta ante el iniciado como triplicidad perfeccionada. No sólo conoce el yo como amor inteligente activo, sino que se revela también como voluntad o propósito fundamental, con el cual el hombre e se identifica inmediatamente y sabe que los tres mundos no contienen nada para él en el futuro, sólo sirven como esfera de servicio activo, manifestándose como amor para lograr un propósito, oculto durante edades en el corazón del yo. Habiéndose revelado ese propósito, puede entonces colaborar con él inteligentemente y así madurarlo.

    Estas profundas revelaciones brillan ante el iniciado en forma triple:

    Como radiante existencia angélica, vista con el ojo interno, con la misma exactitud y criterio, análogamente a como un hombre enfrenta a otro. El gran ángel solar, que constituye el hombre real y su expresión en el plano de la mente superior, es literalmente su divino antecesor, el “Observador” que, durante largos ciclos de encarnaciones, se ha sacrificado para que el hombre pueda SER.

    Como esfera de fuego radiante, vinculada con el iniciado que está ante ella, por el hilo de fuego magnético que pasa a través de todos sus cuerpos y termina en el centro del cerebro físico. Este “hilo de plata” (como se lo llama inexactamente en La Biblia, al describir su liberación del cuerpo físico y la subsiguiente abstracción) emana del centro cardíaco del Ángel solar, vinculando así corazón y cerebro -esa gran dualidad que manifiesta amor e inteligencia en este sistema solar.

    La esfera ígnea está análogamente vinculada del mismo modo, con. muchas otras que pertenecen al mismo grupo y rayo. Este hecho concreto demuestra que todos somos uno en los planos superiores. Una sola vida palpita y circula a través de todo, mediante hilos ígneos y es parte de la revelación que el hombre recibe, ante la “Presencia”, con sus ojos ocultamente abiertos.

    Como policromo Loto de nueve pétalos, que están colocados en tres círculos alrededor de un conjunto central de tres pétalos herméticamente cerrados, los cuales protegen lo que en los libros orientales se denomina “la Joya en el Loto”.

    Este Loto es de rara belleza, palpitante de vida y radiante, en todos los colores del arco iris; en las tres primeras iniciaciones los tres círculos se revelan por orden correlativo hasta que en la cuarta iniciación el iniciado se encuentra ante una revelación mayor y conoce el secreto de lo que encierra el capullo central. A este respecto, la tercera iniciación difiere algo de las otras, pues por el poder de un Hierofante aún más excelso que el Bodhisattva, se conoce por primera vez el fuego eléctrico del espíritu puro, latente en el corazón del Loto.

    Las palabras “ángel solar”, “esfera de fuego” y “loto”, ocultan un aspecto del misterio central de la vida humana, pero sólo será evidente para quienes tienen ojos para ver. La significación mística de estas frases gráficas constituirá una celada o motivo de incredulidad para el hombre que intente materializarlas en forma indebida. En estos términos se oculta la idea de una existencia inmortal, de una Entidad divina, de un gran centro de energía ígnea y del pleno florecimiento de la evolución, y así deben ser considerados.

    En la cuarta iniciación, el iniciado comparece ante la Presencia de ese aspecto de Sí mismo denominado “Su Padre en los Cielos”. Se lo enfrenta con su propia mónada, esa esencia espiritual pura, existente en el plano más elevado, excepto uno, que es para su ego o yo superior, lo que ese ego es para la personalidad o yo inferior.

    La mónada se manifiesta en el plano mental en forma triple, por medio del ego; pero todavía faltan todos los aspectos de la mente, tal como la comprendemos.

    El ángel solar con quien estaba en contacto, se retira; la forma mediante la cual actuaba (el cuerpo egoico o causal) desaparece y sólo queda el amor-sabiduría y esa voluntad dinámica que es la característica principal del espíritu. El yo inferior sirvió para los propósitos del ego y fue descartado; de igual modo el ego sirvió a los designios de la mónada y ya no hace falta; el iniciado se ve libre de ambos, plenamente liberado y es capaz de entrar en contacto con la mónada, así como anteriormente aprendió a entrar en contacto con el ego. Para las restantes manifestaciones en los tres mundos, está regido sólo por la voluntad y el propósito autoiniciados y crea su cuerpo de manifestación, controlando (dentro de las limitaciones kármicas) sus propios períodos y ciclos. El karma que aquí se menciona es el planetario, no el personal. En la cuarta iniciación entra en contacto con el aspecto amor de la mónada y, en la quinta, con el aspecto voluntad, así completa sus contactos, responde a todas las vibraciones necesarias y es el amo de los cinco planos de la evolución humana.

    Además, en las iniciaciones tercera, cuarta y quinta, se hace consciente de esa “Presencia” que encierra en sí esa entidad espiritual, su propia mónada, y la ve como una con el Logos planetario.

    A través del canal de su propia mónada ve los mismos aspectos (que esa mónada personifica) en escala más amplia, revelándolo así al Logos planetario, el cual anima a todas las mónadas de Su rayo. Esta verdad es casi imposible de expresar en palabras y concierne a la relación que tiene el punto eléctrico de fuego, la mónada, con la estrella de cinco puntas, que revela al iniciado la Presencia del Logos planetario. Esto es prácticamente incomprensible para el hombre común, aunque este libro fue escrito para él. En la sexta iniciación, el iniciado actúa conscientemente como aspecto amor de la mónada, y es llevado (por medio de su “Padre”) a un reconocimiento más vasto; llega a ser consciente de esa Estrella que encierra a su estrella planetaria, así como ésta incluyó antes a su propia y diminuta “chispa”. De este modo se pone en contacto consciente con el Logos solar y llega a conocer dentro de sí mismo, la Unicidad de toda vida y manifestación.

    Este reconocimiento se expande en la séptima iniciación, a fin de que dos aspectos de la Vida una lleguen a ser realidades para el emancipado Buda.

  3. Las emociones, y la conciencia:

  4. Caracteristicas astrales en nuestro Ser.

    En el término “astrales”, trato de referirme a los “estados senti-mentales”, los cuales podemos reconocer que nos afectan, pues toda persona, seguramente, nos encontramos INMERSOS EN ELLOS, por el mero hecho de existir en éste mundo y máxime en la sociedad actual y “sus movidas”.

    Éstas son cuestiones, de las cuales considero que debemos de apercibirnos: nuestra propias caracteristicas inherentes aparienciales, las cuales posiblemente descubrimos que son bastante comunes.

    ¿Cómo es nuestra reacción ante ésto … ?

    La base constitucional de nuestro estado “astral”, es la conciencia limitada, y los espejismos-engaños que se procesan por doquier.

    Comprendiendo ésto, cuando me refiero a “Conciencia Búdica”,
    trato de significar aquello que es diferente, intacto, exento de locura.

    No se trata, por lo tanto, de ningún “conocimiento” que “tengamos que adquirir”, sino que se trata de una “nueva constitución” ó estado de ser, la afirmacion de lo desconocido, mediante la negación de lo que ya sabemos es falso, pero que nos ilusiona y nos atrae, por muy diversos motivos … y claro, … nos manipulan.

  5. LAS COSAS QUE NO INTERESAN A NINGUNO DE NOSOTROS:

    Motivos ó disculpas, por las cuales, LAS CUENTAS EN LOS BANCOS, PUEDEN SER BLOQUEADAS … : ( en españa, claro)

    ! … pueden cancelar cuentas … bajo condiciones MUY SUBJETIVAS … !!!

  6. Seguramente … la JUSTICIA DE ESTE MUNDO aparece diáfana ante nuestros ojos …

  7. Stonehenge. ES UNA CONSTRUCCION TOTALMENTE ARTIFICIAL:

    Todavía es posible, QUE ALGUIEN PROSIGA EN LA INOPIA.

  8. EXPLICACIONES DE EL TODO, con diáfana claridad:

  9. ¿ El 23-F … fué un intento de evitar el calvario actual que nos está afectando en la notable degeneracion que se manifiesta … ó fué otra cosa … ?

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