manifestaciones psico-físicas; claridad

Nuestro interés, se centra en el estudio y la observación, en los diferentes aspectos de la manifestación que algunos denominan “humana”, y que se corresponde a las actividades de ciertos Centros Planetarios.

“A través de los procesos de meditación consciente, que creciente y gradualmente se van sintetizando, llevados a cabo por el alma en su propio plano y en la esfera de los aspirantes a observador, el hombre manifiesta (en el cerebro físico) un punto de luz que se ha encendido ocultamente en el plano de la mente.

La luz significa siempre dos cosas, la energía, y su manifestación en la forma, porque luz y materia mental son términos sinónimos.

El pensamiento del hombre y la idea que es propia del alma, han encontrado un punto de contacto y ha venido a la existencia el germen de una “forma” mental, de características específicas.

Cuando ésta “forma mental” se complete, incorporará esa parte del gran Plan (en el que está trabajando la Jerarquía) que el hombre puede visualizar, captar e incluir en el plano mental. Esto es lo que se comprende por la palabra “servicio”, en las primeras etapas de la aspiración del hombre, en sus primeros pasos en el sendero del discipulado hacia la Maestría del Observador Verídico, y en las dos primeras iniciaciones.

Al principio capta a tientas la idea de la unidad de la Vida y su manifestación, como Hermandad, existente entre todas las formas de esa Vida divina. Este ideal subjetivo solamente existente en el “ser interno” conduce paulatinamente a la apreciación de la forma, en la cual, ésta relación esencial puede desarrollarse prácticamente.

En la actualidad un gran número de unidades humanas han hecho ya contacto con el Plan jerárquico, de manera que puede deducirse sin peligro, que el cerebro colectivo de la familia humana (esa entidad que llamamos el cuarto reino de la naturaleza) es sensible a la visión y ha construido su forma iluminada en el plano mental. Más adelante, los conceptos acerca del servicio y del yo, serán inadecuados y se encontrará una forma más apropiada de expresión, pero por el momento, ésta es suficiente.

Esta forma mental, creada por el aspirante, es llevada a la existencia por las energías enfocadas del alma y las fuerzas reorientadas de la personalidad. Esto abarca tres etapas:

1. El período en que el aspirante lucha para lograr esa quietud interna y atención dirigida, que le permitirá oír la Voz del Silencio. Esa voz le expresará, a través de símbolos y la interpretación correcta de las experiencias de la vida, los propósitos y planes con los cuales puede cooperar. De acuerdo a su etapa de desarrollo estos planes pueden expresar:

a. Los planes ya materializados que adquieren forma grupal en el plano físico, con los cuales podrá cooperar, sumergiendo en ellos su propio interés.

b. El plan o fracción de un plan, que es privilegio del individuo manifestar y materializar como actividad grupal en el plano físico. La función de algunos aspirantes es ayudar a esos grupos que están en actividad operante. La función de otros es iniciar esas formas de actividad que están todavía en el plano subjetivo. Sólo los aspirantes libres de ambición personal podrán cooperar verdaderamente en este segundo aspecto del trabajo. Por lo tanto, “Matad la ambición”.

2. El período en el que se habitúa a escuchar con claridad e interpretar correctamente la voz interna del alma y a reflexionar sobre el mensaje impartido. Durante este período “la energía circula”. Se establece una constante respuesta rítmica con la energía mental del alma y, hablando figuradamente, hay un constante fluir de fuerza entre ese centro de energía que llamamos el alma en su propio plano, y ese centro de fuerza que es un ser humano. La energía fluye a través del “hilo” denominado sutratma, y establece una respuesta vibratoria entre el cerebro y el alma.

Aquí podría dar una interesante información, pues me propongo en estas instrucciones vincular las analogías que existen entre los diferentes aspectos de la divinidad, tal como se expresan en el hombre, y en el macrocosmos, el denominado “Hombre celestial”.

La antigua yoga de la época atlante (que ha llegado hasta nosotros en la enseñanza necesariamente fragmentada de la yoga de los centros) nos informa que el reflejo del sutratma, en el organismo humano, se denomina la médula espinal, expresándose en tres canales de nervios, a los cuales se los denomina ida, pingala y, al canal central, sushuma.

Cuando las fuerzas negativas y positivas del cuerpo, que se expresan por medio de los nervios ida y pingala, están equilibradas, las fuerzas pueden ascender y descender por el canal central al cerebro, y desde éste, pasando sin impedimento alguno, a través de los centros de la columna vertebral. Cuando esto sucede tenemos la perfecta expresión del alma en el hombre físico.”

Es de gran valor reconocer la tendencia del propósito de la vida, y saber si el objetivo de una vida constituye el método de la cabeza o del corazón. Aquí se requiere, sin embargo, un sutil discernimiento espiritual, porque el espejismo de la ilusión puede tentar a seguir el sendero de la inercia. Reflexionen detenidamente sobre estas palabras y asegúrense que la cuestión tenga una base sólida y que no provenga de un complejo de inferioridad, ni de la iniciativa de un hermano y su consiguiente envidia, o de una plácida inercia que niega toda actividad.

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4 Respuestas a “manifestaciones psico-físicas; claridad

  1. En el reino animal su efecto será la eliminación del dolor y el sufrimiento, y un retorno a las condiciones ideales del Jardín del Edén.

    Cuando el hombre actúa como alma, cura, estimula y vitaliza; transmite las fuerzas espirituales del universo, y todas las emanaciones nocivas y las fuerzas destructoras encuentran una barrera en el reino humano.

    El mal y sus efectos dependen mayormente de la humanidad como canal activo. La función de la humanidad consiste en transmitir y manejar fuerza. Esto, en las etapas primitivas e ignorantes, se efectúa en forma destructiva y con resultados perjudiciales. Después, cuando actúa bajo la influencia del alma, la fuerza es manejada correcta e inteligentemente con resultados benéficos. Es muy cierta que: “Toda la creación gime a una, y está en dolores de parto hasta ahora, aguardando la manifestación de los hijos de Dios”.

    2. La introducción de la luz. La humanidad es el planetario portador de luz, trasmitiendo la luz del conocimiento, de la sabiduría y de la comprensión, en sentido esotérico. Estos tres aspectos de la luz llevan los tres aspectos de la energía del alma, al alma de todas las formas, mediante el ánima mundi, el alma del mundo.

    Esto es sólo el resultado de la creciente iluminación del hombre. Su conocimiento de la luz lo ha traído a la existencia. ¿Quién puede predecir qué acontecerá cuando predomine el aspecto sabiduría? Cuando el conocimiento y la sabiduría estén fusionados por la comprensión, el alma controlará los tres mundos y todos los reinos de la naturaleza.

    “El intermediario cósmico” es el término aplicado al cuerpo etérico, parte integrante del éter universal. A través del cuerpo etérico fluyen todas las energías, ya emanen del alma, del sol o de un planeta. Por estas líneas vivientes de esencia ígnea pasan todos los contactos que no emanan específicamente del mundo tangible.

    La oscura luz de los diminutos átomos de que está construido el vehículo físico, responde al estímulo que desde el alma desciende a su vehículo y, cuando el hombre está bajo el control del alma, resplandece la luz en todo el cuerpo. Ésta se manifiesta como la irradiación que emana de los cuerpos de los adeptos y santos, produciendo el efecto de brillante y reluciente luz.

    Cuando la radiante luz del alma se fusiona con la luz magnética del cuerpo vital, estimula los átomos del cuerpo físico a tal extremo, que cada uno de ellos a su vez se convierte en un pequeño centro radiante. Esto es sólo posible cuando los centros coronario, cardíaco, plexo solar y el de la base de la columna vertebral, están conectados en forma peculiar, siendo éstos uno de los secretos de la primera iniciación. Cuando los cuatro colaboran estrechamente, la “base del triángulo”, según se la denomina simbólicamente, está preparada para el trabajo mágico. En otras palabras, se los puede enumerar de la manera siguiente:

    a. La forma física material, con su centro en la base de la columna vertebral.

    b. El cuerpo vital, actuando por medio del centro cardíaco, donde radica el principio vida. Las actividades del cuerpo, debido a este estímulo se realizan por medio de la circulación de la sangre.

    c. El cuerpo emocional, actuando mediante el centro plexo solar.

    d. El centro coronario, agente directo del alma, y su intérprete, la mente. Los cuatro se hallan en completo acuerdo y alineamiento.

    Cuando tal es el caso, es posible el trabajo de iniciación y sus períodos de discipulado activo. El trabajo no puede proseguir hasta lograrse esto, lo cual está previsto en el aspirante al efectuarse el acontecimiento simbólico de la luz en la cabeza, precursor de un estado posterior de la iniciación.

    En esta etapa, la luz del alma penetra en la región de la glándula pineal, irradiando allí los éteres en la cabeza, los aires vitales, lo cual estimula los átomos del cerebro, de manera que su luz se fusiona y mezcla con las otras dos, la etérica y la del alma; entonces se produce ese radiante sol interno del cual el aspirante es consciente en su cerebro físico.

    Frecuentemente los estudiantes hablan de una luz difusa o resplandor, luz de los átomos del plano físico de los cuales está compuesto el cerebro; posteriormente quizá digan que han visto en la cabeza algo parecido a un sol, lo cual significa hacer contacto con la luz etérica y la luz física atómica. Luego, perciben una luz eléctrica intensamente brillante; es la luz del alma, unida a la etérica y a la atómica. Cuando llegan a ver esto, son a menudo conscientes de un centro oscuro dentro del sol radiante. Ésta es la entrada en el sendero, revelada por “la luz enfocada en la puerta”.

    Los estudiantes * de la Ciencia Espiritual de Observación,* deben recordar que puede alcanzarse una elevada etapa de conciencia espiritual sin haber visto esta irradiación del cerebro. Ello corresponde a la categoría de los fenómenos, y en gran parte lo determina la calidad del cuerpo físico, el karma pasado, lo que se ha realizado y la capacidad del aspirante para hacer descender el “poder de lo alto” y mantener esa energía firmemente en el centro cerebral, mientras que en su meditación se separa del aspecto forma, y puede contemplarla serenamente.

  2. LA HISTORIA, DE CÓMO SE PRODUCE LA DEUDA, EN TODO PAIS:

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