Radiactividad nuclear en Seres Afines.

El hombre mismo -una idea grande y específica,- desconoce la naturaleza de aquello que se expresa através de él.
Por lo tanto: ¿a quién debemos de ser ó resultar afines ...?

Reconozcamos las coordenadas, en las cuales voluntariamente nos ubicamos.

La verdadera naturaleza de la idea latente es siempre más poderosa, completa y plena que la forma o símbolo por medio del cual trata de expresarse. La materia sólo es el símbolo de una energía central. Cualquier tipo de forma en todos los reinos de la naturaleza, y la totalidad de los vehículos manifestados, en su más amplio significado, sólo son símbolos de la vida -lo que esa misma Vida puede ser, continúa siendo un misterio.

Todos los símbolos emanan de tres grupos de Creadores:

El Logos solar, el cual está construyendo un «Templo en los Cielos».

Los Logos planetarios, que -en Sus siete grupos- crean por medio de siete métodos y sistemas, producen una diversidad de símbolos y son responsables de la concreción.

El Hombre, que construye formas y crea símbolos en su trabajo diario, pero trabaja ciegamente y en gran parte inconscientemente. Sin embargo merece el nombre de creador, debido a que utiliza la facultad mental y emplea el razonamiento.

Los devas menores, las entidades subhumanas y todos esos constructores que tienen que pasar en un futuro distante por el estado humano de conciencia no son considerados creadores. Actúan por los impulsos que emanan de los otros tres grupos. Cada uno de los tres grupos es libre, dentro de ciertos límites específicos.

La interpretación subjetiva es la que revela la idea subyacente en la manifestación objetiva. Esta idea, incorpórea en sí, llega a concretarse en el plano de la objetividad, pues como acabamos de decir, detrás de cada forma se halla sin excepción una idea, y no interesa qué grupo de creadores son responsables de su construcción. Estas ideas son evidentes para el estudiante después que ha ingresado en el Aula del Aprendizaje, así como la forma exotérica del símbolo es todo lo que puede ver el hombre que aún se halla en el Aula de la Ignorancia. En cuanto el hombre ha comenzado a emplear su mecanismo mental y ha hecho, aunque sea, un pequeño contacto con su ego, ocurren tres cosas:

Va más allá de la forma y trata de justificar esto.
Llega con el tiempo hasta el alma que ocultan todas las formas, y lo hace por medio del conocimiento de su propia alma.
Comienza entonces a formularse ideas en el sentido esotérico del término, a crear y a manifestar esa energía del alma o sustancia, que puede manipular.

Entrenar a las personas a trabajar en materia mental es prepararlas para crear; enseñarles a conocer la naturaleza del alma es ponerlas en contacto consciente con el aspecto subjetivo de la manifestación y otorgarles el poder para trabajar con la energía del alma; capacitarlas para desarrollar los poderes del aspecto alma es sintonizarlas con las fuerzas y energías ocultas en el akasha y en el anima mundi.

El hombre puede entonces (a medida que el contacto con su alma y su percepción subjetiva son fortalecidas y desarrolladas) convertirse en un creador consciente, colaborando con los planes de la Jerarquía de Adeptos que trabaja con ideas y trata de expresar estas ideas planetarias en el plano físico. A medida que cursa los diferentes grados en el Aula del Aprendizaje se acrecienta su habilidad para trabajar así y su capacidad para alcanzar el pensamiento que se halla detrás de todos los símbolos. Ya no lo engañan las apariencias, sino que las conoce como formas ilusorias que velan y aprisionan algún pensamiento.

El significado espiritual es lo que se halla detrás del sentido subjetivo velado por la idea o pensamiento, así como la idea está velada por la forma que asume en la manifestación exotérica, lo cual puede ser considerado como el propósito que engendró la idea y la condujo a su surgimiento en el mundo de las formas. La energía dinámica central es responsable de la actividad subjetiva.

Estos tres aspectos de un símbolo pueden ser estudiados en relación con todas las formas atómicas. Existe, por ejemplo, esa unidad de energía que llamamos átomo físico o químico, el cual tiene una forma que simboliza la energía que lo produce. La forma del átomo es su manifestación exotérica. Tenemos también esos aspectos atómicos que llamamos -a falta de mejor término- electrones, siendo en gran medida responsables de la cualidad de cualquier átomo, así como el alma del hombre es responsable de su naturaleza peculiar. Representan el aspecto subjetivo o vida. Finalmente, existe el aspecto positivo, la energía responsable de la coherencia de la totalidad y de la uniformidad de la manifestación dual, exotérica y subjetiva. Esto es análogo al significado espiritual, y ¿ quién puede leer ese significado?

En el hombre, el átomo humano, también se encuentran estos tres aspectos. El hombre, en el plano físico, es el símbolo exotérico de una idea subjetiva interna que posee cualidad y atributos y es una forma por la cual trata de expresarse. El alma a su vez es el resultado de un impulso espiritual, pero ¿quién puede decir qué es ese impulso? ¿Quién puede definir el propósito detrás del alma o de la idea, ya sea logoica o humana? Estos tres factores están aún en proceso de evolución; todos son aún «Dioses imperfectos», cada uno en su grado y, por lo tanto, incapaces de expresar plenamente aquello que es el factor espiritual subyacente en el alma consciente.

El estudiante inteligente reflexionará mucho sobre las palabras «el misterio de la electricidad», misterio que rodea el proceso responsable de la producción de la luz y, en consecuencia, de la vibración misma. En la primera y segunda parte nos hemos ocupado principalmente de los efectos, de los resultados producidos mediante la actuación del aspecto subjetivo de la naturaleza (aquella que el ocultista considera y con la cual trabaja) y de la producción de la manifestación objetiva. Ahora llegamos a la comprensión de que existe una causa que subyace detrás de aquello que hasta ahora ha sido considerado como una causa, porque descubrimos que en todo fenómeno subjetivo reside esencialmente un incentivo espiritual. Este incentivo, causa espiritual latente, es objeto de atención del hombre espiritual. El hombre mundano se ocupa del fenómeno objetivo, aquello que puede ver, tocar y manipular; el estudiante ocultista se ocupa de estudiar el aspecto subjetivo de la vida y de las fuerzas que producen todo lo que es familiar en el [e967] [i1237] plano terrestre. Dichas fuerzas se dividen en tres grupos principales:

Las que emanan del plano mental en sus dos divisiones.
Las de naturaleza kármica.
Las de tipo estrictamente físico.

Dichas fuerzas son estudiadas, experimentadas, manipuladas y correlacionadas por el estudiante ocultista; mediante el conocimiento así adquirido llega a comprender todo lo que puede conocerse en los tres mundos y además su propia naturaleza.

Además debe tenerse en cuenta que los estudiantes que abordan el tema del ESPÍRITU, necesitan captar los siguientes hechos:

I. Mientras dura la manifestación y, por lo tanto, durante todo el período de un sistema solar, es imposible que un elevado Dhyan Chohan niegue la sustancia organizada y la existencia de la forma. La meta del hombre consiste en alcanzar la conciencia de la naturaleza del Alma, medio por el cual [i1232] siempre actúa el aspecto Espíritu. Esto es lo máximo que puede hacer. Habiendo aprendido a actuar como Alma, desapegado de los tres mundos, el hombre entonces llega a ser parte activa integrante y consciente del Alma que compenetra y prevalece en todo lo que existe en la manifestación. Sólo entonces la pura luz del Espíritu en si se le hace visible debido a que valora con exactitud la Joya oculta en el corazón de su propio ser; sólo entonces llega a ser consciente de la grandiosa Joya oculta en el corazón de la manifestación solar. Aun así, en es a etapa avanzada, todo lo que puede percibir, hacer contacto y visualizar, es la luz que emana de la Joya y la Radioactividad que vela la gloria interna.

2. La interpretación subjetiva es la que revela la idea subyacente en la manifestación objetiva. Esta idea, incorpórea en sí, llega a concretarse en el plano de la objetividad, pues como acabamos de decir, detrás de cada forma se halla sin excepción una idea, y no interesa qué grupo de creadores son responsables de su construcción. Estas ideas son evidentes para el estudiante después que ha ingresado en el Aula del Aprendizaje, así como la forma exotérica del símbolo es todo lo que puede ver el hombre que aún se halla en el Aula de la Ignorancia. En cuanto el hombre ha comenzado a emplear su mecanismo mental y ha hecho, aunque sea, un pequeño contacto con su ego, ocurren tres cosas:

Va más allá de la forma y trata de justificar esto.
Llega con el tiempo hasta el alma que ocultan todas las formas, y lo hace por medio del conocimiento de su propia alma.
Comienza entonces a formularse ideas en el sentido esotérico del término, a crear y a manifestar esa energía del alma o sustancia, que puede manipular.

Entrenar a las personas a trabajar en materia mental es prepararlas para crear; enseñarles a conocer la naturaleza del alma es ponerlas en contacto consciente con el aspecto subjetivo de la manifestación y otorgarles el poder para trabajar con la energía del alma; capacitarlas para desarrollar los poderes del aspecto alma es sintonizarlas con las fuerzas y energías ocultas en el akasha y en el anima mundi.

Hombre espiritual es aquel que, habiendo sido a la vez hombre mundano y estudiante ocultista, ha llegado a la conclusión que detrás de todas esas causas con las cuales se ha ocupado hasta ahora, existe una CAUSA; esta unidad causal se convierte entonces en la meta de su investigación. Tal es el misterio que reside en todos los misterios; tal es el secreto velado por todo lo que hasta ahora se conoce y concibe; tal es el corazón de lo Desconocido que mantiene oculto el propósito y la clave de todo lo que EXISTE, y que sólo es puesto en manos de esos excelsos Seres que -habiéndose abierto camino a través de la múltiple trama de la vida- Se reconocen, en realidad, como Atma o Espíritu mismo, y como verdaderas chispas de la gran Llama.

Tres veces surge el llamado a todos los peregrinos que se hallan en el Sendero de la Vida: «Conócete a ti mismo» es el primer gran mandato, y largo es el proceso para lograr ese conocimiento. Luego viene «Conoce el Yo», y cuando se ha logrado, el hombre no sólo se conoce a sí mismo sino a todos los yoes; el alma del universo ya no es para él el libro sellado de la vida sino el libro con los siete sellos rasgados. Después, cuando el hombre ya es un adepto, surge el llamado «Conoce al Uno» y las palabras reverberan en los oídos de! adepto: «Busca aquello que es la Causa responsable, y habiendo conocido al alma y su expresión, la forma, busca AQUELLO que el alma revela.»

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