El mundo sobre el cual nos hallamos.

16  ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?   17  Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él,  porque el templo de Dios es santo,   y eso es lo que vosotros sois.

18   Nadie se engañe a sí mismo.   Si alguno de vosotros se cree sabio según este mundo,   hágase necio a fin de llegar a ser sabio.



La actuación de la ley kármica, en la vida de un hombre, podría ser dividida en tres amplias secciones; en cada una se expresa un tipo diferente de energía, produciendo efectos definidos sobre los cuerpos inferior y superior.

En las primeras etapas, cuando el hombre es algo más que un animal, la actividad vibratoria de los átomos de sus tres cuerpos (y principalmente el más inferior) rige todos sus actos. Es la víctima de la actividad vibratoria de la sustancia física, y mucho de lo que le sucede es la consecuencia de la interacción entre el Ego y su manifestación inferior, el cuerpo físico. Su centro de atención es el cuerpo físico, y sólo muy débilmente le responden los dos cuerpos más sutiles. El impulso egoico es lento y pesado, y la vibración hace que haya respuesta entre la conciencia egoica y los átomos del cuerpo físico. El átomo físico permanente es más activo que los otros dos. El aspecto “fuego por fricción” es aventado por el aliento egoico, con un triple objetivo:

Coordinar el cuerpo físico.
Acrecentar la resistencia de la trama etérica, tarea que fue llevada al punto culminante sólo a mediados de la raza raíz Atlante.
Llevar a algunos de los centros inferiores a una etapa necesaria de expresión.

El calor de los átomos en los cuerpos aumenta durante esta etapa y se coordina su vida atómica, mientras que triángulo entre los tres átomos permanentes se convierte en un hecho comprobable y no en una débil insinuación.

Durante la segunda etapa, la Ley del Karma o la influencia kármica (por medio de la acción refleja inevitablemente produce la creciente actividad de los cuerpos) se aboca a cumplir el deseo y transmutarlo en aspiración superior. El Pensador, por medio de la experiencia, reconoce los pares de opuestos, y ya no es víctima de los impulsos vibratorios de su cuerpo físico, evidenciándose el resultado de la elección inteligente. El hombre empieza a discriminar entre los pares de opuestos, eligiendo siempre, en sus primeras etapas, lo que más atrae a su naturaleza inferior y lo que cree que le producirá placer. El Ego centra su atención en el cuerpo astral, y se coordina tan estrechamente con el cuerpo físico que ambos forman una expresión unida de deseo. El cuerpo mental permanece comparativamente inactivo en esta etapa. La naturaleza amor del Ego está en proceso de desarrollarse, siendo esta etapa la más larga de las tres. Trata de la evolución de los pétalos del loto egoico y de la mezcla del fuego solar y del fuego por fricción. La acción refleja entre lo inferior y lo superior, durante este período intermedio, produce tres efectos que, si son cuidadosamente estudiados, impartirán mucha información sobre la actuación de la ley del karma; ellos son:

El desarrollo del átomo astral permanente con el correspondiente estímulo del átomo físico permanente, produciendo así el crecimiento y la evolución de los dos cuerpos involucrados.
La coordinación del triple hombre por medio de la vitalidad innata del cuerpo astral y sus efectos sobre el mental y el físico. Éste es el período kama-manásico, y debido a que el cuerpo astral es la única esfera completa del triple hombre inferior, es inherentemente el más poderoso, pues personifica (como lo hace el sistema solar) el aspecto corazón o la naturaleza amor embrionaria que la evolución macro y microcósmica tiene por objetivo.
Finalmente, el desarrollo de los nueve pétalos egoicos en tres etapas.

Por lo tanto, en la actuación de la ley debemos observar que el hombre es, ante todo, víctima de los impulsos de la sustancia densa o aspecto Brahma, repitiendo así rápidamente el proceso evolutivo del sistema solar precedente; en la segunda etapa es víctima del deseo o de su propia naturaleza amor.

En la tercera etapa la Ley del Karma actúa por intermedio de la naturaleza mental del hombre, despertando en él el reconocimiento de la ley y la comprensión intelectual de causa y efecto. Ésta es la etapa más corta, pero es también la más poderosa; concierne a la evolución de los tres pétalos internos que protegen a la “joya”, y su capacidad para descubrir, en el momento oportuno, lo que se halla oculto. Comprende el período evolutivo del hombre avanzado y del hombre en el Sendero. En relación con la familia humana abarca la primera mitad de la próxima ronda, antes de producirse la gran separación. El fuego eléctrico comienza a hacer sentir sus irradiaciones, y la voluntad y el propósito del Ego se cumplen conscientemente en el plano físico. Los tres átomos permanentes forman un triángulo de luz y los pétalos del loto se abren rápidamente. Cuando la conciencia incipiente del cerebro físico del hombre comprende la voluntad y el propósito del Ego, entonces se neutraliza la Ley del Karma en los tres mundos y el hombre se halla al borde de su liberación. Ha agotado la vibración inicial y sus cuerpos no responden a la triple vibración de los tres mundos; se ha emancipado de los tres reinos y del cuarto.

La Construcción del Cuerpo Causal.

Entramos ahora en la parte práctica más importante de este Tratado sobre el Fuego, (CADA EXISTENCIA HUMANA, ES UN «TRATADO», una individual experiencia) la que trata de la construcción del cuerpo causal o cuerpo de manifestación del Ego. Concierne al trabajo de los Ángeles solares o la verdadera Entidad autoconsciente, el hombre. Si el estudiante ha captado la tendencia general de lo expuesto en las páginas precedente, estará en una condición mental que le permitirá interpretar todo lo que se diga en términos de energía, o esa actividad vibratoria producida por las tres fases principales de los fenómenos eléctricos, la unión que produce esa divina manifestación llamada Hombre, o cuando se considera al conjunto de entes, el reino humano.

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11 Respuestas a “El mundo sobre el cual nos hallamos.

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  3. Primero, el efecto de la energía superior sobre los cuerpos inferiores, a medida que se hace sentir gradualmente durante el proceso evolutivo y simultáneamente “redime” al hombre, en sentido oculto, y también “eleva” a los Pitris lunares.

    Segundo, el efecto de dicha energía sobre el plano mental, en el desarrollo y apertura del loto egoico.

    Tercero, el impulso a la actividad de la Vida central dentro del loto, la cual se manifiesta de dos maneras:

    Por la comprensión del hombre, mediante su cerebro físico, de que posee en el plano físico una naturaleza divina, dando por resultado la consiguiente demostración de la divinidad en la tierra, previamente a la liberación.
    Por la actividad consciente del Ego individual en el plano mental en colaboración con su grupo o grupos.

    En el primer caso tenemos el efecto de la vida egoica sobre sus cuerpos y su consiguiente control; en el segundo tenemos el despertar de la unidad egoica en su propio plano, y en el tercero la comprensión grupal o la penetración del ente en la conciencia del Hombre celestial.

    Sólo es posible explicar el desarrollo en forma amplia y general. El tema de la evolución egoica no puede ser plenamente comprendido, hasta después de haber recibido la iniciación, pero los Instructores internos se dan cuenta que sería conveniente exponer los principios esenciales en vista de que se producirán acontecimientos inesperados (desde el comienzo de este siglo) en dos grandes ciencias:
    El hombre es divino en esencia. (56) Siempre ha sido enunciado esto en el transcurso de las épocas, pero hasta ahora sigue siendo una bella teoría o creencia y no constituye un hecho científico comprobado ni aceptado universalmente.

    El hombre es un fragmento de la Mente Universal o alma mundial y, como fragmento, participa de los instintos y de la cualidad de esa alma, tal como se manifiesta por medio de la familia humana. Por lo tanto, la unidad es sólo posible en el plano de la mente. Si esto es verdad, tenderá a desarrollar en el cerebro físico la comprensión consciente de las afiliaciones grupales en el plano mental, el reconocimiento consciente de las relaciones, ideales y metas grupales, y la manifestación consciente de esa continuidad de conciencia que actualmente es el objetivo de la evolución. Luego transferirá la conciencia de la raza del plano físico al mental, y tenderá a la consiguiente solución de todos los problemas actuales por medio del “conocimiento, amor y sacrificio”. Esto nos emancipará del desorden actual en el plano físico. Conducirá a educar al público respecto a la naturaleza del hombre y al desarrollo de los poderes latentes en él -poderes que lo liberarán de sus limitaciones actuales y producirá en la familia humana un repudio colectivo hacia las condiciones actuales. Cuando todos los hombres se conozcan a sí mismo y conozcan a los demás como entes autoconscientes divinos que funcionan principalmente en el cuerpo causal utilizando los tres vehículos inferiores, sólo como medio para hacer contacto con los tres planos inferiores, tendremos gobierno, política, economía y orden social erigidos sobre bases sólidas, saludables y divinas.La naturaleza inferior y los tres vehículos del hombre son un conglomerado de vidas menores, y la naturaleza grupal, el tipo de actividad y la respuesta colectiva de dichas vidas dependen de él, las cuales -por medio de la energía o actividad del Señor solar- serán desarrolladas y elevadas posteriormente a la categoría humana.

  4. La llave de la realización del ser
    Siddharameshwar Maharaj

    (1888-1936)
    El cuerpo causal y el ovido

    Extracto del Capítulo 3, Los cuatro cuerpos

    … La tercera etapa (más allá del cuerpo físico y del cuerpo sutil) es el cuerpo causal de ignorancia; es solo un estado de puro olvido, su cualidad es «tamas» (oscuridad). En este estado no existe el pensamiento de bienestar, ni siquiera el del cuerpo físico ni del sutil, no hay conocimiento de ninguna cosa.

    Así es el cuerpo causal, es un estado parecido al sueño profundo (sin sueños) pero que no es el sueño profundo. Es importante comprender este estado. Los que enuncian el principio «cero» del cuerpo causal (donde no existe nada, que es puro vacío) regresan después de haber alcanzado este punto diciendo: «Más lejos de esto no existe nada». Desde el punto de vista de los filósofos occidentales, se trata del estado de «lo incognoscible». Este estado sin pensamientos, ni deseos, libre de toda duda es el «samadhi» (consciencia trascendental) y «Nirvikalpa Brahman» (el Brahman sin atributos), pero cuando este vacío es alcanzado, existe el riesgo de ilusionarse y decir: «Hoy he comprendido a Brahman».

    El estado de vacío o de puro olvido es ese intervalo entre dos pensamientos, justo antes de que un nuevo pensamiento aparezca, o ese intersticio entre el estado de vigilia y de sueño profundo. Este estado de «estar totalmente en blanco, sin recuerdo» es llamado «Anandamayakosha» [1] [vaina de felicidad] por la Escrituras.

    [1. en.wikipedia.org/wiki/Anandamaya_kosha ]

    En el estado del cuerpo causal, la lucha, la confusión y el flujo incesante de los pensamientos han desaparecido. Comparando este cuerpo con los otros dos, la paz predomina en él y el discípulo se sumerge en el gozo, pero no debe de olvidar que no es la paz última, la plenitud real. El cuerpo causal es el estado natural de los dioses, de los demonios y de los seres humanos y su característica principal es el vacío, el olvido total.

    El sueño profundo sin sueños solo se da cuando hay «olvido», y si decimos: «He dormido, pero puedo recordar algo», eso es lo mismo que decir: «No he dormido», pues estar en sueño profundo significa no recordar nada. «Dormir» estando en estado de vigilia, quiere decir entrar dentro del cuerpo causal, que es el estado natural del hombre. No «saber» nada es este estado.

    Ni los mismísimos grandes eruditos comprenden la naturaleza humana y aun menos la naturaleza divina. Para explicar este estado vamos a estudiar este intervalo o pausa. Si existe alguna cosa difícil, es el establecerse bien en este estado de «vacío», «de olvido total»; el discípulo deberá hacer un gran esfuerzo para llegar a él.

    En el intervalo entre dos estados, no hay otra cosa más que la «consciencia pura». En el estado de «Mouni» (hombre silencioso) la palabra no aparece, y si surge es sin su significación; no hace más que insinuarse. Cuando la palabra aparece y se le autoriza a imprimir su sentido en el corazón, nace el mundo. Si se la deja pasar sin permitirle que imprima su sentido en la mente, significa la supresión del mundo. Cuando la mente ya no es alimentada por la palabra, no queda más que la pura energía de la consciencia y la experiencia continua de este estado es lo que se llama «el estado de silencio».

    El discípulo que ha puesto el pie en el peldaño de la tercera etapa, después de haber franqueado la primera y la segunda, siempre tiene la impresión de que es un estado de puro vacío, aunque se le haya dicho que es el estado de la pura consciencia. Tomando este «vacío» por el Brahman, es incapaz de ser el testigo de este vacío, pero se dirige hacia la cuarta etapa y si se vuelve para ver la tercera, no verá nada. Se preguntará cómo su Maestro ha podido guiarle hacia una etapa que no existe. De hecho cuando la pura consciencia es conocida, no puede existir señal de lo que se llama ignorancia. No se puede comprender lo que es el estado del olvido total, pues en él, no aparece ninguna modificación en el mental, salvo el de la pura consciencia.

    La consciencia o conocimiento se presenta al discípulo de dos maneras. La primera ocurre cuando un objeto se presenta en la consciencia, es la consciencia objetiva. En el segundo caso, no se presenta ningún objeto en la consciencia, entonces se trata de la «pura consciencia». Cuando hay un objeto, será un conocimiento objetivo y cuando no hay un objeto, es simplemente el puro conocimiento o la pura consciencia.

    Estas son las dos modificaciones mentales que se presentan al discípulo y de su punto de vista; la palabra «ignorancia» o «vacío» no tiene sentido. El olvido total no puede existir para él, ya que todo lo que es, es consciencia, que puede ser con o sin objeto. Presentar el estado del cuerpo causal como siendo ignorancia, vacío, estado de olvido total en donde nada puede captarse, es el hecho de la pura consciencia.

    Para explicar a sus alumnos, que un punto no tiene ni longitud ni espesor, el profesor pinta con una tiza en la pizarra un punto, que tiene longitud y espesor. Y esto aquí es igual, y si no se procede de esta forma, la próxima etapa no puede ser explicada. ¿Se puede proceder de otra forma? El discípulo debe de tener una gran fe en su Maestro y aceptar totalmente que existe un estado de puro olvido, debe proseguir sin descanso su práctica y aprender a olvidar todas las cosas. El cuerpo causal es la causa de los dos primeros. [el cuerpo físico y el cuerpo sutil]

    En un escenario de teatro, hay un telón sobre un costado por donde los actores aparecen y desaparecen. El estado natural del hombre es parecido a este bastidor, es el estado de olvido total, de ignorancia. La memoria surge de detrás del telón y luego desaparece.

    Cuando decimos que habíamos olvidado una cosa justo antes de recordarla, significa que esa cosa estaba en el estado de olvido total, y luego emerge de este mismo estado. Inversamente, cuando decimos que hemos olvidado alguna cosa, eso quiere decir que la cosa que estaba en la memoria ha desaparecido en el bastidor del olvido. Una memoria antes de ser olvidada vuelve al olvido después de ser recordada.

    La aparición y desaparición de todas las ideas está en la matriz de este puro olvido que es uno. Es el campo común a todos los seres humanos. Todos se llaman ignorantes a causa de este estado de olvido, también se esfuerzan por sacar algunos conocimientos. Pero la mayoría de estos infortunados se dirigen hacia los conocimientos mundanos, y pasan de esta forma por alto el conocimiento de su verdadera naturaleza.

    Es por esta razón por lo que el Maestro dice a su discípulo: «Querido discípulo, tú no eres ni el cuerpo físico, ni el cuerpo sutil, identifícate al cuerpo causal». El discípulo debe de sumergirse en este estado de olvido. Esto significa: «Yo no soy el cuerpo físico, ni siquiera el cuerpo sutil, por tanto todos estos sueños y estas dudas, que nacen con su contacto, no residen en mí, yo soy puro olvido, desnudo de todo concepto. El nacimiento y la muerte del cuerpo, la miseria y la tentación, el placer y la dulzura, e incluso el hambre y la sed, que brotan de la fuerza vital, nada de eso me puede alcanzar. Las nociones de honor y deshonor pertenecen al mental, el color de la piel al cuerpo, yo soy no-apegado. Nada puede apegarse a mí, yo soy puro Olvido».

    Cuando esto está firmemente establecido en el corazón, el estado de puro olvido, libre de todo concepto y apego, se vuelve nuestra propia naturaleza despojada de todas las cualidades de los cuerpos físico y sutil. Por medio de esta práctica mental, el discípulo franquea la tercera etapa y entonces puede pisar el siguiente escalón que es el Mahakarana, o cuerpo supra-causal.

    Antes de ir más lejos, debemos precisar, que a pesar de su parecido con el sueño profundo, el cuerpo causal difiere de este. En el sueño profundo, todos los sentidos están en reposo, con la consecuente ausencia de los objetos. Todo ser disfruta de la felicidad de su propia naturaleza en este estado, pero no conoce su verdadera naturaleza. Al despertar, resume su experiencia en esta frase: «He dormido tranquilamente, no tenía consciencia de nada». Así expresa la felicidad de su propia naturaleza, pero también su ignorancia por el tema. Solamente revela el conocimiento de su ignorancia, pues el hecho de haber tenido la experiencia de su propia naturaleza, no quiere decir que la conozca. Un heredero de un tesoro de monedas de oro enterradas, en ausencia del conocimiento de tal tesoro, pasa su día rogando para ganarse la vida. Para él, ese tesoro es tan bueno como no estar allí en absoluto.

    De la misma forma, cada ser humano sale y entra en su propia naturaleza, penetra en ella profundamente y tiene la experiencia de la felicidad, pero continúa ignorándola. Por esta razón el sueño profundo no puede ser un medio de conocimiento del Si. En sueño profundo el discípulo no tiene posibilidad de estudiar este estado, mientras que puede hacerlo en el estado del cuerpo causal. Estudiar el puro olvido significa disfrutar del estado de sueño profundo estando en vigilia. El Maestro enseña cómo llegar a esto.

    No es más que naciendo dentro de su especie que se puede comprender cómo el pez puede dormir en el agua, o por qué no le molesta el agua que entra en sus ojos. De igual manera, ¿cómo se puede disfrutar del estado de sueño profundo estando despierto? Esto solo es comprendido cuando uno se vuelve un verdadero «Guru Pitra» o hijo del Maestro.

    El cuerpo causal no es otra cosa que el sueño profundo. Pero lo que hemos descrito es el silencio interior, creado conscientemente durante el estado de vigilia. No es el sueño profundo que viene inconscientemente, pues en este último nada puede ser conocido. En el estado de puro olvido que es cultivado conscientemente, la naturaleza del Si es conocida. Esta es la diferencia entre el sueño profundo y el Samadhi.

    Aunque se sepa que el puro olvido no es más que el puro olvido y que nada puede ser conocido en este estado, el hecho de que el conocimiento (la consciencia) permanezca después que todo sea olvidado, no puede ser comprendido más que después del estudio de este «puro olvido». Este estado es absolutamente real. El sueño profundo y el puro olvido son los dos el resultado de Tamas Guna (olvido, tinieblas, ignorancia).

    El análisis del carbón y del diamante revela que los dos están compuestos por carbono. Aunque eso sea cierto, no es necesario decir que existe una gran diferencia entre su valor respectivo. Si están hechos de la misma materia, ¿por qué el diamante brilla, mientras que el carbón no tiene brillo y es negro? Eso se debe a las diferentes proporciones del mismo componente: el carbono. De la misma manera, entre el sueño profundo y el estado de puro olvido, es la proporción de ignorancia la que marca la diferencia, densa en el sueño profundo y débil en el estado de puro olvido.

    En el momento que la profundidad del sueño profundo disminuye, se produce el despertar a la vigilia, pero el hombre, que sale del sueño profundo, aun se encuentra dentro de las brumas del sueño profundo. Este estado es el resultado del sueño profundo que se vuelve cada vez más superficial mientras que el despertar a la vigilia emerge. El sueño profundo es como una espesa cortina negra que recubre la luz del Si, mientras que el cuerpo causal o estado de puro olvido que examinamos, es un ligero velo transparente. La beatitud es la misma en el sueño profundo y en el cuerpo causal (estado de puro olvido), pero desde el punto de vista del conocimiento de su naturaleza, el sueño profundo es tan inútil como una relación sexual con una mujer estéril, mientras esperando el nacimiento de un niño. El estudio de Anandamayakosha, [2] o envoltura de beatitud, bajo la forma del estado de puro olvido, procura un gozo intenso, siendo esto un signo que anuncia el conocimiento de su propia naturaleza.

    El conocimiento del Sí mismo significa el conocimiento de uno mismo. Una vez quereconocemos quién somos, entonces se hace automáticamente la decisión sobre lo quees permanente y lo que es transitorio. Entonces, de manera completamente natural,sigue la renuncia a lo impermanente y la aceptación de lo permanente. Debido a lanaturaleza transitoria de las cosas, es inevitable el miedo de la desilusión. El hombredominado por este miedo de la muerte o de la desilusión, se esfuerza continuamentepara cuidar de que una cierta cosa no se separe de él. Toma todas las precauciones parapreservar su dinero, trata esforzadamente de que la juventud y belleza de su esposa nose deterioren y lucha por mantener su rango y autoridad; pero nada acontece de acuerdocon sus anhelos o deseos, debido a que la muerte es omniconsuntiva. Nadie puedeescapar a su destino, y finalmente será aplastado por sus dientes. Incluso los Dioses,como Brahman, no están libres del miedo de la muerte.Aunque a un hombre tan lleno de miedo se le diera todo, ¿podría evitar tener miedo?Si necesita algo, eso es ciertamente el don del no-miedo. Debe encontrar algo que lelibere del miedo permanentemente. Este mendigo del hombre, que ha perdido el tesorode su propio Sí mismo, canta continuamente «Yo soy el cuerpo, yo soy el cuerpo».Siempre está descontento, diciendo «Yo quiero esto, yo quiero aquello», y vaga errantede acá para allá mendigando siempre algo. Este hombre sólo puede ser pacificado con eldon del Sí mismo.El hombre que canta, «¿Qué me va a ocurrir, a mi esposa, a mis hijos y a mi dinero,que yo considero míos?», está siempre perturbado e inquieto.

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