Aquí estamos, en donde nada somos.

13  Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora.    14  Porque el reino de los cielos es como un hombre que al emprender un viaje, llamó a sus siervos y les encomendó sus bienes. 15  Y a uno le dio cinco talentos, a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad;  y  se fue de viaje.

Por la meditación un hombre puede liberarse de la ilusión de los sentidos y de su atracción vibratoria; encuentra su propio centro de energía positiva y es conscientemente capaz de utilizarlo; por lo tanto se da cuenta que su verdadero Yo actúa libre y conscientemente más allá de los planos sensorios; penetra en los planes de esa Entidad mayor dentro de cuya capacidad irradiatoria tiene su lugar; entonces puede llevar a cabo conscientemente esos planes, a medida que llega a captarlos en las diversas etapas de realización y a ser consciente de la unidad esencial.

Pero cuando un hombre ha llegado a liberarse de los objetos sensorios en los tres mundos, también se da cuenta de la necesidad de continuar meditando; esta forma de meditar -inconcebible para el hombre en los tres mundos- absorbe la atención del Adepto y durante dos grandes etapas, precediendo cada una a las dos Iniciaciones finales, la sexta y la séptima. No me refiero aquí únicamente a los Adeptos que “hacen el sacrificio” y eligen renacer para servir en el planeta, sino a todos los adeptos. La libertad de actuar en cualquier Sendero debe obtener se por la meditación la libertad de salir del “círculo no se pasa” también se obtiene de esta manera, y lo mismo sucede durante esa curiosa etapa de pasividad lograda por Quienes se han ofrecido servir como Jerarquía oculta en la próxima ronda. En Ellos se han de acumular las simientes síquicas del conocimiento, disponibles en la quinta ronda; esto Les exige mantener una actitud receptiva hacia los acontecimientos que se producen al final de cada raza raíz, cuando tiene lugar, en niveles más sutiles, un acopio de fuerzas síquicas, que acumularán Aquellos que están preparados para recibirlas. Su trabajo es análogo al del Manu de la Simiente, que trabaja por medio de un septenario, así como lo hacen esos acopiadores de fuerzas vitales síquicas.

También para dichas Entidades cósmicas, como los Logos planetarios, transcurren períodos de meditación, llevados a cabo en los planos cósmicos y sólo se sienten sus efectos en nuestro plano. Meditan por medio de Sus cerebros físicos, por lo tanto, emplean sustancia como lo hace el hombre, pero el proceso se efectúa en el cerebro etérico. Debe reflexionarse sobre esto, porque oculta un misterio. También debe tenerse muy presente el hecho de que algunos de estos Señores de Rayo, son más eficientes en la meditación que otros y los resultados obtenidos en Sus esquemas son distintos.

Ser y Espiritu,

El hombre mismo -una idea grande y específica- no conoce la naturaleza de aquello que intenta expresar. (El Espíritu Incognoscible)

Todo lo que podemos hacer es captar el hecho de que existe AQUELLO que aún no puede ser definido y comprender que prevalece una vida central que compenetra y anima al Alma y trata de utilizar la forma por la cual ella se expresa. Lo mismo puede decirse de todas las formas y de todas las almas, subhumanas, humanas, planetarias y solares.

II. El estudiante inteligente considerará que todas las formas de expresión son símbolos. Un símbolo tiene tres interpretaciones; representa la expresión de una idea, y esa idea tiene detrás de sí, a su vez, un propósito aún inconcebible. Las tres interpretaciones de un símbolo pueden ser consideradas de la manera siguiente:

1. La interpretación exotérica de un símbolo se basa, en gran medida, en su utilidad objetiva y en la naturaleza de la forma. Lo que es exotérico y sustancial sirve a dos propósitos:

Dar algunas vagas indicaciones respecto a la idea o al concepto. Esto vincula a la naturaleza exotérica del símbolo con el plano mental, pero no lo libera de los tres mundos de la comprensión humana. Limitar, confinar y aprisionar la idea, adaptándola así al grado de evolución alcanzado por el Logos solar, el Logos planetario y el hombre. La verdadera naturaleza de la idea latente es siempre más poderosa, completa y plena que la forma o símbolo por medio del cual trata de expresarse. La materia sólo es el símbolo de una energía central. Cualquier tipo de forma en todos los reinos de la naturaleza, y la totalidad de los vehículos manifestados, en su más amplio significado, sólo son símbolos de la vida -lo que esa misma Vida puede ser, continúa siendo un misterio.

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