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nuestros sentidos, físicos y suprafísicos

Considero que debemos fijarnos en éstas cuestiones, al objeto de que podamos diferenciar, entre las fenomenologias mundanas, (posiblemente totalmente manipuladas) y las realidades inherentes de nuestra conciencia verdadera. CÓMO APRENDER A PERCIBIR CORRECTAMENTE Y DISCERNIR, ésta es la cuestión.

Posiblemente los desenvolvimientos de las cosas, no nos gustan, y nos preguntamos porqué estamos AQUI, y porqué los fenómenos en éste mundo, suceden de éstas maneras.

Es necesario que en todas estas definiciones se tenga en cuenta que la finalidad de los sentidos es revelar el no-yo; y permitir al Yo verídico, diferenciar entre lo real y lo irreal.”

En la evolución de los sentidos, el oído, es ese algo ambiguo que primeramente atrae la atención del yo, aparentemente ciego, hacia lo que es:

1.-otra vibración,
2.-algo que se origina fuera del yo,
3.-lo que le proporciona el concepto de exteriorización. Cuando se oye el sonido por primera vez, la conciencia se da cuenta también por primera vez de aquello que es externo.

Pero, todo lo que la aletargada conciencia capta (por el oído) es lo foráneo con respecto a sí misma y la dirección en que ese algo se encuentra. Esta captación, en el transcurso del tiempo, trae a la existencia otro sentido, el del tacto. La Ley de Atracción actúa; la conciencia se mueve lenta y externamente hacia aquello que ha oído; el contacto hecho con el no-yo es denominado tacto. Éste imparte otras ideas a la conciencia incipiente: ideas de dimensión, de contextura externa y de superficie. De este modo el concepto del Pensador se amplia gradualmente, puede oír y palpar pero todavía no sabe lo suficiente como para correlacionar y denominar. Una vez que ha conseguido nombrar las cosas, ha dado un gran paso adelante. Por consiguiente, podemos observar aquí que los primitivos símbolos cósmicos son aplicables a los sentidos, lo mismo que a otros aspectos:

El punto en el centro -la conciencia y el no-yo, en una etapa en que sólo por el sonido es posible descubrirla.

El círculo dividido -la conciencia consciente del no-yo, la cual es adquirida evidentemente por un reconocimiento dual.

A esto le sigue la vista, el tercer sentido, el que marca definidamente la correlación de las ideas o su relación entre sí; su desarrollo va paralelo, en tiempo y función, al de la Mente.   Tenemos así oído, tacto o sensibilidad táctil y vista. Referente a la analogía debe observarse que la vista apareció con la tercera raza raíz en esta ronda y que en la tercera raza raíz hizo su aparición la Mente.   Se correlacionaron y coordinaron inmediatamente el Yo y el no-yo.   Su íntima asociación fue un hecho realizado, y la evolución se aceleró con renovado ímpetu.

Los sentidos pueden ser definidos como los órganos por medio de los cuales el hombre se da cuenta de cuanto lo rodea. Quizás no debiéramos llamarlos órganos (porque todo órgano es una forma material que existe para un propósito) sino medios através de los cuales, el Pensador, se vale para ponerse en contacto con su ambiente o circunstancia.

Medios de que se vale para investigar, por ejemplo, el plano de la materia densa; medios para adquirir experiencia, con los cuales descubre lo que necesita saber, y percibe y expande su conciencia. Consideramos los cinco sentidos tal como los emplea el ser humano. Estos sentidos existen también en el animal; pero debido a que carece de la facultad pensante correlacionadora, y la “relación entre” el yo y el no-yo está poco desarrollada, no nos ocuparemos de ellos. Los sentidos del reino animal constituyen una facultad grupal que se manifiesta como instinto racial. Los sentidos del hombre son su acervo individual y se manifiestan como:

    1. realización individual de su propia conciencia,
    2. capacidad para afirmar ese individualismo,
    3. medio valioso para la evolución de su propia conciencia,
    4. fuente de conocimiento, y
    5. facultad transmutadora cuando finaliza la vida en los tres mundos.

Enumerados por orden de desarrollo, como ya sabemos, los sentidos son cinco:

  1. Oído.
  2. Tacto.
  3. Vista.
  4. Gusto.
  5. Olfato.

 Cada uno de estos cinco sentidos se relaciona definidamente con uno de los planos, teniendo además su analogía en todos los planos. Consideraremos cada uno de estos sentidos, señalaremos algunos hechos interesantes respecto a los mismos e indicaremos sus analogías en los correspondientes subplanos.

1. Físico Oído
2. Astral Tacto o sentido táctil
3. Mental Vista
4. Búdico Gusto
5. Atmico Olfato

Estos tres sentidos mayores (si puedo describirlos así) están definidamente aliados con uno de los tres Logos:

Oído. Reconocimiento de la cuádruple palabra; la actividad de la materia, los tres cuerpos, el tercer Logos.

Tacto. Reconocimiento del séptuple Constructor de Formas; el agrupamiento de las formas, su aproximación e interrelación, el segundo Logos. La Ley de Atracción empieza a actuar entre el Yo y el no-yo.

Vista. Reconocimiento de la totalidad, la síntesis de todo, la consumación del Uno en los muchos.  La Ley de Síntesis actuando en todas las formas que el yo ocupa,  y   el reconocimiento de la unidad esencial en toda la manifestación.

Los sentidos del gusto y del olfato, por estar ambos íntimamente vinculados al importante sentido del tacto, los podemos llamar sentidos menores. Prácticamente son subsidiarios del tacto. Este segundo sentido y su relación con el actual segundo sistema solar, merece una detenida reflexión. Dicho sentido se halla íntimamente relacionado con el segundo Logos. Aquí hay un indicio de mucho valor si se analiza debidamente. Será útil estudiar los alcances del tacto en el plano físico y en otros planos y ver adónde conduce. Esta es la facultad que nos permite llegar a la esencia mediante el debido reconocimiento de la envoltura que la oculta.

También permite al Pensador, que utiliza plenamente dicha facultad, armonizarse con la esencia de todos los yoes, en todas las etapas y, por consiguiente, ayudar a la debida evolución de la envoltura y a servir activamente. Señor de Compasión es aquel que -por medio del tacto- siente, capta plenamente y comprende la manera de remediar y corregir lo inadecuado del no-yo, sirviendo así activamente al plan de la evolución.

A este respecto deberíamos estudiar análogamente el valor del tacto, como lo demuestran los sanadores de la raza (aquellos que siguen la línea de los Bodhisattvas), y el modo de manipular el efecto de la Ley de Atracción y Repulsión. Los que estudian etimología habrán observado que el origen de la palabra tacto es un tanto oscuro; probablemente significa “extraer con movimiento rápido”. He aquí todo el secreto de nuestro sistema solar objetivo; con ello se demostrará el aceleramiento de la vibración por medio del tacto.

Inercia, movilidad y ritmo, son cualidades manifestadas por el no-yo. Ritmo, equilibrio y vibración estable se alcanzan por medio de la facultad del tacto o sentido táctil. A fin de esclarecer el tema permítaseme dar un ejemplo breve. ¿Qué ocurre en la meditación? Gracias al decidido empeño y a la atención que presta a las reglas establecidas, el aspirante consigue ponerse en contacto con materia más sutil que aquella con que lo hace comúnmente. Hace contacto con su cuerpo causal, y con el tiempo hará contacto con la materia del plano búdico.

Debido a este contacto su propia vibración se acelera momentánea y brevemente. Esto nos lleva de nuevo al tema que se elucida en este tratado. El fuego latente de la materia atrae hacia sí a ese fuego que está latente en otras formas. Éstos se tocan, reconocen y son conscientes de sí mismos. El fuego de manas arde continuamente y se nutre por lo que es atraído y rechazado. Cuando ambos se fusionan aumenta extraordinariamente el estímulo y la capacidad de hacer contacto se intensifica. La Ley de Atracción continúa su obra hasta que atrae a otro fuego y hace contacto con él, completando así la triple fusión. Recuerden que esto se relaciona con el misterio del Cetro de la Iniciación. Más adelante, al tratar el tema de los centros y la iniciación, debemos recordar que estamos estudiando precisamente un aspecto de la misteriosa facultad del tacto, facultad del segundo Logos, quien aplica la Ley de Atracción.

Retomaremos ahora, lo que hemos estado impartiendo respecto a los otros tres sentidos restantes: vista, gusto y olfato, y luego resumiremos brevemente su relación con los centros etéricos y su acción e interacción.

Entonces estaremos en condiciones de abocarnos a estudiar esa parte del tratado referente al fuego de Manas y al desarrollo de los Manasaputras, tanto en su totalidad como individualmente. Este tema es de máxima importancia porque trata exclusivamente del hombre, el Ego, el Pensador, y demuestra la fusión cósmica de los fuegos de la materia y de la mente y APRENDEREMOS A DISCERNIR cómo los utiliza la Llama inmanente.

c. Vista. Este sentido, como ya se ha indicado, es el principal correlacionador del sistema solar.

De acuerdo a la Ley de Economía el hombre oye. El sonido impregna la materia y construye la base de su consiguiente heterogeneidad.

De acuerdo a la Ley de Atracción el hombre toca y hace contacto con aquello que su atención percibe mediante ondas sonoras producidas por la actividad. Esto conduce a un estado de mutua repulsión y atracción entre quien capta y lo captado.

Después de haber captado y establecido contacto sus ojos se abren, y de acuerdo a la Ley de Síntesis reconoce el lugar que le corresponde en el orden de las cosas.

Oído……………….Unidad
Tacto………………Dualidad
Vista………………Triplicidad

En estos tres sentidos está compendiado el presente. La tarea de la evolución consiste en reconocer, utilizar, coordinar y dominar todo, hasta que el Yo, por medio de estos tres, se de cuenta de la existencia de todas las formas, de toda vibración y de toda pulsación del no-yo.

Entonces el objetivo del Yo, valiéndose del poder ordenador de la mente, consistirá en hallar la verdad o ese centro en el círculo de manifestación que, para el Yo, constituye el centro de equilibrio y el punto donde la coordinación es perfecta; sólo entonces el Yo podrá desprenderse de todos los velos, contactos y sentidos.

Ello conduce en cada manifestación a tres tipos de separación: Involución. La separación de la materia o el Uno convirtiéndose en los muchos. Los sentidos se desarrollan y el Yo perfecciona el mecanismo para utilización de la materia. Esto está regido por la Ley de Economía.

Evolución, hasta llegar al Sendero de Probación. La fusión del Espíritu y la materia, la utilización de los sentidos en una identificación progresiva del Yo con todas las formas, desde la más inferior hasta aquellas relativamente refinadas. Esto se verifica bajo la Ley de Atracción.

Evolución en el Sendero. Nuevamente la separación del Espíritu y la materia; su identificación con el Uno, y finalmente el rechazo de la forma. Los sentidos entonces se sintetizan en una facultad adquirida, y el Yo puede prescindir del no-yo. Se fusiona con el Omni-Yo. Esto ocurre bajo la Ley de Síntesis.

Si se lo tiene en cuenta, conducirá a comprender que la separación entre el Espíritu y el vehículo material, implica dos aspectos del Único gran Todo; aquí se observa el trabajo del Creador, del Preservador y del Destructor

En la perfección final del tercer sentido, la vista, el término comprensión es totalmente inadecuado. Conviene que el estudiante analice cuidadosamente la manifestación más inferior y la más elevada de los sentidos, de acuerdo a la clasificación dada anteriormente, y observe el significado esotérico de las expresiones empleadas en el resumen siguiente:

Oído Beatitud Se logra por medio del no-yo
Tacto Servicio La suma del trabajo realizado por el Yo para el no-yo
Vista Comprensión Reconocimiento de la necesaria triplicidad para la manifestación, o la acción refleja del Yo y del no-yo
Gusto Perfección Evolución que se completa utilizando al no-yo y su lograda suficiencia
Olfato Conocimiento perfecto El principio manas (mente) en su actividad discriminadora, perfeccionando la interrelación entre el Yo y el no-yo

Esto concierne a la perfecta y realizada personalidad.

En todas estas perfecciones se ve la percepción del Yo y el graduado progreso de identificación utilización, manipulación y rechazo final del no-yo por el Yo, que ahora ha adquirido la percepción consciente. Oye la nota de la naturaleza y la de su mónada; reconoce la identidad de ambas; utiliza sus vibraciones y pasa rápidamente por las tres etapas de Creador, Preservador y Destructor.

Toca o siente la vibración de la forma o no-yo en sus diversos grados; reconoce su identidad con ella en tiempo y espacio y para el propósito de existir o de ser y, mediante las Leyes de Economía, Atracción y Síntesis, utiliza, fusiona y oportunamente se disocia. Ve el triple proceso evolutivo, y mediante el desarrollo de la visión interna ve, dentro del corazón del sistema macro y microcósmico, al YO UNO en muchas formas; finalmente se identifica con ese Yo por el deliberado rechazo del no-yo, después de haberlo subyugado y utilizado totalmente.

d. Gusto. Finalmente gusta y discrimina, porque el gusto es el gran sentido que comienza a regir durante el proceso discriminador que tiene lugar cuando la naturaleza ilusoria de la materia esté en proceso de realización El discernimiento es el proceso educativo al cual se somete el Yo durante el proceso en que desarrolla la intuición -esa facultad por la cual el Yo reconoce su propia  esencia en y bajo todas las formas. La discriminación concierne a la dualidad de la naturaleza, el Yo y el no-yo, siendo el medio por el cual se diferencian en el proceso de abstracción. La intuición concierne a la unidad; es la capacidad del Yo para ponerse en contacto con otros yoes, no la facultad por la cual hace contacto con el no-yo. De allí su rareza en estos días de intenso individualismo del Ego y su identificación con la forma -identificación necesaria en estos tiempos. A medida que se desarrolla el sentido del gusto en los planos superiores, se hacen distinciones más sutiles, hasta que finalmente se llega, a través de la forma, al corazón de nuestra propia naturaleza.

e. Olfato. Facultad de aguda percepción que oportunamente conduce al hombre a su fuente de origen, el plano arquetípico, hogar donde tiene su verdadera morada. Cultiva la facultad de percibir las diferencias, las cuales causan el divino descontento en el    corazón del Peregrino, en el lejano país. El hijo pródigo hace comparaciones, pues ha desarrollado ya los otros cuatro sentidos y los utiliza. Entonces adquiere la facultad del reconocimiento vibratorio, de la vibración de su hogar -si así puedo expresarlo. Es la equivalencia espiritual del sentido que, en el animal, en la paloma mensajera y en otras aves, permite que vuelvan inequívocamente al punto de partida. Es la aprehensión de la vibración del Yo VERÍDICO, nuestro estado de Ser auténtico, y el rápido retorno por medio de ese “instinto”, a la fuente de origen.

 

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el Punto en el Infinito

a. Oído. Éste es lógicamente, el primer sentido que se manifiesta.
El primer aspecto de la manifestación es el sonido, por lo tanto, es de esperar que el sonido sea lo primero que el hombre percibe en el plano físico, plano más denso de manifestación y donde los efectos del sonido, considerándolo como factor creador, son más marcados. El físico es preeminentemente el plano del oído y por lo tanto es el sentido atribuible al plano más inferior de la evolución y al de cada uno de los cinco planos. En el séptimo o plano inferior, el hombre debe llegar a conocer plenamente el efecto que produce la Palabra sagrada durante su pronunciación. A medida que repercute por todo el sistema, impulsa a la materia a que ocupe su lugar asignado, encontrando en el plano físico el grado más denso de materialización y su manifestación más concreta. La llave que el hombre ha de encontrar y hacer girar, se relaciona con el misterio de:

su propio sonido,
el sonido de su hermano,
el sonido de su grupo,
el sonido del Hombre celestial con el cual se halla vinculado,
el sonido del Logos o de la naturaleza, el del sistema solar y el del gran Hombre de los Cielos.

Por lo tanto, observamos que en el plano físico el hombre ha de encontrar su propia nota a pesar de la densidad de la forma:

En el plano físico descubre su propia nota.
En el astral encuentra la nota de su hermano; mediante la similitud de emoción llega a conocer la identidad de su hermano.
En el plano mental empieza a descubrir la nota de su grupo.
En el plano búdico, el plano de la sabiduría, comienza a descubrir la nota de su Logos planetario.
En el átmico o plano espiritual, la nota logoica comienza a resonar dentro de su conciencia.

El estudio del cuerpo etérico y del prana revelará los efectos de ciertos rayos del sol, a los cuales, por falta de una expresión más adecuada, denominaremos “emanaciones pránicas solares”.

Estas emanaciones son efecto del calor central del sol, cuando se acerca a otros cuerpos del sistema solar por uno de los tres canales principales de contacto, produciendo, en los cuerpos sobre los que ha hecho contacto, ciertos efectos diferentes a los producidos por otras emanaciones.

Dichos efectos podrían considerarse estimulantes y constructivos y, por su cualidad esencial, producen condiciones que activan el crecimiento de la materia celular; su adaptación concierne a las condiciones ambientales y, similarmente, a la salud interna (que se manifiesta como calor en el átomo y su consiguiente actividad) y a la evolución uniforme de la forma, de la cual ese átomo particular de materia es parte constitutiva.

Las emanaciones de prana ayudan poco en la construcción de formas porque eso no le corresponde, pero conservan la forma preservando la salud de sus partes componentes. Otros rayos del sol actúan de manera distinta sobre las formas y su sustancia. Algunos de esos rayos actúan como Destructores de la forma, otros realizan el trabajo de cohesión y atracción. La tarea del Destructor y del Preservador se efectúa bajo la Ley de Atracción y Repulsión.

Algunos rayos del sol aceleran el movimiento, otros lo retardan. Los rayos que ahora tratamos, “las emanaciones pránicas solares”, actúan dentro de los cuatro éteres: esa materia que, aunque física, no es aún visible objetivamente para el ojo humano. Dichas emanaciones constituyen la base de toda vida en el plano físico, considerada únicamente en relación con la vida de los átomos de materia del plano físico, su calor inherente y su movimiento giratorio. Estas emanaciones son la base del “fuego por fricción” que se manifiesta en la actividad de la materia.

Existe un vasto sistema de transmisión y de interdependencia dentro del sistema. Todos reciben para dar y ayudar a lo inferior o poco evolucionado. Este proceso puede observarse en todos los planos.

De esta manera el cuerpo etérico constituye el plano arquetípico, en relación con el cuerpo físico denso. El Pensador en su propio plano, se encuentra, con respecto al físico, en la misma relación en que el Logos se encuentra respecto a Su sistema. En forma sintética puede expresarse así: “El Pensador en el plano astral, el plano del deseo y de la necesidad, se encuentra respecto al cuerpo físico en la misma relación que el Logos del plano astral cósmico se encuentra en relación con Su sistema.”

A medida que avancemos en nuestro estudio, iremos observando las analogías en el cosmos, en el sistema y en los tres mundos, pues debemos tener presente que la analogía ha de ser perfecta.

El Hombre, el Microcosmos, la Mónada en manifestación, el Uno.
El Hombre celestial, el Logos planetario, el grupo manifestado.
El gran Hombre de los Cielos, el Macrocosmos, el Logos solar, la manifestación de todos los grupos y evoluciones dentro de Su cuerpo, el sistema solar.

Todos estos cuerpos -hombre, Logos planetario y Logos solar- son producto del deseo originado en los respectivos planos de la mente abstracta, ya sea la mente cósmica, del sistema o de los tres mundos, o deseo-mente cósmica, deseo-mente humana, y todos sus cuerpos son “Hijos de la necesidad”.

loto egoico

1. El Punto en el Centro.

La “joya en el loto”, para usar el término oriental antiguo, es el punto de vida por medio del cual la Mónada se ancla en el plano físico y por lo tanto el principio vida de todos los vehículos transitorios – desarrollados, no desarrollados o en proceso de desarrollo.

Este punto de vida contiene en sí todas las posibilidades, potencialidades, experiencias y actividades vibratorias. Personifica la voluntad de ser, la cualidad de atracción magnética (comúnmente denominada amor) y la inteligencia activa que lleva la vivencia y el amor a su máxima expresión.

La afirmación o definición antedicha es de gran importancia. Este punto en el centro constituye, en realidad, todo lo que ES y los otros tres aspectos de la vida – tal como han sido enumerados – son simples indicios de su existencia. Es aquello que puede retraerse a su Fuente de origen o recubrirse de una capa tras otra de sustancia; es la causa del retorno del así denominado Eterno Peregrino al Hogar del Padre, después de muchos eones de experiencia, y también aquello que permite experimentar y conduce a la eventual experiencia y a la expresión final. Además, es aquello que los otros tres aspectos defienden y los siete principios (manifestándose como vehículos) protegen. Existen siete de estos “puntos” o “joyas” que expresan la naturaleza séptuple de la conciencia, y son llevados cada uno a una expresión vital; los siete subrayos del rayo monádico dominante se manifiestan también en la misma forma, de manera que cada discípulo iniciado, a su debido tiempo, es un Hijo de Dios en plena y externa gloria.

Llega el momento en que el cuerpo etérico individual está sumergido o se pierde de vista en la luz que emana de estos siete puntos; está matizado por la luz de la “joya en el loto” situada en la cabeza, el loto de mil pétalos. Entonces los centros se relacionan entre sí mediante una línea de fuego viviente, y cada uno se expresa plenamente en forma divina.

Estos métodos de expresión son sólo frases simbólicas y exactas, dentro de ese simbolismo; sin embargo, al finalizar el proceso evolutivo cada uno de los centros del cuerpo etérico, sin excepción, son una vívida, vibrante y hermosa expresión de la energía básica que siempre ha tratado de utilizarlos, siendo no obstante energías consagradas a vivir la vida divina y no la vida material; son límpidas, puras y radiantes, y su punto céntrico de luz es de tal fulgor que el ojo físico del hombre apenas puede registrarlo. A esta altura debe recordarse que aunque hay siete puntos, uno en el centro de cada loto, sólo existen tres tipos de “joyas en el loto”, porque la Mónada expresa únicamente los tres aspectos mayores de la divinidad, los tres rayos mayores.

2. Las Energías Relacionadas. Esta expresión se refiere a lo que se denomina los “pétalos” del loto; no consideraré las diferenciaciones de las distintas energías; los escritores orientales y occidentales han puesto demasiado énfasis sobre ello; hay excesiva curiosidad por saber el número de pétalos de cualquier centro, su distribución, color y cualidad. Si esto les interesa, pueden indagar en los libros clásicos, pero recuerden que la exactitud de la información no puede ser probada, siendo su utilidad, por lo tanto, muy problemática. Escribo esto para los verdaderos estudiantes y para quienes tratan de vivir la vida del espíritu; la información que buscan los teóricos ha sido dada por mí y por muchos otros exponentes de los tecnicismos de la Sabiduría Eterna.

Quiero señalar que así como el punto en el centro es el punto de vida y el inmutable, perenne y ETERNO UNO, así las energías o pétalos relacionados indican el estado de conciencia que ese ETERNO UNO, en un punto determinado en tiempo y espacio, puede expresar.

Éste puede ser el estado de conciencia relativamente subdesarrollado del salvaje, la conciencia del hombre común, la conciencia altamente desarrollada del iniciado hasta el tercer grado o la percepción de mayor vibración del iniciado de grados más elevados. Ello siempre tiene que ver con la CONCIENCIA; sólo el punto en el centro tiene que ver con el aspecto vida o primer aspecto; los pétalos se refieren al aspecto conciencia o segundo aspecto, debiendo tenerse esto muy en cuenta.

El estado de conciencia se revela por el volumen, el color y la actividad de las energías que componen los pétalos del loto; su desarrollo y desenvolvimiento está condicionado por los rayos regentes, lo mismo que por la edad y la extensión de la expresión del alma. El alcance y la naturaleza del relativo “fulgor” está condicionado por el punto de enfoque en cualquier vida particular y por la tendencia de los pensamientos del alma encarnada; aquí debe recordarse que “la energía sigue al pensamiento”. El foco natural o punto de polarización puede ser definidamente contrarrestado por la línea de pensamiento del hombre, sea cual fuere, o porque vive consciente o inconscientemente la vida cotidiana. Un ejemplo de ello lo tenemos en el hecho de que el enfoque natural del discípulo puede ser el plexo solar, pero, debido a su pensamiento firme e invariable, la energía que maneja puede ser dirigida a uno de los centros que está arriba del diafragma, produciendo así un atrofiamiento temporario de ese centro que se halla debajo, con el consiguiente estímulo de aquello que está sobre esa línea divisoria. De esta manera se producen los cambios necesarios.

Cuando el ciclo de evolución llega a su término y el discípulo – iniciado se aproxima a su meta, las energías son vibrantes, están activas y en completo desarrollo; entonces son utilizadas conscientemente como aspectos esenciales del mecanismo de contacto del iniciado. Esto se olvida con frecuencia, pues el estudiante piensa exclusivamente en los centros como expresiones de su natural desarrollo, siendo ello de importancia secundaria. Los centros son, en realidad, puntos focales, mediante los cuales la energía puede ser distribuida y dirigida hábilmente, a fin de producir el impacto necesario sobre aquellos centros o individuos que el discípulo trata de ayudar. Dichos impactos pueden ser estimulados o vitalizados, según la necesidad, o premeditadamente destructivos, ayudando a liberar la sustancia o materia de quien se desea beneficiar.

Ha llegado el momento de que los estudiantes presten atención al servicio dado por los centros y de enfocar y emplear la energía para servir. Aquí se halla involucrado el conocimiento del número de pétalos que forman un centro, porque ello indica el número de energías disponibles para el servicio, es decir, dos, doce, dieciséis energías, etc. Poca atención se ha prestado a este punto tan importante que representa el empleo práctico del nuevo ocultismo en la Nueva Era venidera. Los símbolos orientales, frecuentemente sobrepuestos en las ilustraciones que representan los centros, deberían ser suprimidos, pues no son de verdadera utilidad para la mente occidental.

3. La Esfera de Radiación. Evidentemente concierne al radio de influencia o al efecto vibratorio externo de los centros, a medida que gradual y lentamente entran en actividad. Dichos centros o sus vibraciones son en realidad lo que crea o constituye el aura del ser humano, aunque esa aura se confunde frecuentemente con la de la salud. En vez de la palabra “frecuentemente” casi diría “generalmente”, pues sería más correcto. El cuerpo etérico manifiesta y condiciona el aura; se supone que demuestra lo que la personalidad es, emocional y mentalmente, indicando a su vez el control que ejerce el alma. Ésta no es una premisa falsa, y quisiera que la recuerden; sin embargo tiene poca importancia, pues el aura indica, en realidad, los centros del sujeto.

 

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