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visiones; nuestra esencialidad Atómica I

26  Y comiendo ellos, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dió á sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.

31   Entonces Jesús les dice: Todos vosotros seréis escandalizados en mí esta noche.

33  Y respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos sean escandalizados en ti, yo nunca seré escandalizado.   Y todos los discípulos dijeron lo mismo.

Para el pensamiento público es de gran valor la verdadera explicación respecto a la evolución del Ego, siendo muy grande el desarrollo gradual de su poder en la tierra.

El hombre puede considerar esta cuestión de dos formas, ambas proporcionarán tema para la meditación y merecen ser consideradas seriamente.

Han sido tratadas por los pensadores de muchas escuelas de pensamiento y, por ende, no necesitan una extensa elucidación. Puede considerarse que el problema exige del ente humano (actuando en el cuerpo físico) elevar su conciencia interna hasta los niveles superiores del plano mental, por lo tanto implica elevar o expandir su conciencia incipiente hasta llegar a ser consciente de esa vida superior. Tal es el camino del acercamiento místico; muchos ejemplos de esta realización pueden ser estudiados en la vida de los místicos de todas las épocas.

Por medio de la devoción pura, la dedicación intensa y una severa disciplina del cuerpo físico, el místico penetra en el centro cardíaco de su pequeño sistema y los rayos de su propio sol central irradian sobre su vida la luz divina egoica.

También podría decirse que el problema reside en que el hombre concentra su esfuerzo en hacer descender a la conciencia del cerebro físico -por consiguiente al plano físico- la vida, el poder y la energía del centro interno, el Ego. Ello significa necesariamente comprender en forma científica las leyes del ser y reconocer la naturaleza DUAL del Yo.

Implica dedicarse a la tarea de dominar los señores lunares por medio del radiante control del Señor solar. Tal es el método esotérico, por el cual se estudia la constitución de esas entidades que forman la cuádruple naturaleza interna, la personalidad, y se investigan profundamente esas Esencias divinas que construyen el cuerpo del Ego o Yo superior. A esto debe agregarse también la severa aplicación de las leyes de la naturaleza al problema individual.

La evolución de los pétalos. La construcción del cuerpo causal es el resultado de la energía dual, la energía del yo inferior con su acción refleja sobre la unidad superior y la natural energía del yo cuando impresiona directamente a la sustancia del loto egoico.

Debería recordarse aquí que, por sutil que sea el material, el loto egoico es en realidad sustancia que posee una vibración particular como la del cuerpo físico, sólo que (debido a su tenuidad) el hombre físico lo considera prácticamente como insustancial.

En efecto, como ya se ha indicado, es el resultado de la vibración dual de los Dhyanes quíntuples o Dioses en conjunción con el Cuaternario cuádruple o los Pitris de los vehículos inferiores.

Mediante el esfuerzo consciente de los Logos planetarios los Dhyanes y los Pitris inferiores entran en estrecha relación. Esto produce (en el tercer subplano del plano mental) una vibración nónuple o un verticilo en la materia gaseosa del plano -subplano gaseoso cósmico- que, después de cierto período de persistencia, asume la forma de un loto de nueve pétalos.

Dicho loto está cerrado en forma de capullo sobre el punto central o corazón del loto -esa chispa de fuego eléctrico que por su acción o vitalidad innata, actuando sobre la sustancia del loto, atrae hacia sí la suficiente cantidad de sustancia para formar tres pétalos internos y proteger a la chispa central, siendo sin embargo de la misma sustancia o esencia que los otros nueve pétalos.

El estudiante debe cuidar de no materializar demasiado su concepto; por lo tanto seria conveniente que considere este tema desde otros ángulos y emplee otros términos para expresar la misma idea. Por ejemplo, el cuerpo egoico podría ser visto IMAGINATIVAMENTE de las cuatro maneras siguientes: Seguimos en comentarios.

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apertura reconocimiento al veridico Ser

La ausencia de perspicacia, facilita que los engaños triunfen y prosperen, quedando ENCUBIERTOS las causas e intereses.

33   Y con muchas parábolas semejantes les hablaba la palabra, conforme ellos podían oír. 34   Y sin parábola no les hablaba, mas a sus discípulos en privado les aclaraba todas las cosas.

35  Y aquel día, cuando cayó la tarde, les dijo: Pasemos al otro lado.

En resumen y por lo tanto, en la situación actual, cada uno de nosotros y también como conjunto, tendremos que darnos cuenta, e inferir cuál es nuestra verdadera posición, en donde nos encontramos, y A QUE NOS ENFRENTAMOS, y ser capaces de actuar o ser acordes, en concecuencia.

Estas observaciones preliminares tienen por objeto presentar una síntesis del conjunto. Las palabras limitan y oscurecen las ideas; textualmente velan u ocultan el pensamiento, restándole claridad al expresarlo en forma confusa. La tarea que desempeñan el segundo y tercer Logos (objetivar el Espíritu esencial) es comprendida mas fácilmente, por medio de un amplio delineamiento, que la tarea más esotérica efectuada por el primer Logos, la voluntad animadora.

En términos de fuego, quizá pueda elucidarse otro punto de vista.

El tercer Logos es fuego de la materia. Arde por fricción, adquiere velocidad y acelera la vibración debido a la rotación de las esferas, cuya interacción produce fricción.

El segundo Logos es fuego solar; la fusión del fuego de la materia y el fuego eléctrico del Espíritu que en tiempo y espacio produce ese fuego denominado solar. Constituye la cualidad de la llama o llama esencial, producida por la fusión. Puede verse su analogía en el fuego irradiante de la materia y en la emanación, por ejemplo, del Sol central, de un planeta o de un ser humano, denominada magnetismo, en este último. La emanación o vibración característica del hombre es el resultado de la fusión del Espíritu y la materia, y de la relativa adaptación de la materia o forma, a la vida interna. El sistema solar objetivo o Sol manifestado, es el resultado de la fusión del Espíritu (fuego eléctrico) con la materia (fuego por fricción); las emanaciones del Hijo dependen en tiempo y espacio, del grado de adaptación de la materia y de la forma a la vida interna.

El primer Logos es fuego eléctrico, fuego del Espíritu puro. Sin embargo, en la manifestación es el Hijo, porque al unirse con la materia (la madre), el Hijo es creado por Aquel que Lo conoce. “Yo y mi Padre somos Uno” es la afirmación más esotérica de la Biblia cristiana, que no sólo se refiere a la unión del hombre con su fuente, la Mónada, por conducto del Ego, sino también a la unión de toda vida con su fuente, el aspecto Voluntad, el primer Logos.

Ahora procuraremos mantenernos estrictamente dentro del tema del fuego de la materia y su efecto activo sobre las envolturas, de las cuales es el factor animador, y sobre los centros que están primordialmente bajo su control.

Como ya se ha dicho, y es generalmente aceptado, el efecto del calor en la materia produce la actividad denominada giratoria o rotatoria de las esferas. Ciertos libros antiguos, algunos de los cuales no son todavía accesibles en Occidente, enseñan que toda la bóveda celeste es una vasta esfera que al girar lentamente arrastra, cual inmensa rueda, el sin fin de constelaciones y universos contenidos en ella. Ésta es una afirmación imposible de ser comprobada por la mente finita del hombre en su condición actual o con los elementos científicos de que dispone; pero, al igual que toda afirmación ocultista, lleva en sí la simiente de la idea, el germen de la verdad y un indicio para descubrir el misterio del universo.

Baste decir aquí que la rotación de las esferas, dentro de la periferia solar, es un hecho esotérico aceptado, y hay datos disponibles que prueban la hipótesis formulada por la misma ciencia, de que el “círculo no se pasa” solar gira también entre las constelaciones en el lugar designado. Pero ahora no trataremos este aspecto del tema, sino que estudiaremos la acción giratoria de las esferas del sistema y su contenido -las esferas menores que pertenecen a todos los grados- recordando siempre que tratamos únicamente de las características inherentes a la materia misma y no de la materia en colaboración con su opuesto, el Espíritu, cuya colaboración produce el movimiento cíclico en espiral.

Hombre espiritual es aquel que, habiendo sido a la vez hombre mundano y estudiante ocultista, ha llegado a la conclusión que detrás de todas esas causas con las cuales se ha ocupado hasta ahora, existe una CAUSA; esta unidad causal se convierte entonces en la meta de su investigación. Tal es el misterio que reside en todos los misterios; tal es el secreto velado por todo lo que hasta ahora se conoce y concibe; tal es el corazón de lo Desconocido que mantiene oculto el propósito y la clave de todo lo que EXISTE, y que sólo es puesto en manos de esos excelsos Seres que -habiéndose abierto camino a través de la múltiple trama de la vida- Se reconocen, en realidad, como Atma o Espíritu mismo, y como verdaderas chispas de la gran Llama.

Tres veces surge el llamado a todos los peregrinos que se hallan en el Sendero de la Vida: “Conócete a ti mismo” es el primer gran mandato, y largo es el proceso para lograr ese conocimiento. Luego viene “Conoce el Yo”, y cuando se ha logrado, el hombre no sólo se conoce a sí mismo sino a todos los yoes; el alma del universo ya no es para él el libro sellado de la vida sino el libro con los siete sellos rasgados. Después, cuando el hombre ya es un adepto, surge el llamado “Conoce al Uno” y las palabras reverberan en los oídos de! adepto: “Busca aquello que es la Causa responsable, y habiendo conocido al alma y su expresión, la forma, busca AQUELLO que el alma revela.”

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