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Espíritu, voluntad; sanacion universal

Los Rayos o emanaciones procedentes de lo que llamamos Espíritu, seguramente resultan omnipresentes, y lo que dicen “materia” se encuentra constituido por las propias e inherentes substancias universales. Considero que captar y desarrollar ésto es valioso.

Comprendemos así, que nuestra “conciencia” puede aprender a impulsar a nuestras esencialidades que denominamos “cuánticas”, en sentidos objetivos cualitativos de inteligencia y responsabilidad. Consideramos que aprender ésto, poco o nada tiene que ver con ideologias, o con las “formaciones mentales”, o egregores, pues podemos realizar la apertura a las propias “cualidades búdicas” que algunos denominan cuerpos integrados en los bodhisattvas, seguramente sensores rectores de inteligencia y voluntad.

El género humano ha tenido mucha dificultad en compren­der la significación del Amor. Si esto es así, su problema en relación con la Voluntad será lógicamente aún más difícil. Para la vasta mayoría de los hombres el verdadero amor constituye sólo una teoría. El amor (como generalmente lo interpretamos) se expresa como bondad, pero es una bondad hacia el aspecto forma de la vida y de las personalidades que están a nuestro alrededor, y se satisface a sí mismo a menudo mediante el deseo de cumplir con nuestras obligaciones, y sin obstruir en forma alguna esas actividades y relaciones que tienden al bienestar de nuestros semejantes. Se expresa por el deseo de terminar con los abusos y lograr mundialmente condiciones materiales más felices; se demuestra en amor materno y entre amigos, pero raras veces como amor entre grupos y naciones. El amor es el tema de la enseñanza cristiana, así como la voluntad divinamente expresada constituirá el tema de la futura religión mundial, siendo el impulso que subyace en gran parte del buen trabajo realizado en los campos de la filan­tropía y del bienestar humano, pero, en realidad, el amor no ha sido nunca expresado -excepto por el Cristo.

Si esto es así quizás me preguntarán, ¿ por qué hago tanto hin­capié sobre este superior aspecto divino? ¿ Por qué no esperar hasta que sepamos algo más sobre el amor y cómo manifestarlo en nuestro medio ambiente? Porque, en su verdadera expresión, la Voluntad es necesaria hoy como fuerza propulsora y expulsora, y como agente clarificador y purificador.

La Voluntad que condiciona el aspecto vida.

La Voluntad que trae el cumplimiento de correctas relaciones humanas.

La Voluntad que, finalmente, conquista a la muerte.

Estos tres aspectos están relacionados con las tres expresiones divinas de espíritu, alma y cuerpo, o vida, conciencia y forma, o vida, cualidad y apariencia. Este aspecto de la expresión de la vida del Cristo nunca ha sido debidamente estudiado, sin embar­go, aunque sea una pequeña captación y comprensión de ese as­pecto, ayudaría a la humanidad a hacer retroceder el mal (indi­vidual. grupal y planetario) al lugar de donde vino y también a liberar a la humanidad del terror que ahora acecha en todas partes, desafiando a Dios y al hombre.

En estas pocas palabras he tratado de dar una idea de una vasta comprensión subjetiva. Lo que insinúo es en realidad el objetivo de ese “interminable Camino del cual el Nirvana es la puerta abierta” -el Camino que conduce a la evolución superior.

Concierne al espíritu y no al alma. Trata de for­mular en cierta medida la vida del Padre, la voluntad de la Mó­nada y el propósito del Espíritu. En éstos (los tres aspectos de la voluntad) está germinando la simiente del próximo sistema solar, el tercero, y la fructificación de la Manifestación de la Per­sonalidad del Logos. Por lo tanto, es necesario interpretar los siete rayos en términos de voluntad y no de amor o conciencia. Esto es lo que trataremos de hacer ahora.

1er. RAYO. – La energía de Voluntad o Poder. Este rayo está destacadamente relacionado con ese aspecto de la voluntad que conquista a la muerte, sin embargo, es el Rayo del Destructor. Sobre esto les recordaré que la actitud humana de que la muer­te es el destructor, presenta un punto de vista limitado y erró­neo. El primer rayo destruye a la muerte, porque en realidad no existe tal cosa; ese concepto es parte de la Gran Ilusión, una limitación de la conciencia humana, y está básicamen­te relacionado con el cerebro y no con el corazón, por ex­traño que parezca. Es, en un verdadero sentido, “una ficción de la imaginación”. Cavilen sobre esto. La abolición de la muerte y la destrucción de la forma es una manifes­tación de primer rayo, que en realidad trae la muerte de la negación e inaugura la verdadera actividad. Es la ener­gía que puede ser llamada “incentivo divino”; es la vida que reside en la simiente, que destruye sucesivamente to­das las formas, a fin de que pueda efectuarse la fructifi­cación final. Ésta es la clave del primer Rayo. Es la Voluntad de Iniciar.

Hoy, en lo que a la humanidad concierne, su más elevada realización es la iniciación.

caos

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